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Arrancaron los playoffs: en el fútbol no siempre gana el mejor

El fútbol argentino vuelve a demostrar que la lógica es su mayor enemiga. En una jornada marcada por el “caos de lo impensado”, Boca tropezó en la Bombonera ante Huracán, los mendocinos resignaron su invicto local frente a Unión y Estudiantes cayó tras liderar su grupo. Los octavos de final dejan un tendal de favoritos eliminados y la certeza de que, en este juego, la efectividad manda sobre el estilo.

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resumen de la fecha

—¿Y bue… el fútbol es así? —se angustia y se enfervoriza a la vez el ruso Yevgeny Vogarin.

—¿Así cómo? —exclama apasionado el norcoreano Cho.

—Son 11 contra 11. No siempre gana el mejor —sentencia el ruso.

—Pero Boca venía jugando cada vez mejor, salió segundo en su grupo y Huracán entró sin querer. Hace un gol de rebote de espaldas. Le echan a dos jugadores. En la Bombonera.

—Cualquiera le gana a cualquiera. Es un partido; en 90 minutos puede pasar de todo —insiste el ruso.

—Y encima gana 3 a 2 con dos goles del paraguayo Romero. ¿Dónde estaba Romero? ¿Vino para este partido? —se desespera el norcoreano.

No gana el que juega lindo. Gana el que la mete. El que es efectivo.

 

Ya a esta altura vamos develando de a poco que el ruso se está divirtiendo con la situación y tira frases hechas para hacer calentar a Cho, que trata de entender los resultados de los octavos de final de la Liga de Fútbol Argentino.

—¿Andá a saber qué pasó con los mendocinos? Se comían a todos. Sacaron no sé cuántos puntos de ventaja. Van primeros en la Copa Libertadores ¿y pierden de local con Unión de Santa Fe? ¿Es en serio?

—¡Tarragó, Tarragó! —satura el grito de Vogarin.

—No jodas, Yevgeny, estoy tratando de entender.

—La dinámica de lo impensado —sigue la ironía del ruso.

—Pero pierden de local 2 a 1 con Unión, que clasificó octavo de última. Ni ellos lo deben creer.

—Y es la máquina de construir y triturar personas a la vez. Por un lado salen los más pintados, bellos, rubios, altos y atléticos; y por el otro lado de la máquina, los destrozados —insiste el ruso en su afán de ironizar ahora poéticamente.

—El artefacto multidimensional global no descansa —remata Yevgeny.

—¿Y Estudiantes, que sin jugar a nada ganó su grupo, clasificó primero y le tocó Racing, que estaba para echar al técnico y también perdió? —grita arrodillado en el suelo de su habitación el norcoreano Cho, al borde de las lágrimas.

Se gana por detalles, mi estimado Cho. Hay que estudiar al rival. En el fútbol todo puede pasar.

—¿Qué pasó, profesor? ¿Cómo te explico, ruso querido? ¿Cómo te explico, Cho? —Goza el ruso con sus frases hechas al ver que Boca venía bien y cayó.

¿Y River? Le ganó a un San Lorenzo que jugó con diez casi todo el partido recién en el sexto penal. Empató 2 a 2 en el alargue, en la última jugada, con un centro que nadie cabeceó y entró sola mientras las tribunas cantaban “que se vayan todos” —se desespera el norcoreano, ya tirado en el suelo con una postura corporal crística.

—El fútbol es un sistema dinámico de 22 variables en interacción constante, donde el espacio y el tiempo se negocian en décimas de segundo —ya se pasa con esta el ruso y estamos al borde de intervenir, pero lo dejamos seguir a ver hasta dónde es capaz de llegar.

—Un deporte de decisiones bajo incertidumbre. El jugador no elige entre opciones ideales, sino entre opciones posibles en un contexto que cambia 60 veces por minuto —sigue redoblando la apuesta el hombre de Vladivostok mientras continúa construyendo figuras de papel con sus habilidosas manos.

