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El modelo extractivista asfixia el empleo y el consumo familiar   

El último informe del Instituto Argentina Grande expone la fractura de una economía en "K": el avance de la reprimarización y los beneficios para los sectores extractivos conviven con la destrucción del empleo registrado y una histórica caída en el consumo de alimentos de las familias.

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avanza extractivismo

Detrás de los discursos oficiales que celebran indicadores financieros o la desaceleración inflacionaria, la economía real muestra una fractura estructural profunda. El último informe económico presentado por el Instituto Argentina Grande (IAG) revela una radiografía alarmante de la coyuntura nacional: la consolidación de una economía en forma de «K». El programa implementado no promueve una recuperación homogénea, sino un marcado avance hacia la reprimarización económica, dando lugar a esquemas de enclaves que marginan a las mayorías trabajadoras.  

Los datos oficiales analizados por el IAG evidencian un crecimiento selectivo, concentrado y profundamente desigual. Al contrastar el primer cuatrimestre de 2023 con el mismo período de 2026, la actividad minera registró un notable salto del 19,5%. En la otra vereda, los sectores que históricamente dinamizan el mercado interno, sostienen a las pequeñas empresas y demandan mayor volumen de mano de obra se desplomaron: la industria manufacturera cayó un 11,6% y la construcción se hundió un catastrófico 23,8%.  

Este patrón productivo responde a una lógica de reprimarización pura. El Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) actúa como la corona de este diseño económico al otorgar estabilidad fiscal, aduanera y cambiaria por treinta años a megaproyectos de carácter extractivo. La contracara es la desprotección absoluta del entramado local: el RIGI deja completamente afuera cualquier exigencia de Compre Nacional (proveedores locales), agregado de valor en territorio o generación de empleo calificado. 

Mientras las actividades vinculadas a los recursos naturales concentran las prerrogativas del modelo, las pymes industriales y el sector constructivo quedan expuestos a tasas reales positivas, apertura importadora asimétrica y la total paralización de la obra pública. 

La paradoja más cruda del modelo se observa en el comportamiento de los propios sectores “ganadores”. Actividades extractivas como la minería e incluso el sector de la intermediación financiera, a pesar de haber incrementado sus niveles de rentabilidad, destruyeron puestos de trabajo registrado.

La premisa teórica de que el crecimiento de ciertos sectores genera un «derrame» automático hacia el resto de la sociedad queda desmentida por la realidad del mercado laboral argentino. De acuerdo al informe, el empleo registrado total acumuló una reducción del 3,1% respecto de 2023. De las 14 ramas de actividad analizadas en el tejido productivo, apenas cinco lograron sostener una variación positiva en la creación de puestos de trabajo registrados. 

La paradoja más cruda del modelo se observa en el comportamiento de los propios sectores “ganadores”. Actividades extractivas como la minería e incluso el sector de la intermediación financiera, a pesar de haber incrementado significativamente sus niveles de rentabilidad y peso macroeconómico, destruyeron puestos de trabajo registrado. Al estructurarse bajo una modalidad de enclave con uso intensivo de capital financiero pero escasa absorción de mano de obra local, la especialización primaria se muestra totalmente incapaz de compensar el desmantelamiento laboral provocado en la industria y la construcción. 

Esta desconexión total entre las ganancias corporativas de los sectores concentrados y el poder adquisitivo del bolsillo familiar se traduce en una economía partida a nivel de consumo. Las familias argentinas se ven obligadas a achicar sus presupuestos en lo elemental. La comercialización en el mercado interno de productos indispensables como la leche, la carne y la yerba mate sigue estancada en niveles críticamente bajos. A la par, el encarecimiento de los servicios de transporte asfixia el poder de compra: el precio real de la nafta súper aumentó un 59,5% desde diciembre de 2023, provocando una caída del 4,3% en su consumo frente a ese año.  

El rumbo macroeconómico adoptado sacrifica conscientemente el tejido industrial, el empleo y el bienestar social en el altar de una especialización primaria y financiera que beneficia a pocos y vacía la mesa diaria de los argentinos. 

 

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