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Cristina y Kicillof: la interna peronista sobre el filo de la cornisa
Mientras las encuestas muestran la caída del gobierno y el malestar social se muestra en la calle el peronismo calienta motores y desarrolla su propia interna. La danza de los candidatos. ¿Primero los nombres o primero el programa? La situación de Cristina encarcelada y proscripta en el centro de las consideraciones. El riesgo de la interna salvaje.
- mayo 6, 2026
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La reunión Rocca-Macri fue la punta del iceberg. El escaso entusiasmo que provocó el discurso de Javier Milei en la cena de la Fundación Libertad fue otra cara del mismo fenómeno: el mundo del poder económico trasunta inquietud porque el gobierno no muestra resultados. En el otro lado de la historia, el malhumor popular se siente en la calle pero no encuentra una convocatoria unívoca. El malestar es mucho mayor de lo que expresan los actos y las movilizaciones. Y el peronismo se debate con Cristina Kirchner presa, la fuga de gobernadores amigos del oficialismo y un debate con Axel Kicillof, el que más mide en las encuestas.
La bronca es cada vez más fuerte y no tiene nombre ni dueño político. Las encuestas muestran una caída abrupta de la imagen de Milei. Y los que miden mejor son los que la sociedad visualiza como los que están más lejos del ajuste libertario: Miriam Bregman, Axel Kicillof y Cristina Kirchner y algunas suman a Juan Grabois.
Pero imagen no es lo mismo que intención de voto y nadie sabe cómo será la composición del voto en elecciones generales. Porque es difícil evaluar cuantos de los que no les gusta Milei, igual lo votarían porque son antiperonistas o por cualquier otra cuestión. Y lo mismo al revés. Las encuestas pintan un escenario más simpático para la oposición y, dentro de ella, para el peronismo. Pero en el país real nadie tiene la vaca atada, el voto se ha mostrado volátil en una gran parte de la sociedad que define los resultados.
El gobierno no tiene muchas posibilidades de recomponerse porque aunque reciba miles de millones, ni uno solo irá para resolver los problemas de la gente de a pie que dejó de comer carne y comprar remedios, que tiene salarios miserables o perdió su trabajo y que ni puede subirse a un colectivo o alquilar una vivienda. Igual de inestable es el escenario internacional, con elecciones en Estados Unidos y Brasil, dos de los tres socios más importantes de Argentina. Y con el trasfondo de la disputa entre China y Estados Unidos. Todos saben que, al menos por ahora, ganó China, pero es difícil visualizar el lugar donde jugará Estados Unidos. Esa puja tensionó a las grandes corporaciones locales.
Sobre ese escenario movedizo, el peronismo tiene que precalentar para el año que viene.
Aparecieron dos que juegan de outsiders y, como tales, niegan sus candidaturas pero dejan que circulen: el banquero multimillonario Jorge Brito, dueño del Banco Macro, y el pastor Dante Gebel, que reside en Estados Unidos. Desde Macri, el guión de los que vienen de fuera de la política se basa en que parte del electorado quiere algo nuevo, aunque sea idiota, en el sentido griego de la palabra. No los votarían por programas sino “por el que prometa realizar sus sueños y terminar con sus pesadillas”, como dice Durán Barba. De esa cantera surgieron Mauricio Macri y el actual presidente. El pastor y el banquero son mencionados en el espectro del peronismo.
Desde la Cámpora se le recrimina a Kicillof que fue Cristina quien lo puso en carrera, primero en el ministerio de Economía y después en la provincia de Buenos Aires. Kicillof lo sabe y afronta tres problemas: no va a desligarse de Cristina, porque tiene que fidelizar el voto que comparten, pero al mismo tiempo necesita abrir la convocatoria a otro electorado. Y el tercer problema, central y decisivo, es que la gente quiere escuchar respuestas a sus necesidades.
