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Protestas en Francia: “el problema es que el gobierno no escucha, estamos en un callejón sin salida”

En diálogo con 4Palabras Raúl Maio, periodista argentino y miembro de la ACAF (Asamblea de Ciudadanos Argentinos en Francia), residente en el país galo desde hace cuarenta años, relata y analiza las recientes protestas protagonizadas especialmente por jóvenes en las calles de París.

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La imagen muestra una manifestación de estudiantes y jóvenes en Francia, parte de las protestas sociales en el país por la crisis económica, el alto costo de la vida y el deterioro de la educación pública.

¿Cuál es el origen, los motivos de las protestas, quién las promueve?¿Son realmente espontáneas?

Acá espontánea es esta última chispa. Todo esto viene acumulándose durante más de diez años de neoliberalismo, donde la política fue la misma: la destrucción del Estado y una transposición de recursos enormes hacia los sectores más pudientes. Eso quiere decir que hubo muchos sectores desfavorecidos. Para empezar hay que entender que acá el francés está muy atado a lo que es su república social, al derecho al bienestar, a la sociedad del bienestar.

Eso tiene varios ejes que son fundamentales: la salud y la educación. Fueron sectores muy tocados. Y junto con eso el sector del trabajo. En estos últimos diez años se cambiaron las leyes de trabajo, las jubilaciones, los empleos, etc. Hubo muchas manifestaciones y muchas reivindicaciones no aceptadas por este gobierno durante estos últimos diez años. 

Sabíamos que iba a haber una convulsión que iba a ser grande. Era un hecho anunciado, que uno podía imaginar. Lo que faltaba saber era cómo empezaba esto. 

 

Pero ¿cómo y cuál sería el último motivo, el detonante?

Tomemos un ejemplo.  El “chaleco amarillo” llega, al principio, por una cosa que a cualquier argentino le puede parecer medio absurda: un aumento del 5% del precio de la nafta. En Argentina, un 5% no mueve más que una banda de treinta pibes. Acá fueron cientos de miles de jóvenes y no tan jóvenes, en toda Francia, que ocuparon rotondas, cruces de ruta, y en ciertos momentos ocuparon los centros de las ciudades durante casi dos años. Hackeó al gobierno. Eso se pierde con el COVID, eso se para. Pero la bronca no. Porque era el 5% ero también estaba todo lo que venía atrás. Los puestos de trabajo que se pierden, las empresas que cierran, la precariedad en muchos lados. Acá lo único que hubo de espontáneo, fue esa chispa que nadie entendió, nadie la vio venir, fue la de los estudiantes. 

Los estudiantes empiezan sus movilizacones en el mes de julio en las islas del Caribe, que son también francesas, Martinica y Guadalupe. Y después se trasladó para acá. 

 

¿Cuáles eran las reivindicaciones?

Las reivindicaciones de los pibes eran simples, eran claras. Eso es desde hace años. Mi compañera es profesora. Como yo, está jubilada. Pero hace años que observa las mismas reivindicaciones para los profesores y para los pibes. La primera es que los establecimientos educativos tengan un acondicionamiento más o menos correcto y no que se esté cayendo a pedazos. Hay lugares donde se ven las ratas pasar, que tienen problemas de aireación, son demasiado fríos en invierno y son un horno en verano. Ese tipo de cosas los chicos las piden en todos lados.

También –una cosa fundamental– es que haya más profesores para no sobrepasar la barrera de 30 chicos por clase. En estos momentos, las tres cuartas partes del liceo tienen más de 30 pibes y un tercio llega a 35 chicos. Y faltan profesores. Cuando hay un profesor que no viene, quizá no tiene un reemplazo durante tres meses. Esa era la segunda reivindicación.

Y la tercera era el ingreso a la facultad que tiene que pasar por un logiciel, un programa que se llama Parcoursup. Allí los chicos tienen que cargar todos sus resultados, todo su recorrido de estudiante secundario, y poner una lista de facultades en las cuales querría entrar. Tiene un límite de 10 o 12, pero no sabés si vas a entrar. Es el logiciel que te va a dar el lugar. 

Es muy aleatorio y es muy selectivo al mismo tiempo. Aleatorio en el sentido de que vos podés ser un excelente alumno, pero no vas a entrar en las tres primeras facultades en las que más querías estar. Vas a entrar en una, pero no sabes cuál. Los chicos piden que eso se anule. Que sea la lógica más clara, de acuerdo a lo que vos querés hacer, de acuerdo a tu resultado, que sea eso.

