Argentina / 30 julio 2026

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La Argentina que cree en sí misma y va

Más allá del contexto difícil, existe una mayoría silenciosa que no baja los brazos. Son millones quienes buscan día a día construir un camino propio. Son retratos de esa Argentina que avanza y trabaja por un futuro mejor para todos.

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Esta imagen muestra una ilustración conceptual que representa diferentes etapas de la vida, educación y comunidad, con un estilo artístico detallado que incluye elementos urbanos como el Obelisco de Buenos Aires.

Son las 7.10 de la mañana. Julián no consiguió asiento en el tren que va hacia Constitución, pero sí logró agarrarse del pasamanos, abrir su mochila y sacar el apunte de la universidad que va leyendo, acomodándose como puede, para el examen que tiene a la noche.

Julián trabaja y estudia. Sale a las 6.30 de su casa todos los días, toma el colectivo hasta la estación, de ahí tren y subte para llegar al trabajo. A la tarde, se va a la facultad y, ya de noche, otra vez subte, tren y colectivo para volver a su casa.

Le pone garra al trabajo y le pone garra al estudio. Por momentos duda de la importancia que hoy tiene un título universitario, pero cierra los ojos y sigue para adelante. Cuando se reciba va a ser el primer profesional de la familia, lo que llena de orgullo a sus padres y sus hermanos menores que lo ven pelearla todos los días.

Julián es uno de los muchísimos jóvenes argentinos que están forjando su futuro, que están cansados, con poca plata, pero que están convencidos que el camino que están recorriendo va a terminar rindiendo sus frutos. Cree en sí mismo y está seguro que las cosas le van a salir bien. Es parte de la Argentina que no se sobregira con la grieta ni con el ruido de la política o de las redes sociales, está construyendo su camino y en eso pone toda su energía.

Mariela y Analía son hermanas, viven con sus padres y hace un año transformaron el garage de la casa en una linda panadería / pastelería. A las 6 empiezan a organizar todo y a las 7.15 abren el portón para que las familias que llevan a sus hijos a la escuela que está a dos cuadras puedan comprar alguna factura, pan, el chipá que está muy demandado o los pastelitos que son su marca registrada. Las hermanas trabajan todos los días de la semana, hacen todo entre ellas, a fin de mes descontando los gastos les queda para un sueldo decente a cada una y no mucho más, pero están convencidas que van a terminar teniendo su propio local en el centro. Se capacitan permanentemente (especialmente en cursos virtuales), son innovadoras y en los últimos tiempos se empezaron a sentir más seguras a la hora de dar lugar a la creatividad, especialmente con los pastelitos.

Mariela y Analía también forman parte de esa Argentina que cree en sí misma y va, están emprendimiento, haciendo su propio camino, empiezan a tener reconocimiento y saben que lo van a lograr. Sufren la falta de plata en el barrio y revisan sus costos todo el tiempo, pero están seguras del camino que encararon y saben que lo van a lograr.  

En nuestro país hay endeudamiento de las familias, implosión social, desempleo y sobreempleo y, junto con ello y al mismo tiempo, una mayoría silenciosa que forma parte de la Argentina que la pelea, construye su camino y va hacia adelante aunque nadie los mira. Estoy cada vez más convencido de que esta Argentina que cree en sí misma va a terminar construyendo un mejor sistema político y una sociedad más integrada en los próximos tiempos.

Alicia durmió mal, con un sueño medio entrecortado porque se quedó preocupada con la cara de susto y tristeza que vió ayer en su alumna de 12 años. Salió de su casa un poco antes que siempre, a las 7.10 para estar más temprano y poder hablar un ratito a solas con su alumna. Es evidente que algo le está pasando. Es una  docente apasionada a la que le faltan pocos años para jubilarse. Pudo haber sido directora o secretaria, pero no quiso, su lugar es el aula con los chicos y chicas que están terminando la primaria y no saben que les va a deparar la adolescencia.

Con los años se transformó en una mezcla de docente, psicóloga, madre, compinche, asistente social y más de las familias y de sus alumnos. Sabe que ayuda, que pone un granito de arena para que la vida les sea más fácil a los que naturalmente no la tienen fácil. Alicia también forma parte de la Argentina que va, que pone garra, corazón y vida para que las cosas mejoren. Sufre, como todos, las dificultades de la vida diaria, pero en el fondo de su corazón está orgullosa de sí misma.

Nacho tiene 28 años, trabaja desde su casa, hace home office, lo contrató una empresa extranjera que le paga en dólares. Se especializó en el manejo de datos hace un tiempo y eso le permitió tener diversas ofertas de trabajo. A las 9 prende su laptop y genera interacciones con distintas personas de la empresa en distintos lugares del mundo hasta las 17. Tiene una cabeza global, es muy aplicado y cree que estamos frente a un nuevo mundo y que la tecnología y la IA cambian definitivamente las cosas.

Nacho tiene amigos, combina trabajo con tiempo libre y deportes. Tiene claro que gran parte de los que lo rodean no entienden bien de qué trabaja, pero sabe que el mundo va para ahí, que la vida es trabajo y, también, disfrute. Tiene conciencia social, ve mucha gente que la pasa mal y busca ayudar en lo que puede. Claramente es un joven del siglo XXI. También forma parte de esa Argentina que cree en sí misma y va, construye su camino, entiende que su lugar es el mundo y trata de colaborar con otros. Pone garra y esfuerzo pero cree que no hay que dejar la vida en el trabajo.

Mariano, casi sin darse cuenta, empezó a ir a la Iglesia de su barrio hace unos meses. Su vida ha sido dura, se mandó varias macanas y terminó en un centro de atención de adicciones cuando llegó a la conclusión de que ya no daba para más. Se limpió, empezó a organizarse y enganchó un laburo como tutor de pibes con adicciones a los que les cuenta su experiencia y les demuestra que se puede salir, que es difícil, pero se puede salir. Entre la tarea de tutor y el acercamiento a la Iglesia, Mariano logró ordenarse bastante y siente que la cosa va. Se transformó en un referente para su barrio y trata de advertir a los más pibes. También forma parte de la Argentina buena, del que se cae y se levanta y sabe que nadie se salva sólo, que hace falta ayuda. Hoy proyecta su camino, su futuro sin juzgar a nadie pero estando alerta para no decaer.

Angélica es arquitecta, se creó su propio trabajo. Compra casas y departamentos en mal estado, los remodela, les cambia los pisos, las aberturas, el baño y la cocina y luego los vende. Armó un equipo de trabajo para cada obra, ajustó los tiempos y logró bajar los costos de los materiales para que el sistema funcione. No la tiene tan fácil ahora porque se vende poco, porque no hay crédito, pero la va llevando. Está contenta con lo que hace aunque el día a día muchas veces la sobrepasa. También forma parte de la Argentina que cree en sí mismo, de la Argentina que va aún con dificultades y sinsabores y, además, está orgullosa de dar trabajo a algunos jóvenes.

Julián, Mariela y Analía, Alicia, Nacho, Mariano, Angélica son buena gente, creen en sí mismos, van, como la mayoría de los argentinos. En nuestro país hay endeudamiento de las familias, implosión social, desempleo y sobreempleo y, junto con ello y al mismo tiempo, una mayoría silenciosa que forma parte de la Argentina buena que la pelea, construye su camino y va hacia adelante aunque nadie los mira. Estoy cada vez más convencido de que esta Argentina que cree en sí misma va a terminar construyendo un mejor sistema político y una sociedad más integrada en los próximos tiempos. Yo pongo mi granito de arena diario para que así sea.

 

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