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Nuestra (ex) Tierra: el gobierno quiere reforzar la propiedad privada y la extranjerización de los suelos y el agua de ríos y lagos

Un nuevo proyecto de ley limita la capacidad del Estado para expropiar y amplía las compensaciones a los propietarios. La normativa impulsa, además, desalojos más rápidos, con menos requisitos y menos restricciones a la compra de tierras rurales por parte de extranjeros. También modifica leyes ambientales y territoriales: reduce protecciones tras incendios (especialmente fuera de los bosques nativos) y cambia reglas sobre el uso del agua y el suelo.

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Esta imagen muestra el Lago Escondido en la Patagonia argentina, el cual está rodeado por aproximadamente 11,200 hectáreas de terreno.

El gobierno de Javier Milei presentó un proyecto de ley de inviolabilidad de la propiedad privada. Fue el 27 de marzo pasado, de la mano de Federico Sturzenegger, su ministro de Desregulación y Transformación del Estado, modificada en su tratamiento en comisiones, ahora en el Senado de la Nación, que introdujo cambios y aguarda su tratamiento en el recinto. “El proyecto de ley de inviolabilidad de la propiedad privada no es otra cosa que una ley de extranjerización y desalojo que nos convierte en un enclave colonial”, denunciaron más de 3.000 referentes –desde Juan Grabois a Malena Galmarini— en la “Solicitada contra la extranjerización y el desalojo”. 

La nueva normativa propone eliminar el tope del 15% destinado a manos extranjeras en tierras rurales nacionales o provinciales, como también el límite de 1.000 hectáreas por titular, restringe la capacidad del Estado para expropiar y amplía las compensaciones a los propietarios. Además impulsa desalojos más rápidos y con menos requisitos. También modifica leyes ambientales y territoriales como una reducción de protecciones tras los incendios (especialmente los bosques nativos)  o cambios en las reglas sobre el uso del suelo: es decir, que en aquellas tierras que fueron incendiadas o sus bosques quemados ahora podrá modificarse el uso del suelo. Por ejemplo, lotearse para desarrollos inmobiliarios (sobre todo pensando en la realidad de la Patagonia). 

La Coalición Federal en Defensa de la Tierra fue quien emitió este comunicado, donde manifestó su “absoluto rechazo” a la normativa y le reclamó a diputados y senadores que no voten este proyecto. La Confederación General del Trabajo (CGT) también se sumó al reclamo: “Este proyecto de inviolabilidad de la propiedad privada es una ley ómnibus que afecta a un conjunto de sectores de nuestra sociedad poniendo en riesgo la soberanía nacional, las capacidades estatales para diseñar políticas públicas y el derecho a la vivienda de millones de familias inquilinas”, señala la solicitada firmada por dirigentes políticos, sindicales y sociales.

Florencia Gómez Lizzi, abogada y co-autora de la ley de Tierras, fue la primera directora del Registro Nacional de Tierras Rurales, sostiene: “El proyecto de ley de Sturzenegger y Milei responde a un proyecto sistemático de entrega de soberanía liberando la extranjerización de la tierra y el agua, que son y van a seguir siendo en el futuro activos estratégicos, por eso eliminan los límites pero usan el eufemismo de ‘inviolabilidad de la propiedad privada’”, dice la especialista.  

“Esta ley profundizará la concentración de tierras, a costa de mayor despojo, por el modelo extractivista. Esto recrudecerá la violencia contra las familias campesinas indígenas”, sostiene Deolinda Carrizo, dirigente del MOCASE.

La liberación de tierras que propone esta normativa “es grave” de acuerdo a Gómez Lizzi, incluso al punto de dejarla sin límites. Hoy hay una legislación (la Ley de Tierras N° 26.737) que permite la compra de tierras nacionales, provinciales o subprovinciales a extranjeros pero con límites. No solamente por el límite que impone del 15% sino también el límite que conlleva el acceso a lotes linderos o que contengan cuerpos de agua permanentes, es decir, a lagos y ríos. “El corazón del proyecto de gobierno es poder liberar el acceso irrestricto a las fuentes de agua, no solamente en términos de generación de energía sino también de acceso a fuentes de agua dulce”, insiste la experta.

La normativa, denuncian, además de un atentado contra la soberanía, los alimentos y los recursos naturales del país, vulnera el derecho a la vivienda de 11 millones de hogares inquilinos y limita la posibilidad del Estado para expropiar recursos estratégicos para el desarrollo de nuestro país. Gervasio Muñoz, de Inquilinos Agrupados, afirma que “el proyecto de ley de inviolabilidad de la propiedad privada, en realidad, es un proyecto para proteger y fomentar a los dueños de las viviendas y la tierra. Acelera el proceso de desalojo y quita las pocas garantías que tenemos los inquilinos en un juicio por desalojo. Ya hubo una modificación en los plazos de desalojo en noviembre de 2001, cuando Sturzenegger era funcionario en el Ministerio de Economía de Ricardo López Murphy, ahora van por la profundización del desalojo exprés en tiempos donde no hay ningún control de precio de los alquileres y la crisis habitacional avanza”.

Sin dudas, el problema está latente. Un relevamiento nacional de la Coalición Federal indica que el 5,93% del país ya estaba en manos extranjeras (15,8 millones de hectáreas) y 49 regiones ya habían pasado el límite del 15 por ciento de tenencia. Deolinda Carrizo, dirigente del MOCASE y del Movimiento Nacional Campesino Indígena de Santiago del Estero, reconoce que la nueva legislación traerá aparejados un aumento del costo de renta de la tierra para los pequeños y medianos productores. “Esta ley profundizará la concentración de tierras, a costa de mayor despojo, por el modelo extractivista. Esto recrudecerá la violencia contra las familias campesinas indígenas. Sin dudas, también impactará en la mesa de las y los argentinos porque al disminuir territorios para producir alimentos sanos y variados, disminuye también su acceso”.

La dirigente, que también trabaja como Coordinadora de CLOC – La Vía Campesina de Argentina para Sudamérica resume que, en Argentina, el 24% de las tierras cultivables se encuentran hoy en manos de la agricultura familiar campesina indígena, lo que supone un 60% de los alimentos que consumen las y los argentinos todos los días en las mesas de sus cocinas: “En este proceso, se entrecruzan escenarios que se conectan: la tierra, el territorio, el agua, las semillas. Por eso es importante que como pueblo podamos defenderlas, porque si no vamos a perder más soberanía sin estos derechos. El desafío es informarse, involucrarse, reorganizarse para que no nos desapeguen de la tierra, de los saberes y sabores”.

 

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