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Padre Toto de Vedia: “se va rompiendo el tejido social y la gente termina viviendo en la calle”
El crecimiento de la pobreza, el impacto de las adicciones y los problemas de salud mental expulsan cada día a más personas a la calle. El sacerdote Lorenzo "Toto" de Vedia se refirió a la crisis social en la Ciudad de Buenos Aires, donde el PRO rompió los lazos que gestiones anteriores habían trazado con las villas. El endurecimiento del discurso oficial y un operativo "Tormenta Negra" que se perpetúa cada día.
Por Martina Dentella y Washington Uranga
- julio 4, 2026
- Lectura: 7 minutos
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- julio 4, 2026
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Mientras el Gobierno porteño estima que hay cerca de cinco mil personas en situación de calle en la ciudad, las organizaciones sociales como Proyecto 7 elevan la cifra a 11.000. Para el padre Lorenzo «Toto» de Vedia, párroco de la Villa 21-24 y referente histórico de los curas villeros, la clave no está en las estadísticas sino en la mutación del fenómeno que se ve todos los días en el territorio. «Se nota que la población se ha extendido a familias, gente que se cayó de la clase media y ahora está viviendo en la calle», advierte. Se trata de personas que ya no pueden pagar el alquiler y que rechazan ir a los paradores oficiales, además de abuelos expulsados por crisis intrafamiliares. Para el sacerdote, la problemática habitacional está íntimamente ligada a la salud mental y al consumo de drogas, dos factores que terminan de romper el tejido social. Por otra parte denuncia que el PRO y otros referentes políticos “se dieron cuenta que trabajar acompañando y ayudando a los vecinos de las villas era piantavotos y que un discurso más duro era más marketinero”.
El gobierno de la ciudad dice que aumentó la cantidad de personas sin techo, que son 5 mil o algo más, Proyecto 7 dice que son 11 mil, ¿cambió el perfil de los que están en situación de calle? ¿Cómo les está impactando en el trabajo de ustedes?
No tengo las precisiones de las estadísticas, pero sí la percepción que te aporta vivir en la villa e interactuar con curas de otras villas de la ciudad de Buenos Aires. Se nota que la población se ha extendido a familias, gente que se cayó de la clase media y ahora está viviendo en la calle. Y se suma, por supuesto, a muchas personas con problemas de adicciones, y otros que estaban refugios en los que ahora no pueden estar, gente que no pudo pagar más el alquiler y que no quiere ir a un parador. Es decir, se incrementaron los tipos de situaciones que hacen que la gente esté viviendo en la calle.
¿Y esta gente se incorpora a los comedores de las villas?
Sí, se acercan a los centros barriales del Hogar de Cristo, se acercan a las parroquias. En algunos casos nosotros tratamos y logramos ubicarlos en hogares de Cáritas, o en algún espacio nuestro. Otros no están en condiciones de estar en un hogar, pero sí, se acercan. Y además vamos a repartir comida a lugares como Plaza Constitución o dentro de la villa. Y sí, la gente expresa que necesita ayuda.
¿Qué pasa con la perspectiva de futuro, con el poder adquisitivo, con la contención social de los que todavía no cayeron?
Hay mucho temor a quedar en la calle, porque hay gente que no puede pagar más los alquileres, a veces los auxilios habitacionales no salen tan fácil, y después también está la realidad del consumo de drogas. Gente que, por los problemas que tiene, le cuesta la convivencia en su familia, y terminan también en la calle.
Además, hay problemas intrafamiliares. Por ejemplo: recién recibí a un abuelo de la villa a quien los hijos no pueden tener. A veces es un tema de salud mental y a veces es falta de poder adquisitivo lo que genera discusiones en las familias.
Hay estudios que están advirtiendo sobre el aumento de gente con problemas de salud mental, y esto se está convirtiendo en un problema absolutamente social, ¿cómo lo están viviendo?
Sí, percibimos que por la falta de trabajo, por la falta de condiciones dignas de vivienda, por el problema de consumo de muchos jóvenes, se va rompiendo el tejido social. Y eso después se traduce en gente que se va a la calle. Y en medio de todo esto aparece la salud mental y la dificultad para sostener un tratamiento.
Jorge Macri apuntó contra la integración urbana de las villas, ¿qué pasa con el vínculo que el PRO había logrado establecer con ellos? ¿Se rompió? ¿Alguien está ocupando ese lugar?
Me parece que el PRO, o algunos referentes políticos se dieron cuenta que trabajar acompañando y ayudando a los vecinos de las villas era piantavotos. Descubrieron que un relato, un discurso más duro para con los vecinos de las villas, diciendo que no hay que construir más casas para ellos, por ejemplo, o no darles de comer en la calle, o no darles una frazada, era más marketinero. Por otro lado, creció en algunos ámbitos una percepción denigrante del pobre, y también una visión demonizadora del que trabaja por los pobres, como si eso fuese algo malo. Son cosas que se fueron dando en los últimos tiempos, sin contar con la demonización de los llamados “gerentes de la pobreza”.
Padre Toto de Vedia: “Por la falta de trabajo, por la falta de condiciones dignas de vivienda, por el problema de consumo de muchos jóvenes, se va rompiendo el tejido social. Y eso después se traduce en gente que se va a la calle. Y en medio de todo esto aparece la salud mental y la dificultad para sostener un tratamiento”.
Se ve reflejado por ejemplo, en el operativo “Tormenta Negra”…
El operativo “Tormenta Negra” fue nefasto. Si bien fue puntualmente un día, tiene impacto y se sigue ejecutando con distintos grados de intensidad: gente a la que le siguen sacando los carros, gente a la que se le siguen sacando los alimentos que están vendiendo para subsistir, etc.
¿Están recibiendo ustedes apoyo del Estado para las obras que llevan adelante?
Hay algunos convenios para los comedores comunitarios con el gobierno de la ciudad y otros de nación que se sostienen. Otros han decaído en la proporción o sea, proporcionalmente, de acuerdo a las necesidades. Y después vemos que es más difícil conseguir y sostener muchas ayudas sociales. Las ayudas estatales no crecen de la manera que la gente lo necesita.
Dijiste en algún momento que Milei supo encarnar un descontento social, ¿creés que ese voto de confianza se sostiene, aunque solo sea por designación?
Yo creo que se sostiene por distintos motivos. En algunos casos es eso, pero en otros es que ha pegado el discurso del odio, el discurso del indignamiento del más pobre. Hay gente que está influenciada por esa mirada.
Institucionalmente, la Iglesia viene denunciando una cantidad de problemas, y tiene una voz pública incluso más crítica que determinados sectores de la política. ¿Vos creés que eso incide de alguna manera en quienes toman decisiones?
Parte de la misión de la iglesia es la de ser profeta. Y por su vocación, es importante seguir expresando y buscando siempre mejores maneras de comunicar lo que se percibe en la sociedad. Después, si esto tiene eficacia, si la gente le da valor o no, o le prestan atención a lo que dice la Iglesia, no lo sé. Yo creo que ayuda. Hoy por hoy, en algunos ámbitos del poder se le presta menos atención y se toma menos dimensión a lo que dice la Iglesia. No se lo toma como algo a tener en cuenta. Hay una escucha cordial pero como quien escucha al que dice algo esperable. No cambian las decisiones en lo profundo.
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