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Picada cultural: los compañeros de un trabajador apodado Lula

Desde los suburbios obreros donde Coutinho rescata la memoria de las luchas populares brasileñas hasta las nuevas ficciones que ponen el foco en las estafas financieras, las pantallas de noviembre se convierten en una trinchera. Un recorrido por las historias que exigen no mirar para otro lado.

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La imagen muestra a un joven Luiz Inácio Lula da Silva (de aproximadamente 33 años) fumando y vistiendo una camisa de lunares/bolitas durante las históricas huelgas de metalúrgicos del ABC Paulista en Brasil, en el año 1979.

La cámara avanza desde un auto por los suburbios de Várzea Alegre, estado de Ceará, en el nordeste de Brasil. Se detiene en una de las tantas casas de techos bajos y tapialitos amarillos. En las vísperas de que Luiz Ignacio “Lula” Da Silva se convirtiera por primera vez en presidente de Brasil en 2002, el cineasta Eduardo Coutinho comenzó a filmar Peões (Peones), en la que salió en busca de aquellos obreros metalúrgicos que protagonizaron las grandes huelgas de 1979 y 1980 en San Pablo, que luego dieron origen al Partido de los Trabajadores.

No son los grandes referentes, sino aquellos operarios de base de la Volkswagen, que fueron parte de las manifestaciones. De esas tantas personas que “no están en Google”; y que eran las preferidas por la lente y el oído del director. 

Nacido en San Pablo en 1933 y fallecido en Río de Janeiro en 2014, Coutinho es considerado el documentalista más influyente de la historia del cine brasileño. Su potencia estaba en la entrevista, o mejor, en la “conversa” –como él decía–, en ese diálogo atento y despojado, esquivo a toda solemnidad. Esas charlas que requieren horas hasta borrar la distancia que impone la cámara.

En Peones, recorre las periferias, los barrios obreros. Logra contactar con casi doscientos trabajadores. Que tienen las caras curtidas, los cuerpos lesionados, los ojos esperanzados. 

“Esos años fueron un gran aprendizaje”, dice una de ellas. “Antes era puro sufrimiento, porque cuando comenzamos los metalúrgicos éramos tratados como esclavos y teníamos miedo”, dice otro. “Todo lo que pasó importante en mi vida fue en San Bernardo do Campo”, asegura un tercero. 

El año 1959 marcó el nacimiento de la industria automovilística en San Pablo; pero poco tiempo después, en 1964, un golpe de Estado dio inicio a una dictadura que se prolongó 21 años, con sindicatos intervenidos y dirigentes perseguidos. En 1979, los metalúrgicos del Gran ABC realizaron una huelga general, el primer movimiento de masas de la clase trabajadora desde 1964. Lula lideró a 140 mil trabajadores y trabajadoras. Las imágenes de archivo lo muestran llevado en andas, mientras sus compañeros lo aclaman. “El pueblo unido jamás será vencido”, cantan. Con un cigarrillo entre sus dedos, Lula los arenga, muestra su capacidad de liderazgo y movilización.

Más de tres décadas más tarde, los obreros miran y recuerdan los discursos de Lula en la lucha, comentan, debaten, trazan una memoria colectiva mientras las fotografías pasan de mano en mano. Recuperan los nombres de los compañeros, se buscan en las fotografías, en las imágenes audiovisuales, que rebobinan y detienen hasta encontrar esos rostros -los suyos, los de sus compañeros– más jóvenes. Son una ola creciente que pone límite a la represión de la dictadura y que pelea por sus derechos. En el documental, algunos de ellos vuelven a visitar esas explanadas donde se realizaron las manifestaciones. Los testimonios pasan de las risas a la emoción.

En los archivos aparece un Lula joven, de pelo y barba renegrida, con una camisa psicodélica, muy brasileña, muy setentosa. Fuma, piensa, respira. Se escucha el clamor de las multitudes. Camina, le abren paso, toma el micrófono, habla a sus compañeros.

Pero Coutinho no habla nunca con Lula ni con los grandes referentes del PT, va al encuentro de los operarios, de aquellos huelguistas junto a los que Lula fue forjando su liderazgo. Son ellos quienes hablan con orgullo de su compañero: el futuro y –el actual– presidente. 

Muchos hablan de las condiciones de trabajo insalubres. Ponen un ejemplo coincidente: el accidente laboral que sufrió el propio Lula. Esos “nuevededos” que intentaron ser un insulto en la boca del escapista Flavio Bolsonaro. Y que se convirtieron en un bumerán perfecto para actualizar una lucha legendaria. 