Lo lógico, lo original, es que acá las protestas nunca empezaron en los liceos. Jamás. Siempre han sido los estudiantes de universidad quienes lo hicieron por sus reivindicaciones, en algunas de las cuales los chicos entran. Pero en este caso no, es por inversa. 

El 20 de septiembre empezó esto con bloqueos de liceos y con manifestaciones. Al poco tiempo –digamos 15 días, 20 días– se empiezan a sumar las universidades. Y ahí se empieza a hacer pesado. Porque cuando se juntan las dos cosas, hay un movimiento social más de fondo, que son reivindicaciones generales de la sociedad francesa: las salariales de las EGT, las reivindicaciones de los jubilados con respecto a jubilaciones que están paradas desde hace 5, 6, 7 o 10 años cuando teóricamente tendrían que ser ajustadas de acuerdo a la inflación. Yo estoy jubilado hace 7 años. Hace 7 años cobro exactamente lo mismo. 

Después están los profesores, la salud, etc. Se fue haciendo un cúmulo. Pero este cúmulo tuvo la particularidad de ser centralizado. El eje fundamental fueron los estudiantes y con los estudiantes empezaron a entrar el resto. Acá el gobierno jugó a dos o tres puntas, y lo único que hizo fue echarle más leña al fuego. Echaron nafta al fuego al desautorizar, o descalificar más bien, las manifestaciones de estudiantes, considerando que estaban siendo utilizados por alguna fuerza política.

 

¿Qué fuerza política fue señalada?

Más precisamente, por la izquierda, que acá la llaman extrema izquierda, que es la Francia Insumisa, que naturalmente es un movimiento político.  Decían que estaban usando a los pibes. A los pibes no los usa nadie. Al contrario, la Francia Insumisa se puede poner a su disposición. Pero los chicos no están a disposición de la Francia Insumisa.

Ese fue el primer eje que toma como respuesta el gobierno. 

El segundo es la represión. La represión no fue joda. Como padre o como abuelo –yo soy abuelo de chicos que están en la escuela secundaria– te volvés loco pensando que a pibes que tienen entre 15 y 18 años, porque están en la puerta de su escuela haciendo un bloqueo, cantando, y que en una de esas quemaron un tarro de basura para que el colectivo no pase, vienen los milicos y los golpean. Y los golpean feo, muy feo. Ahí la bronca se levantó mucho más.

Esto sigue, porque después empezaron los sindicatos. Y a partir de que los sindicatos entran también en esto, llegamos a esta famosa manifestación del 17 de octubre, que fue muy masiva, muy masiva. Estas últimas manifestaciones se calculan en más o menos 800.000 personas. Pero en esta del 17 de octubre pasó lo que antes no había ocurrido tanto: hubo muchos saqueos, violencias, enfrentamientos mucho más violentos con la policía. 

 

¿Por qué? ¿Cuál fue el motivo?

Acá hay dos historias. La primera es la del 95% de la manifestación. Una manifestación realmente como estaba preparada y programada, es decir, con compañeros, con familia, con gente, con pancartas, con consignas, con canciones, y con mucha alegría de estar representando realmente algo que la sociedad francesa lleva en sí: un mejor vivir, pero que sea justo para todos.

Y por el otro lado, uno empezó a ver o a escuchar que había conflictos en algunos lados. Cuando llegué acá, de vuelta a mi casa, yo estaba con mi compañera y mi nieto estaba en la manifestación. Nosotros empezamos a ver que hubo conflictos por todos lados. Pero realmente conflictos grandes, entre los saqueos, los incendios, los robos, etc., etc., y los golpes. Hubo realmente grupos de vándalos que aprovecharon esta situación. En todas las grandes manifestaciones siempre hay algún grupo que trata de aprovechar esa situación para crear lo que ellos consideran una elevación del nivel de violencia. 

 

¿Son vándalos? ¿Son infiltrados? ¿Qué son? 

Es muy difícil responder esa pregunta. Estoy acá hace más de 40 años. Y estos grupos existieron siempre, pero en estos últimos 20 o 25 años están mucho más organizados. Los llaman los Black Blocs, porque se visten todos de negro y aparecen al principio o al final de una manifestación y pegan un gran golpe: queman algo, o hacen algo que trascienda, que naturalmente los ponga más en evidencia frente a los medios. Lo hacen como para representar esos golpes de violencia.

Es un grupo normalmente tildado de extrema o ultra izquierda. Pero ese es un punto de interrogación. En un país con tantos sistemas de policía, de vigilancia, de control, resulta un poco extraño que durante más de 25 años estos grupos puedan todavía seguir actuando y que todavía no se sepa perfectamente ni quiénes son, ni a quiénes responden y cómo. Aparte ellos atacan en general a algunas estructuras de poder, por ejemplo, un banco, una compañía de seguro, pueden atacar un comisariado. Ese es el tipo de cosas que hacen más seguido. Lo que no hacen tan seguido es atacar un supermercado o un almacén. O a un tipo que te está vendiendo un teléfono. 

