Argentina, gobernada por sus propios traders
Cavallo no es el primero en advertir el riesgo de confiar el destino del país a un trader como Luis Caputo, aunque el problema no es qué tanto conoce de teoría económica, sino lo desconectado de la vida cotidiana de los ciudadanos de a pie. Como dijo Luis Landrisina alguna vez: poner a cuidar la economía a un financiero es como dejar al perro cuidando el asado. ¿Qué significa estar gobernados por los traders?
- mayo 12, 2026
- Lectura: 3 minutos
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Un trader es la persona que compra o vende activos financieros, por cuenta propia o para algún banco de inversión. Estos activos pueden ser acciones de empresas, contratos a futuro o bonos de deuda pública y privada. Son los animadores de un capitalismo financiero que se origina, según Eduardo Basualdo, cuando Estados Unidos, a principios de los ’70, disuelve los acuerdos de Bretton Woods que habían vinculado al dólar con el patrón oro y regulado el comercio internacional desde la Segunda Guerra. A partir de allí, se difunde la especulación monetaria. El capítulo argentino fue la bicicleta financiera que estimuló la última dictadura militar: los especuladores se endeudaban en dólares, los pasaban a pesos para aprovechar las altas tasas de interés y luego aprovechaban el dólar barato para fugar el capital ganado. Mismo carry trade que hoy impulsa el gobierno.
El sistema financiero es un espacio de interacción entre múltiples actores de todo el mundo que apuestan a multiplicar sus ganancias acertando los títulos que van en suba y desprendiéndose antes que vayan a la baja. Es la imagen de un ‘juego’, sostiene Fernando Ampudia de Haro, “entendido en una doble acepción, bien como azar, bien como una suerte de competición deportiva”. No es raro, entonces, querer gobernar ese azar. Manejar el Estado permite, por un lado, generar las condiciones para garantizar buenas ganancias, como puede ser el arribo de dólares que mantengan el carry trade, mediante el endeudamiento externo del país, la llegada de capitales especulativos y fomentando las exportaciones. También permite, por otro lado, saber cuándo salir y contar con los fondos para hacerlo. El operador entre ambos es el ajuste que garantiza el superávit comercial y fiscal, aunque deprima amplios sectores de la economía.
Como juego competitivo, el mundo financiero también reparte reconocimiento: el hombre calculador, exitoso e impiadoso, o la mujer que sabe asumir esos rasgos de virilidad. Eso explica el estilo violento con que festejan lo que para ellos son logros y la jerga de sometimiento que utilizan con la oposición.
Como juego competitivo, el mundo financiero también reparte reconocimiento: el hombre calculador, exitoso e impiadoso, o la mujer que sabe asumir esos rasgos de virilidad. Eso explica el estilo violento con que festejan lo que para ellos son logros y la jerga de sometimiento que utilizan con la oposición.
Existe una enorme cantidad de cursos y publicaciones que prometen formación para ser un trader profesional, para llevar adelante una autotransformación que te lleve al éxito, según las investigaciones de Daniel Fridman. En ellos se aprende a analizar los mercados y a controlar las emociones para que no interfieran en las decisiones de negocios. Las finanzas son una tecnología, se miden por su eficiencia no por su aporte a la comunidad. Los traders en el poder dirán lo que se necesite decir, no importa si coincide o no con la realidad o si es ridículo, están coacheados para eso. “La mentira no es un accidente -sostiene Pablo Tigani-; es parte del negocio. Se trata de farolear, de sostener el relato hasta que el otro (el pueblo, los jubilados, las provincias) se quede sin fichas”. Los efectos que sus políticas puedan tener en la estructura social y productiva, en el medio ambiente, en la cultura comunitaria y en la ciudadanía no tienen lugar en sus especulaciones.
El mundo financiero supone una socialidad muy distinta a la de la economía real, de los chacareros, los industriales, el comercio y los trabajadores. En el campo, la fábrica o el local, empleador y empleado conviven, se ven cara a cara, cooperan para producir y negocian o se enfrentan por el reparto de las ganancias o el sostenimiento de las pérdidas. Deben alcanzar un pacto social que establezca un horizonte de desarrollo. Los traders no se ajustan a eso. Con un clic desde su celular pueden huir rápidamente de un país y refugiarse en otro. No se sienten responsables por las consecuencias de esa acción sobre el territorio. Una política de desarrollo puede generar ganancias al capital financiero, pero en tiempos más largos; una país reducido a estrategia financiera está dejando un tendal de quiebras y endeudados.
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