 

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Como establecen las convenciones temporales, las distintas plataformas de streaming anunciaron las novedades para el mes que arranca mañana. Sí, ya estamos por entrar a noviembre e incluso hay gente precavida (y con bolsillo holgado) que reserva su pan dulce. El plato fuerte para las conversaciones de sobremesa o en las oficinas llegará a Netflix hacia mediados de mes, para ser más precisos el 18 de noviembre, con el lanzamiento de Gordon. Está dirigida por Pablo Trapero –Mundo grúa, El bonaerense– junto a Pablo Fendrik, de quien nos habían gustado sus primeras películas El asaltante y La sangre brota. 

La serie tiene a Rodrigo de la Serna en la piel de Aníbal Gordon, quien tuvo un paso vertiginoso del hampa común al hampa parapolicial y los servicios de inteligencia, vinculado primero a la Triple A y luego a la maquinaria del terrorismo de Estado. Responsable, entre otros crímenes, de los asesinatos de Silvio Frondizi y Rodolfo Ortega Peña.

Producida por Adrián Suar e inspirada en la investigación periodística de Marcelo Larraquy –quien además participó en la escritura de los guiones–, cuenta con las actuaciones de Matías Recalt, Camila Peralta y Matías Mayer. Veremos cómo reactualiza ciertos diálogos y las tensiones que abre en el presente.

El 19 de noviembre, la misma plataforma abordará las estafas financieras del siglo XXI con Los altruistas. A lo largo de ocho episodios, la serie reconstruye el ascenso y la caída de Sam Bankman-Fried y Caroline Ellison, interpretados por Anthony Boyle y Julia Garner. Se trata de dos jóvenes que prometían revolucionar el universo de las finanzas y terminaron protagonizando un colapso multimillonario que evaporó 8.000 millones de dólares, condensando un retrato sobre estos hermosos tiempos de algoritmos y monedas virtuales.

Los amigos de Mubi presentan la serie The Curse. Creada por Nathan Fielder y Benny Safdie, la producción reúne a Emma Stone y al propio Fielder como un matrimonio empeñado en construir viviendas sustentables en una modesta localidad de Nuevo México mientras filman un reality show conducido por un productor de moral resbaladiza. La obra se mueve entre la sátira mordaz, la vergüenza ajena deliberada y el contrapunto de una supuesta maldición local. Fielder es también el director del documental Puedes verlo todo (You Can See Everything), que viene pisando fuerte y llegará a las salas argentinas a fines de noviembre.

Por el lado del cine de autor, Netflix sumará Un amor posible el 6 de noviembre. Se trata del regreso del realizador surcoreano Lee Chang-dong luego de la elogiada Burning. Galardonada con el Gran Premio del Jurado en Venecia y elegida por su país para competir en los Oscar, indaga durante casi tres horas –¡cómo se abusan del tiempo del espectador en el cine actual!– en el resquebrajamiento de dos matrimonios a partir de una atracción inesperada que altera el orden cotidiano. 

Ese mismo día, Mubi entregará una pieza de valor para los cinéfilos: Making Marie Antoinette. Es un documental concebido a partir de las ochenta horas de material inédito que Eleanor Coppola registró en 2005 durante el rodaje de la película de su hija Sofia Coppola en el Palacio de Versalles. Luego de la muerte de Eleanor, Sofia dio forma a este rescate que documenta el proceso creativo por dentro.

Una obra que esperamos es El deshielo, de la directora chilena Manuela Martelli (responsable de la recomendable 1976 y actriz de la gran Machuca), que llega a Mubi el 13 de noviembre. Ambientada en la cordillera durante los años de la transición democrática, aborda la desaparición de una joven en un hotel aislado y el modo en que ese hecho va desenterrando los secretos no dichos de la dictadura. 

Mientras que Apple TV incorporará el largometraje Being Heumann, que reconstruye la gesta de Judy Heumann y el grupo de activistas que en 1977 ocupó el Edificio Federal de San Francisco durante casi un mes para garantizar el cumplimiento efectivo de las leyes de accesibilidad e inclusión. Heumann es una referencia clave en el mundo occidental de la lucha por los derechos de las personas con discapacidad.

 

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Entre la memoria obrera que recupera Coutinho en los suburbios brasileños y el mosaico de estrenos que asoman en el horizonte, la pantalla vuelve a confirmarse como ese territorio donde la historia se disputa una y otra vez. Ya sea reconstruyendo las luchas populares o exponiendo las contradicciones, estafas y dilemas de nuestro presente, el arte insiste en interpelar(nos). La invitación está hecha y la conversación colectiva, como siempre, apenas empieza. A la espera de vuestros comentarios, nos volveremos a encontrar la semana próxima. En las vísperas de un nuevo superclásico, un abrazo de gol de este redactor.

 

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