En el último tiempo también hubo mucha gente que se subió a la protesta para el saqueo. El problema de esto es que esto desnaturalizó completamente la protesta ante la opinión pública francesa. 

 

¿Jugó en ese caso el sistema de medios?

Acá los medios son bastante homogéneos, es un monopolio muy grande. La única información o el 99% de la información sobre esta manifestación, se ocupó en las violencias, los golpes, los saqueos y el enfrentamiento con la policía, las detenciones y al mismo tiempo los heridos. No es joda. Acá hubo dos chicos que perdieron un ojo, dos que perdieron una mano, uno que perdió dos dedos, otra nena que perdió los dientes y hay una persona que está muerta. Esto es del lado de los manifestantes. Y hay varios cientos de policías heridos, no sé cuántos en los hospitales. El problema es que este gobierno no escucha las reivindicaciones, estamos en un callejón sin salida. Esto no se resuelve. En este momento y de esta manera no se resuelve.

El gobierno jugó a esta carta de la violencia pensando que frente a la acción de  la policía y una probable desunión de los  manifestantes, todo se perdería con el tiempo. Esto no se va a perder. Estamos a seis meses de una elección. El futuro de Francia depende enormemente de esta elección. En esta elección seguro que habrá segunda vuelta y allí estará la extrema derecha. Y muy probablemente también esté el único partido de izquierda que presente un proyecto político, social y económico, válido, que es aceptado por una gran parte de la juventud. 

Era hermoso ver en esas manifestaciones la gente que vitoreaba a este partido y que al mismo tiempo cantaban canciones antipartidistas. Eso quiere decir que hay un impulso, hay una diligencia, hay un proyecto y al mismo tiempo está la gente. Esos dos proyectos se van a encontrar en segunda vuelta.

 

¿Hasta qué punto también la ultraderecha puede haber activado este tipo de cosas? 

No, la ultraderecha no la reactiva. A ellos no les interesa, están seguros que están en segunda vuelta y ellos están jugando un perfil bajo, como los “mantenedores del orden”. De que esto solamente se produce cuando se tiene un gobierno débil y cuando una izquierda se desata. Es esa, más o menos, su respuesta a este tipo de conflictos. Que les va bien porque ellos no aceptan, no apoyan ninguna de las reivindicaciones válidas que pueden estar pidiendo los trabajadores, los jubilados, los profesores, etc. Directamente los tocan muy de costado, tocan temas generales y cuando no se tiene solución se busca un culpable. Para la extrema derecha los culpables son siempre los mismos: son los extranjeros. Que es un tema grave acá. Así que por eso vamos a llegar a una elección en la cual las apuestas están abiertas. Esperemos poder hacer lo que hizo Lula, pero es difícil. Acá ya van dos elecciones en las que se va a una segunda vuelta entre un neoliberal y la extrema derecha. Y las dos veces se votó a Macron. Eso se terminó.

 

Estamos hablando de Francia, pero este reguero siguió por toda Europa ¿Y esto por qué? 

Lo que está pasando en Francia no es ninguna novedad. Está pasando en muchas partes del mundo. Incluso la ola de extrema derecha que se vino en América Latina es infernal, es enorme. Acá hubo un neoliberalismo que quizás no es tan brutal o no va tan derecho a las pérdidas de los derechos de los ciudadanos como en América Latina pero sí, se pierden. Y acá las reivindicaciones que puede tener un estudiante francés son más o menos las mismas que un griego que un portugues o un belga o un italiano. Y al mismo tiempo con casi todos esos países en los cuales las opciones que se están presentando van mucho hacia la extrema derecha. Con una democracia normal esto no se mantiene. Parece ser que el poder está mirando con muy buenos ojos a la extrema derecha para que realmente pase al estadio superior.

Los temas son los mismos son reivindicaciones populares que se pueden tener en cualquier otro país. Los derechos de los estudiantes, trabajadores, la salud, la educación, el trabajo, la vivienda. Son cosas simples.

 

¿Cómo se van a traducir estas movilizaciones en términos políticos? ¿Quién puede sacar partido de esto? 

Acá las cartas estaban tiradas ya antes de estas manifestaciones como para decirte que acá iba a haber una segunda vuelta entre la extrema derecha con Marine Le Pen y la izquierda con Jean-Luc Mélenchon. Pero el favorito acá, hoy es la extrema derecha. 

