Argentina / 4 julio 2026

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Restauran humedales en la alta montaña para proteger el agua de Mendoza

Un proyecto desarrollado en Vallecitos logró erradicar 18 hectáreas de rosa mosqueta, una especie invasora que consume grandes cantidades de agua, y recibió el reconocimiento de la Legislatura de esa provincia.

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Esta imagen muestra un paisaje invernal en Uspallata, Mendoza, con montañas nevadas al fondo.

La restauración de humedales de alta montaña comienza a consolidarse como una herramienta clave para proteger las fuentes de agua de Mendoza. El proyecto “Identificación, preparación y ejecución de acciones de restauración y conservación en áreas estratégicas para la provisión de agua en la Cuenca Alta del Río Mendoza” fue declarado de interés legislativo y busca recuperar ecosistemas degradados en la zona de Vallecitos mediante la erradicación de especies invasoras, la reforestación con flora nativa y el trabajo conjunto con la comunidad.

La directora del proyecto e integrante de la consultora Ecosigna, Florencia Strugo, explicó que la iniciativa nació a partir de una convocatoria internacional impulsada por el Fondo de Agua, un espacio integrado por organismos públicos, municipios, empresas privadas y organizaciones que trabajan para garantizar la disponibilidad futura del recurso hídrico. “Fue un hito importante. Es un reconocimiento al proyecto y también a la intención de que este tipo de acciones continúe, algo que creemos fundamental”, señaló.

Uno de los principales objetivos del proyecto es controlar el avance de la rosa mosqueta, una especie exótica invasora que se ha expandido sobre los humedales cordilleranos. Según explicó Strugo, esta planta “consume más del doble de agua que las especies nativas” y cada año avanza hacia zonas de mayor altitud, desplazando la vegetación propia del lugar y afectando el funcionamiento natural de los humedales.

Hasta el momento, el equipo logró intervenir más de 18 hectáreas mediante la extracción de rosa mosqueta. El trabajo se complementó con la restauración activa, que incluyó la plantación de especies nativas en más de tres hectáreas, y con procesos de restauración pasiva en otras tres hectáreas y media, permitiendo que los ecosistemas recuperen su dinámica natural una vez eliminadas las presiones que los degradan.

Además, desarrollaron una experiencia piloto de enriquecimiento forrajero destinada a disminuir el impacto del ganado sobre los humedales. “La idea es que los animales tengan otra fuente de alimento y dejen de ingresar a las vegas, donde además dispersan las semillas de rosa mosqueta”, explicó la especialista.

Uno de los aspectos más destacados del proyecto fue la fuerte participación social. Se organizaron jornadas de voluntariado con estudiantes de carreras ambientales, andinistas, vecinos y organizaciones sociales. El equipo también desarrolló talleres participativos y encuestas para conocer las características sociales de Vallecitos y Potrerillos e incorporar los saberes de la comunidad al diseño del proyecto.

Eliminar la rosa mosqueta no es una tarea sencilla. Debido a la profundidad de sus raíces, la extracción se realiza casi completamente de forma manual. Los equipos cortan los múltiples tallos de cada planta utilizando podones, tijeras eléctricas y, sólo en casos puntuales, motosierras.

Cuando la intervención se realiza lejos de cursos de agua aplican un herbicida de baja toxicidad directamente sobre los cortes mediante pincelado para impedir el rebrote. En cambio, en las zonas cercanas a humedales o cauces naturales utilizan un sistema de solarización: cubren completamente la planta con silobolsas, impidiendo el ingreso de luz y aire hasta provocar su muerte sin afectar el entorno.

Uno de los aspectos más destacados del proyecto fue la fuerte participación social. Durante la semana trabajó una cuadrilla integrada por cinco personas de Potrerillos, mientras que los fines de semana se organizaron jornadas de voluntariado con estudiantes de carreras ambientales, andinistas, vecinos y organizaciones sociales. Más de cien personas participaron de estas campañas.

Paralelamente, el equipo desarrolló talleres participativos y encuestas para conocer las características sociales de Vallecitos y Potrerillos e incorporar los saberes de la comunidad al diseño del proyecto. “Ese abordaje social fue uno de los ejes centrales y fue muy valorado porque permite que las soluciones ambientales también contemplen a quienes viven y trabajan en el territorio”, destacó Strugo.

Concluida esta primera etapa, comienza ahora un proceso de monitoreo que será determinante para evaluar los resultados. El seguimiento permitirá controlar posibles rebrotes de rosa mosqueta, reemplazar plantas nativas que no sobrevivan y verificar el funcionamiento de las distintas técnicas aplicadas.

Desde Ecosigna también buscan conseguir nuevos financiamientos para replicar la experiencia en otras áreas de la Cordillera del Plata, Potrerillos, Villavicencio y la zona del Aconcagua, donde la problemática presenta características similares. “Lo importante es que esta metodología pueda extenderse. Hay muchísimas hectáreas que requieren intervención y el principal desafío hoy es conseguir financiamiento para continuar”, concluyó la especialista.

 

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