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Salpicón geopolítico y soberanía en pedazos
El bombardeo de información y una realidad fragmentada. Logros populares que se ven amenazados por la intromisión diplomática de Estados Unidos. El riesgo de convertirse en un paraíso fiscal. La importancia de romper el letargo y salir a la calle.
- agosto 23, 2026
- Lectura: 5 minutos
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El salpicón remite a un plato económico que hacían abuelas y madres cuando escaseaba el mango y tirar la comida o las sobras era un pecado. No se pasaba hambre y el salpicón consistía en usar todas las sobras, pedacitos de pollo o carne de puchero que se mezclaban con mucha papa y algún huevo duro del gallinero y, casi casi que salía una “mayonesa de ave”. En otras casas se nombraba al salpicón como “ropa vieja”, distintas denominaciones para hablar de épocas de malaria y de llenar la panza. Lo concreto es que el salpicón o ropa vieja se hacía con pedacitos de muchas cosas.
La realidad hoy en día es como aquel salpicón, muy fragmentada, con mucha información que nos llena la cabeza, como el salpicón a la panza. A veces, en medio de tanto barullo y bombardeo cuesta ver qué es lo verdaderamente importante y que se esconde detrás de cada pedacito con el que muchas veces nos distraen o nos alimentan el espíritu.
Así que trataré de hacer un salpicón de sucesos y rescatar lo que subyace en todo este proceso en el que estamos inmersos.
Se logró modificar la ley de inviolabilidad de la propiedad privada gracias a la movilización en las calles. El capítulo de ley de tierras y el de manejo del fuego fueron derribados, pero quedan aún otros títulos no menos importantes que no deberían ser aprobados. Veremos lo que ocurre, porque detrás de esto está la soberanía territorial, la posibilidad de evitar que la Argentina entre en un proceso de balcanización y deje de ser un país federal para convertirse en una serie de enclaves extranjeros.
El gobierno logró dictamen para el proyecto de “inocencia fiscal II”. Aquí los ciudadanos no advirtieron el riesgo de que nuestro país se transforme en un paraíso fiscal, lisa y llanamente… ya estamos en camino y no se movilizaron para pedir rendición de cuentas a aquellos que deberían exponer y explicar el por qué de esta norma. Seguro que muchos de ellos harán uso de esos beneficios, como el titular de ARCA Andrés Vazquez, investigado por la justicia federal por presunto enriquecimiento ilícito, lavado de activos y omisión maliciosa en sus declaraciones juradas. Sigue al día de hoy atornillado en su puesto.
La Argentina está en un proceso de balcanización. Y en mayor escala se intenta lo mismo con la región. El viejo apotegma “divide y reinarás” sigue funcionando a la perfección para los Estados Unidos.
El embajador Peter Lamelas, virrey del emperador Donald Trump, amenazó a integrantes de una cooperativa neuquina con negarles la visa si no tiraban abajo un acuerdo con la empresa china Huawei. El convenio entre partes era favorable para la cooperativa y los clientes por precio y tecnología. Ante semejante intromisión en asuntos soberanos por parte de Lamelas ni el gobernador, ni el canciller, ni el presidente hicieron nada. El Congreso citó al embajador y se quedó esperándolo, porque ni siquiera respondió a la invitación. Lamelas dobló la apuesta y en AMCHAM volvió sobre la tecnología china y su uso en Vaca Muerta advirtiendo sobre la inconveniencia de contratar con ese país. Cero reacción de las autoridades.
El representante del gobierno norteamericano ya lo había anticipado antes de asumir en la embajada. Vendría a la Argentina a negociar con el gobierno nacional y también con los gobernadores individualmente para garantizar que EEUU sea el único interlocutor en materia de contratos, inversiones y beneficios y para cerrarle el camino a China, principal competidor de su país.
La Argentina está en un proceso de balcanización. Y en mayor escala se intenta lo mismo con la región. La idea de la Patria Grande que intentó construirse durante los primeros años del presente siglo quedó sepultada tras la muerte de Néstor Kirchner y Hugo Chavez. El viejo apotegma “divide y reinarás” sigue funcionando a la perfección para los Estados Unidos.
Las derechas no dudan, actúan coordinadamente con las elites locales en no pocos países de América Latina. Cuando las democracias de baja intensidad no dan respuestas llegan con un mismo libreto: venimos a sanear al Estado y a terminar con la corrupción. Pero son ellos los que cometen las principales tropelías.
Esta semana un personaje siniestro, Fernando Cerimedo, fue detenido en Bolivia por el supuesto intento de femicidio contra su actual pareja, Nadia Beller, quien quería separarse y está embarazada de él. La mujer, internada tras recibir tres disparos con arma de fuego, tenía información sobre corrupción en la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), campañas contra la vicepresidenta Victoria Villarruel, actos de corrupción del presidente de Bolivia Rodrigo Paz y su esposa, a quienes Cerimedo asesora.
Según Nadia Beller quien mandó a eliminarla es agente de la CIA. El ex presidente del Estado Plurinacional Boliviano, Evo Morales, asevera que Cerimedo es un agente del Imperio. Si vemos su recorrido como asesor presidencial, cumplió funciones con Javier Milei, con Jair Bolsonaro y con Rodrigo Paz, sin descartar acciones a través del pasquín La Derecha Diario, donde se intenta desacreditar a los gobiernos democráticos e instalar campañas de odio y persecución contra líderes de izquierda como en la época de la doctrina de la seguridad nacional.
Me detengo aquí. La realidad supera a la ficción, en particular aquella que nos llega desde la plataforma Netflix. Nos hemos acostumbrado a la colonización de nuestra subjetividad. Vemos series de espionaje, invasiones a países, secuestros, gobiernos títere y naturalizamos lo que está pasando en nuestra patria. Estamos inermes, narcotizados, bombardeados por la pantalla y acostumbrados a una cotidianeidad cada día más distópica.
No es menor entonces que volvamos a las calles, que salgamos del letargo, que intentemos comprender qué hay detrás de tanta noticia sorprendente y conmocionante. Porque este salpicón que estamos deglutiendo, lejos de alimentarnos, si no podemos discernir, nos está intoxicando y dejando inermes. La dirigencia y la política a favor de las grandes mayorías tienen mucho que hacer y decir para superar ese momento de ignominia.
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