La derecha en este momento es un conglomerado. Y hay una gran cantidad de pequeños partidos que han ido perdiendo peso y propuestas por tratar de discutir, de tomar las mismas consignas que hacía la extrema derecha, pero con alguna perspectiva un poco diferente y con el resultado de que se terminaron identificando. Había una cosa que decía Le Pen que es “la gente prefiere el original a la copia”. Es que es un poco lo que le está pasando a la derecha acá. Cuando empieza a hacer declaraciones trata de poner en orden una política contra los inmigrantes, contra los islámicos, etcétera… contra los musulmanes, se está copiando un poco lo que hace la extrema derecha. Por eso, en este momento, el único que recupera el desgaste de este gobierno no es otro partido de derecha y mucho menos va a ser de centro. Eso quiere decir que la extrema derecha va derecho a la segunda vuelta. El problema está en la izquierda, en la izquierda que tiene un partido –la Francia insumisa– que muy probablemente esté en la segunda vuelta pero que está lejos en los sondeos porque es la cabeza de turco de todos los medios. Si uno quisiera compararlo con Argentina, sería un poco como las campañas antiperonistas o antikirchneristas durante algunos años. Se señala como alguien que tiene las ideas más absurdas, el que nunca gobernó. Es la cuarta vez que se presenta a esta elección igual que Marine Le Pen. El problema de la segunda vuelta está en el poder que tienen los medios para seguir influyendo. Es lo que trataron de poner en la cabeza de tantos ciudadanos acá: que con Jean-Luc Mélenchon no se va a poder gobernar o vamos a tener problemas con Europa y que es completamente utópico lo que él plantea. Mientras tanto, lo que Marine Le Pen plantea es más seguro y más afirmativo. 

Faltan seis meses y en este momento las cartas están abiertas. Los jóvenes no son el sector que más vota, pero si votaran como lo pueden llegar a hacer personas de 30, 50, esta elección se gana. Hay que ver qué es lo que pasa, porque realmente los jóvenes sienten esa necesidad de un cambio social, un cambio estructural que los tome en cuenta. Quieren ser escuchados, tienen que ser parte de la solución. La van a defender y la van a pelear. 

 

Decís que los jóvenes no garantizan participación institucional…

He participado en manifestaciones en las cuales hay gente de distintos partidos. Es evidente que la Francia Insumisa lleva más jóvenes estos últimos tiempos, ha ganado municipalidades en las cuales ellos jamás se habían presentado y el voto joven es el que hizo el cambio. Ahora estamos hablando de una elección nacional, y faltan 6 meses, si esto se capitaliza de esa manera probablemente va a estar mucho más peleado. Si fuera mañana la elección yo te diría que es muy difícil, pero de acá 6 meses es más que probable que realmente podamos hacer algo al estilo Lula. Puede ser, realmente todos lo deseamos porque si no, no te digo que se nos viene la noche pero sería muy muy difícil levantar. 

 

Hablás de la vigencia del poder de los medios de comunicación hiper concentrados, en un momento de hibridación y atomización, ¿qué rol jugaron las redes sociales o los medios alternativos teniendo en cuenta que son movilizaciones de jóvenes mayoritariamente?

El primer ministro Lecornu desde la manifestación anterior advierte a todas las plataformas que en cualquier momento las cierra durante los tiempos de manifestación, 4, 5 o 12 horas, no les importa. Y cualquiera sea: X, TikTok, Meta. El gobierno está dispuesto a hacer eso porque entendieron que los pibes se conectan de esa manera y que de esa manera pueden informarse entre ellos. Les importa muchísimo y realmente hay cosas fantásticas que llegan por los medios sociales. Acá el 90% de los medios de comunicación están en manos de 9 multimillonarios que controlan prácticamente todas las cadenas de televisión, las radios, la prensa y revistas. Acá las manifestaciones violentas empezaron el 17 de octubre ahora va a haber manifestaciones todos los días y la más grande el 5 de noviembre con una huelga general que llaman los sindicatos, pero en la que va a haber chalecos amarillos y va a haber jóvenes. Son todas demostraciones de fuerza, una tras de otra. Acá más de uno dice “o este gobierno acepta la reivindicación o se tiene que ir” porque no se puede soportar una situación así durante seis meses.

Mélenchon sumó a su plataforma electoral una ley de modificación de los medios de comunicación, para que se descentralice, para que no pueda ser posible que nueve multimillonarios tengan los medios de comunicación de la quinta potencia del mundo. Es insoportable pero es así. 

 

Foto Raúl Maio ACAF

 

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