Nooo, por favor, callen a este hombre —suplica el norcoreano retorciéndose en el frío suelo de Corea del Norte.

—La táctica es geometría aplicada. Cada pase y cada desmarque redefinen los ángulos de pase, tiro y cobertura —sigue el ruso.

—¡Noooooooooo, quiero entender! —grita al borde del llanto Cho.

—El pressing, la transición y la posesión son tres lenguajes distintos para responder a la misma pregunta: cómo controlar el caos —continúa Yevgeny, que parece no tener ningún límite.

¿Y Vélez? ¿Cómo me explicás que perdió 1 a 0 contra Gimnasia de local, también en un once contra diez? Era tu candidato —replica Cho con bronca, mientras intenta incorporarse acomodando su cuerpo sobre una de sus rodillas.

—El fútbol es una experiencia de tiempo comprimido. En 90 minutos se condensa ascenso, caída, redención y frustración, sin segunda toma —lanza el ruso, que parece fuera de control.

—Por favor, profesor, ayude; a voluntad, lo que pueda, pero ayude. Necesito entender qué pasa con este maldito juego —ruega el norcoreano, que parece exageradamente desconsolado (porque, en realidad, él es hincha de Platense).

¿Cómo sigue la cosa? En cuartos, Belgrano va con Unión y Argentinos con Huracán el martes. Y Central con Racing y River contra Gimnasia el miércoles.

—Es cierto que los resultados en muchos casos no fueron los esperados a priori, pero bueno, también se dieron algunos lógicos como el de Rosario Central, que le ganó a Independiente de local 3 a 1.

—¿Hizo gol Di María? —sacude el ruso con la cadena ya totalmente salida de lugar.

—Ja, ja, ja. Es como yo les digo, chicos. Es un juego de contagio. El que está mejor anímicamente le gana a cualquiera.

—¿Qué tomaste, Yevgeny? ¿Estás puesto? —interpela el coreano, ya creemos que con calentura.

—El juego es un ejercicio de libertad dentro de un marco. Dentro de sus reglas, ocurre la creación ilimitada.

—Nunca, nunca le había ganado Belgrano una definición a Talleres. Además, hacía 20 años que no le ganaba un partido. ¡20 años, profesor! Si hasta le pudo haber hecho cuatro goles más de contragolpe, pero les daba miedo a los delanteros.

—Sí, Cho, es cierto, pero acá te voy a decir que Belgrano jugó este torneo mucho mejor que Talleres; incluso también fue uno de los elegidos de Yevgeny, con su técnico, el Ruso Zielinski, a la cabeza.

—El fútbol no busca la perfección platónica. Busca el momento justo, la ejecución imperfecta pero eficaz —tira el ruso dispuesto a todo.

—Bueno, Cho, también tenés a Argentinos Juniors, que venció a Lanús de local por 2 a 0 en un resultado bastante explicable.

—¿Ahora usted también me la picantea, profesor? —vuelve a pucherear el norcoreano.

—No, Cho, solo fue un dato más. Guarda silencio el coreano.

 

—El fútbol es un laboratorio social donde se prueba cómo cooperan desconocidos bajo un objetivo común y un reloj corriendo —agrega indomable el ruso.

—Bueno, yo me voy yendo, este pibe no para —resignado, comenta el norcoreano.

—¿Y cómo sigue esto ahora? —agrega antes de cortar Cho.

—Belgrano va con Unión y Argentinos con Huracán el martes. Y Central con Racing y River contra Gimnasia el miércoles.

—Chau, profesor, abrazo, lo quiero mucho —cierra Cho.

 

Mientras, desde el oriente ruso, Yevgeny no para:

—El fútbol no busca la perfección platónica. Busca el momento justo, la ejecución imperfecta pero eficaz. Al final, el fútbol es memoria colectiva en tiempo real. Lo que pasa hoy se convierte mañana en mito, estadística y enseñanza. Triste, solitario y final. Es un juego, perejiles. Jajajaja…

 

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