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Bullrich envía guiños al círculo rojo y tensa con los hermanos Milei

Con gestos de autonomía y cuestionamientos al programa económico, Patricia Bullrich tira la cuerda al máximo en su relación con la Casa Rosada. La senadora marca agenda propia mientras el círculo rojo la imagina como opción de recambio. Analistas y armadores advierten sobre el altísimo costo político de una ruptura. El espejo de Victoria Villarruel.

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La imagen muestra a Patricia Bullrich, senadora y jefa de la bancada de La Libertad Avanza en el Senado, saliendo de la Casa Rosada en Buenos Aires.

El vínculo entre Patricia Bullrich y Javier Milei no se rompe de milagro. Con gestos híper calculados, la jefa de la bancada de La Libertad Avanza en el Senado no deja de marcar distancias con el núcleo duro de la Casa Rosada, con episodios que alimentan las especulaciones electorales. Detrás del entusiasmo de un sector del poder económico y político que sueña con verla en el sillón de Rivadavia, está la realidad: los analistas y armadores advierten que ni es tan fácil la operación de ruptura ni es gratis. Tiene un costo altísimo, con pronóstico reservado.

El cruce diplomático tras el triunfo de Lula da Silva en Brasil fue el último capítulo de una serie de desaires de Bullrich. Mientras Balcarce 50 optó por el silencio, “Pato” remarcó en sus redes sociales que “la gente decide en las urnas y su voluntad se respeta”, buscando un punto de equilibrio entre las oportunidades de cooperación estratégica y su reconocida afinidad con la ultraderecha que encabeza Flávio Bolsonaro.

Este gesto se suma a reclamos de fondo sobre el rumbo del gobierno que comenzaron meses atrás cuando la exministra le exigió al vocero Manuel Adorni la presentación de su declaración jurada. Ahora Bullrich reclamó –también hacia afuera– mejoras en los ingresos de las familias y ajustes en el programa económico por las dificultades concretas que atraviesan el consumo y la construcción. Para la senadora, la acumulación de reservas no alcanza para garantizar la estabilidad política, un planteo que trasladó a una mesa de discusión directa con el Presidente en la Quinta de Olivos. Antes había cuestionado las expresiones de Milei sobre “quemar periodistas en una hoguera” durante la cena de la Fundación Faro, que incluyeron gestos explícitos de diferenciación ante la mirada de los empresarios presentes. 

En el círculo rojo el nombre de Patricia Bullrich suena con fuerza como una variante de cambio ante el desgaste de Milei. Pero los armadores políticos también advierten acerca de los riesgos que tendría ese movimiento.

Frente a la pregunta sobre qué busca la exministra con esta seguidilla de movimientos, sus exsocios del PRO señalan su edad biológica como un elemento clave a la hora de interpretar sus decisiones. “Fijate en Wikipedia la edad que tiene, cumplió en junio”, advierte un dirigente que compartió años de militancia y gestión con ella. 

Desde ese mismo entorno aseguran que en las usinas del poder económico nacional su nombre siempre suena con fuerza como una variante de cambio. “Hoy al círculo rojo le gustaría que sea Patricia la candidata del oficialismo en vez de Milei, igual que le gustaría que sea Sergio Massa en vez de Kicillof, o Hadad o Brito en vez de cualquier otro”, confió a 4Palabras un referente con llegada directa a los despachos del empresariado.

Desde esa misma perspectiva, justifican el pragmatismo que genera la figura de la senadora frente a la polarización que domina la escena nacional. “Hoy una elección entre Milei y Kicillof la puede ganar cualquiera de los dos. Depende de un montón de cosas. Tanto Milei como Kicillof son ‘pollo o pasta’, dos cosas que la gente no quiere, y a todos les gustaría tener una propuesta mejor en esos extremos”, grafica la misma fuente. En ese sentido, remarca la lectura que circula en el ámbito sindical y corporativo: “Patricia es una solución para el círculo rojo porque es una mina del sistema, una mina que se va a sentar con todos, incluso con los gremios, y va a arreglar el tema. Es una mina que ladra un poquito, pero no muerde, nunca mordió”.

Sin embargo, las especulaciones chocan de frente con la arquitectura electoral. Cambiar un candidato por otro en pleno ejercicio del poder es una jugada muy riesgosa. Aunque las encuestas dan cuenta de un escenario competitivo si Bullrich encabeza la boleta, ese movimiento significaría que Milei no puede aspirar a la reelección porque su gestión atraviesa un deterioro severo y eso “se la llevaría puesta” también a ella. 

También se suma el costo político. La traición paga mal. Un nuevo salto –al estilo Bullrich– se lo cobraría de inmediato un sector del electorado libertario. El caso de la vicepresidenta Victoria Villarruel –que hoy tiene los mayores niveles de imagen negativo en todas las encuestas– funciona en los pasillos de la política como un caso testigo de los riesgos que implica alejarse del núcleo duro. Frente a ese espejo, Bullrich prefiere mantenerse con un pie adentro, marcando su propia agenda y diferenciándose en las formas, pero sin romper con la estructura oficialista.

 

4Palabras

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