En el otro extremo hay un planteo de primero el programa y después los candidatos. La exigencia surgió en parte de una militancia que se frustró al votar a Daniel Scioli, actual funcionario de Milei, o a Alberto Fernández, que defraudó expectativas. Con esa idea se hizo también la convocatoria “El peronismo debate” para la reunión del Peronismo Federal en Parque Norte en la que participaron intendentes, legisladores y dirigentes, incluso algunos cordobesistas del gobernador Martín Llaryora, massistas, albertistas e independientes que tomaron distancia de Cristina y Kicillof. En ese conjunto se anotan algunos de los que impulsan a Brito y a Gebel, así como dos del trío que conduce la CGT, Jorge Solá y Cristian Jerónimo.
Es un sector que por ahora tiene poco espacio. El fracaso libertario polarizó a la sociedad y minimizó la avenida del medio. En esa polarización, el peronismo mostró vigencia pese a la persecución, a la brutal campaña mediática en su contra y a los errores propios. Está en la mira de los disconformes con Milei pero no salió indemne. Su principal dirigente esté encarcelada, gobernadores como Osvaldo Jaldo, de Tucumán, Raúl Jalil, de Catamarca y Gustavo Saenz, de Salta han sido cómplices de las peores medidas del oficialismo. Y hasta la dura interna entre Kicillof y la Cámpora surge como secuela de ese desgaste.
Cristina Kirchner fue proscrita y encarcelada en condiciones rigurosas por sus posiciones políticas. Y si es la titular del PJ, resulta obvio que su liberación tiene que estar en las prioridades de cualquiera que esté alineado en ese partido o en esa corriente. Cristina y Kicillof son las dos figuras del peronismo con mejor imagen a nivel nacional. Una disputa entre ellos, los debilita. En el kirchnerismo, algunos dirigentes opinan que la libertad de Cristina tiene que estar junto con las propuestas de la campaña. Otros opinan directamente que debe ser amnistiada por el que gane las elecciones. Y otros no dicen nada.
En un discurso en Cañuelas, Máximo Kirchner fue muy duro con los dirigentes de la CGT que hablaron en el acto del Primero de Mayo y no mencionaron la situación de la ex presidenta. El reclamo fue legítimo: “nosotros queremos que Cristina sea la candidata –dijo Máximo– y lucharemos para lograr su libertad, si no la liberan, apoyaremos la candidatura de otros compañeros”. El texto que difundió el Peronismo Federal tampoco mencionó a Cristina.
Pero la disputa principal es con Kicillof, que surgió con mucha fuerza entre los más candidateables. Es una calificación muy alta en política mantener esa imagen positiva tan arriba después de gobernar casi ocho años la provincia más difícil. Desde el stablishment lo miran con poca simpatía y lo han presionado para que tome distancia de Cristina, porque en varios discursos se refirió a la “cárcel injusta” que sufre la ex presidenta. Miguel Angel Pichetto, que fue a visitar a la ex presidenta como gesto de pleitesía, planteó en una entrevista con Jorge Fontevecchia que, si quería ser presidente, “Kicillof tendría que dejar atrás el pasado”.
A su vez, desde La Cámpora se le recrimina que fue Cristina quien lo puso en carrera, primero en el ministerio de Economía y después en la provincia de Buenos Aires. Kicillof lo sabe y afronta tres problemas: no va a desligarse de Cristina, porque tiene que fidelizar el voto que comparten, pero al mismo tiempo necesita abrir la convocatoria a otro electorado. Y el tercer problema, central y decisivo, es que la gente quiere escuchar respuestas a sus necesidades.
Cualquier candidato del peronismo está obligado a equilibrar esas tres cuestiones. El compromiso por la libertad de Cristina resulta básico en el marco del PJ. Para algunos tiene que ser antes de las elecciones, para otros después. Pero el tema es ineludible. Y sobre esa base es difícil entender que no se llegue a un acuerdo. El camino consensuado sería el de una elección interna que defina las candidaturas.
La situación popular es de crisis extrema para millones de argentinos. El poder económico apostará a la confusión y el escepticismo de la antipolítica que hasta ahora le dio buenos resultados. Y el peronismo le hará el juego si no pone en el centro los problemas de la gente y, por el contrario, se desangra en una interna salvaje.
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