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Pablo Perazzi: “El gobierno y la justicia le tienen miedo a la marcha universitaria”

El titular del sindicato de docentes de la Universidad de Buenos Aires (Feduba) analiza el conflicto entre las universidades y la gestión de Javier Milei. Entre el ajuste fiscal, el veto a la ley de financiamiento y la parálisis judicial, la comunidad académica se prepara para una movilización masiva este 12 de mayo. El riesgo de perder docentes calificados y el valor de la universidad como último refugio de ascenso social.

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Imagen ilustrativa de Pablo Perazzi

El martes 12 de mayo el conflicto universitario se trasladará a las calles de todo el país. Ese día el Consejo Interuniversitario Nacional, sindicatos docentes y no docentes aspiran a movilizar a cientos de miles de personas para reclamar al presidente Javier Milei la aplicación de la ley de financiamiento universitario votada cinco veces el año pasado. Por ahora, se niega bajo el argumento de defender el superávit fiscal, el talismán sagrado que arreglaría todos los males.

El epicentro de la convocatoria estará en la Ciudad de Buenos Aires, quizás la más universitaria del país. A las 15 saldrá puntual una columna de la Universidad de Buenos Aires desde Plaza Houssay rumbo a Plaza de Mayo, el lugar principal de la protesta, prevista para las 16:30. En paralelo, habrá movilizaciones en todas las ciudades del país. 

Los más optimistas pronostican un número cercano al millón de personas, como sucedió en la primera marcha de abril de 2024. Para ello, desde la comunidad universitaria vienen realizando múltiples manifestaciones que van desde clases públicas frente a una de las propiedades del jefe de gabinete, Manuel Adorni, hasta la atención gratuita de pacientes en las facultades de ciencias médicas.

Pablo Perazzi, líder del sindicato de docentes de la UBA (Feduba) y uno de los organizadores de la marcha federal universitaria, dialogó con 4Palabras en la víspera a la marcha. Caída del salario, pérdida de docentes calificados y desfinanciamiento que atenta contra el funcionamiento son algunas de las constantes de una relación conflictiva que, parece, es sin retorno. Perazzi asegura que Milei pasará y no podrá con 400 años de historia. Sin embargo, advierte de los efectos que tendrá esa política; los cuáles recién se verán en cinco o diez años.

“Siempre estuvo presente el ideario de la marcha, por todo lo que sabemos, es una marcha que ya no le pertenece exclusivamente a los universitarios, es una marcha que convoca y condensa a un montón de sectores”, explica Perazzi. 

Para el líder docente, en la calle confluirán aquellos que valoran a la universidad como un resorte de ascenso social (“mi hijo el doctor”) con las nuevas generaciones incluidas en las 19 universidades nacionales creadas durante el kirchnerismo (2003-2015). Estas últimas, en particular, produjeron una identificación de la comunidad con el ideario universitario. “En la universidad se transmiten los valores de la solidaridad, del compañerismo, de la formación de ciudadanía, de la vida en común, del trabajo comunitario”, señala Peruzzi.

“Las consecuencias de estas políticas de destrucción del sistema público universitario y el sistema científico tecnológico las vamos a ver en cinco o diez años”, analiza Pablo Perazzi. Y piensa que el orgullo de aparecer entre las mejores universidades del mundo ya no sucederá.

Los reclamos salariales y la ley de financiamiento universitario

La relación entre los sindicatos universitarios y el gobierno de Javier Milei nació torcida. Con la megadevaluación hecha a poco de asumir en diciembre de 2023, los docentes y no docentes universitarios perdieron entre un 18% y 20% de poder adquisitivo, denuncian los sindicatos. “Siempre perdimos frente a la inflación”, remarca Perazzi, incluso cuando había reuniones paritarias. Nunca recuperaron lo perdido y cada actualización fue a la baja. Hoy no hay diálogo. Ni siquiera les atienden el teléfono. 

Promediando 2024, al reclamo por salarios se le sumó el del funcionamiento universitario. Ahí nació la primera marcha federal, convocada por todos los actores de la comunidad universitaria. Fue un éxito en número e impacto político, pero casi no movió la mirada del gobierno nacional. 

“Por diversos motivos ya se veía a un gobierno que estaba corriendo todos los límites. Por eso, apelamos a otro de los poderes del Estado, el Legislativo. Ahí fue donde se estableció la posibilidad de que saliera una ley de financiamiento universitario, cosa que efectivamente ocurrió. Es una de las leyes más votadas desde la recuperación de la democracia. Fue votada cinco veces”, remarca Perazzi.

El presidente Milei nunca quiso esa ley e, incluso, la ubicó dentro de un plan desestabilizador. La reacción fue el veto que luego se logró volver a aprobar. A pesar de ello, siempre se buscó una excusa para no aplicarla. Se fue a la Justicia y, después de algunos fallos a favor de la norma, el gobierno logró que se suspenda la obligación de aplicarla hasta que defina la Corte Suprema, sin plazos para emitir un definir. Un canto a la esperanza.

“Nosotros, por supuesto, confiamos en que el gobierno y la justicia le tienen miedo a esta marcha, por la contundencia que va a tener. Ahora, si esa marcha va a torcer la muñeca, eso no lo sabemos”, admite Perazzi. 

Ante la intransigencia del gobierno y su dogma fiscalista, la pregunta es si la marcha podrá torcer esta política. Perazzi está seguro que desde la Casa Rosada no se moverán. ¿Entonces? ¿Cuál es el sentido?

“La marcha federal en sí es una instancia de encuentro. Va a catalizar un montón de sectores que están siendo agredidos por el gobierno nacional y van a apuntalar nuevas acciones”, estima Perazzi y la piensa como una avanzada de una lucha más abarcativa que deba encabezar la clase obrera en su conjunto.

“La marcha viene a cumplir un mojón importantísimo para futuras protestas”, pronostica.

 

Las consecuencias del desfinanciamiento

La política del gobierno nacional ya tiene consecuencias concretas. En todo el sistema universitario nacional ya se perdió más del 10% de la planta docente, denuncian desde los sindicatos. 

“Lo que sí se sabe es que los efectos de estas políticas de destrucción del sistema público universitario y el sistema científico tecnológico, las consecuencias las vamos a ver en cinco o diez años”, analiza Perazzi.

Incluso va más lejos el líder de Feduba. Piensa que el orgullo de aparecer entre las mejores universidades del mundo ya no sucederá. Las razones son claras, sin financiamiento para investigaciones, provocará menos publicaciones, papers, libros, ponencias en congresos, entre otros hitos que apuntalan los prestigios de las casas de altos estudios.

A pesar del panorama desalentador que describe Perazzi, cree que este momento pasará: “Las universidades nacionales en este país tienen más de cuatro siglos de historia, si te remontás a la Universidad Nacional de Córdoba. Este gobierno tiene 2 años y 5 meses. No va a poder con nosotros”.

4Palabras

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