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Salir a la calle: un antídoto ante el imperio de la crueldad
Un recorrido punzante por el autoritarismo del gobierno de Milei y la voracidad de un sistema que enferma. Frente al desprecio oficial por la democracia y el impacto físico y psíquico de la crueldad cotidiana, las calles y la organización colectiva se consolidan como refugio y camino para recuperar la esperanza en una Argentina que resiste.
- mayo 17, 2026
- Lectura: 3 minutos
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- mayo 17, 2026
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Pido permiso para hacer un popurrí de grajeas escritas sobre percepciones y sensaciones que este tiempo alocado me disparan y provocan.
El jueves por la tarde el presidente Javier Milei volvió a dedicarle dos horas y media a un streaming en un canal libertario, con simpatizantes que terminaron aplaudiendo los insultos y descalificaciones, además de las mentiras que dijo el jefe de Estado.
Allí quedó claro –cada vez que habla Milei queda mucho más claro– que no entiende, no acepta ni respeta y tampoco cumple con las reglas de la democracia, a la cual desprecia y niega, más allá de haber llegado a la presidencia a través de este sistema.
También queda en evidencia que Milei no se hace cargo de su gestión y de los pésimos resultados que tiene su gobierno. Para el presidente, los diez meses de inflación al alza, antes de llegar a este 2,6 % de abril, obedecieron al “riesgo kuka, a los intentos de golpe de Estado, a lo que hacía el Congreso con las leyes, a la gente que -dice Milei- nos tiraban a la calle para tratar de generar inestabilidad”. Sigue sin comprender que la gente sale porque no puede soportar semejante ajuste y mishiadura. También volvió a cargar sobre los periodistas y los medios haciéndolos partícipes de ese intento de desestabilización y golpismo.
El presidente no admite el disenso, el debate de las leyes y desprecia a los ciudadanos/as peticionando y defendiendo sus derechos, no soporta que el periodismo muestre la realidad que él quiere ocultar. Si quienes lo están acompañando en este camino de autoritarismo creciente no reaccionan a tiempo serán responsables de la definitiva muerte de esta democracia que agoniza a pasos agigantados.
Otra percepción: ¿Cuán dañino puede ser este sistema capitalista feroz sobre las personas?
Empecé a preguntarme esto con mayor frecuencia luego de que varias personas de mi entorno, de mi cercanía familiar, laboral, de amistades comenzaron a padecer distintos problemas psíquicos y físicos.
¿Cómo contrarrestar estos padecimientos? El antídoto para dejar de padecer o limitar los efectos de esta realidad está en juntarse con aquellos que comparten una mirada, un proyecto, una acción, que pueden contenernos a través de una presencia que indica que no estamos solos/as y que vale la pena intentarlo.
Estamos en un sistema capitalista de una ferocidad atroz. En realidad la categoría de capitalismo queda desactualizada ante una tecnocracia financiera tecnológica, anárquica y deshumanizada que nos desordena la vida y trastoca valores y conceptos como libertad, solidaridad, trabajo, estado, comunidad, dejando a los individuos, a las personas, inermes e indefensas.
Padecimientos variados, como ansiedad, depresión, angustia, insomnio, picos de hipertensión, infartos, accidentes cerebro vasculares se comienzan a sufrir sin importar edad, pertenencia o rango social. La presión para sobrevivir en un mundo en donde el odio y la crueldad parecerían ser moneda corriente se hace insoportable y tritura a cualquier ser humano.
¿Cómo contrarrestar estos padecimientos? El antídoto para dejar de padecer o limitar los efectos de esta realidad está en juntarse con aquellos que comparten una mirada, un proyecto, una acción, que pueden contenernos a través de una presencia que indica que no estamos solos/as y que vale la pena intentarlo.
La nueva marcha en defensa de la universidad pública y por el cumplimiento de la ley mostró cuál es el camino. Más allá de cualquier discurso o análisis, los testimonios que recogieron los medios y las redes en ese día, en donde se vio y escuchó a profesionales, docentes, científicos, decanos, alumnos, personas con alguna discapacidad fue suficiente para no sentirnos solos y encontrar otra vez la huella que nos lleve a una mejor realidad que esta pesadilla.
La semana próxima serán los trabajadores de la sanidad los que llenen las calles en defensa de la salud pública. Médicos, enfermeros/as, técnicos, auxiliares y allí también deberemos estar todos y todas acompañando una lucha que es de un pueblo que merece tener atención sanitaria de calidad.
No normalicemos que los que damos batalla en las calles somos desestabilizadores y golpistas, como dice el presidente. Somos ciudadanas y ciudadanos que peleamos por nuestros derechos y el único que desestabiliza es Milei y su gabinete, intentando someter al pueblo argentino, que por suerte tiene tradición de lucha y resistencia.
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