Salud mental: la otra epidemia
Un recorrido por prácticas en salud mental revela la urgencia de superar el modelo tradicional con un enfoque integral, territorial y de escucha activa. Frente al aislamiento digital y el aumento de casos en el país, fortalecer la prevención, la posvención y las redes comunitarias se vuelve indispensable para acompañar el bienestar colectivo.
- septiembre 28, 2026
- Lectura: 3 minutos
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La salud mental se ha convertido en un problema que preocupa a toda la comunidad, tanto a aquellos que están pasando por un padecimiento psíquico y a su entorno, como a quienes les alarma la cantidad de suicidios que sufrimos en el país. Hace unos días asistí a una jornada de intercambio académico intersectorial sobre prácticas en salud mental, y las intervenciones iban desde las infancias hasta los adultos mayores, con realidades y demandas muy diversas. Curioso, hice un recorrido random por las mesas y anoté rasgos compartidos por las distintas exposiciones.
Los trabajos compartían un enfoque integral de la salud, que supera la idea de un cuerpo enfermo que se lleva al médico. Acorde a la Organización Mundial de la Salud (OMS), plantearon la salud como un estado de completo bienestar físico, mental y social, lo que lleva a no quedarse solo con la atención de quien requiere un tratamiento, sino favorecer activamente las condiciones comunitarias y organizacionales para que las personas puedan disfrutar, relacionarse y construir sus proyectos individuales y colectivos.
En segundo lugar, aparecía la cuestión normativa. Desde hace años la legislación avanza sobre el tema, creando marcos regulatorios, encuadres jurídicos y programas de atención. Sin embargo, se destacó la necesidad de dos cosas: grupos de profesionales que aborden la cuestión y la decisión política para poner los programas en funcionamiento. La cantidad de experiencias presentadas en la jornada dan cuenta de la existencia de ambos.
Aparecía, como tercer punto hilvanado, el trabajo en el territorio. Esto es, no encerrarse en las instituciones de salud esperando que llegue el paciente, sino insertarse en la dinámica comunitaria, en los espacios donde las personas se encuentran y tejen lazos sociales y desafíos comunes. Se remarcó trabajar en lo grupal, en la familia, en el club; mejorar nuestro entorno y nuestras relaciones, promover una cultura en las organizaciones que motive y comprometa.
La epidemia de trastornos psíquicos que se expande por el planeta circula en nuestras calles, se interna en nuestras casas, afecta nuestros seres queridos, pone a prueba nuestras defensas.
El cuarto punto en común fue la importancia de la escucha y el acompañamiento. La primera escucha, repitieron algunos. Dar espacio y confianza para poner en palabras lo que sucede. La palabra sana, da sentido, permite nombrar y exteriorizar algo que se siente, se vive internamente. La palabra permite trabajarlo, ponerlo en común. Luego sigue acompañar cada proceso, cada duda, cada singularidad.
Lo último que marqué como síntesis fue la necesidad de trabajar en la prevención tanto como en la posvención, el después de un hecho traumático. La atención de un profesional de la salud mental es una cuestión necesaria, pero no suficiente. Es preciso formar redes donde las personas puedan sentirse contenidas y motivadas.
Para comprender la profundidad del problema alcanza con decir que en Argentina el suicidio se transformó en la primera causa de muerte violenta entre los jóvenes. Según Naciones Unidas, “la depresión y la ansiedad están particularmente extendidas en América Latina: aproximadamente el 35% de las personas ha experimentado ansiedad, mientras que el 25% ha padecido depresión en algún momento de su vida (Valle, 2025). La prevalencia de trastornos de ansiedad y depresión es mayor en las zonas urbanas, donde los altos niveles de violencia, pobreza y desigualdad social intensifican la carga de salud mental”.
Una perspectiva comunitaria y territorial como la expresada en la jornada surge como contrapeso frente a las nuevas tecnologías que crean un entorno digital que favorece el aislamiento, dejando a cada uno solo frente al acoso, los haters y la comparación con vidas y cuerpos ideales e irreales. Scrollear puede volverse adicción. Las presiones pueden enredarnos en apuestas on line o endeudamientos a un solo clic en nuestro celular. El éxito o el fracaso se presentan como una cuestión netamente individual que desdibuja las construcciones colectivas.
La epidemia de trastornos psíquicos que se expande por el planeta circula en nuestras calles, se interna en nuestras casas, afecta nuestros seres queridos, pone a prueba nuestras defensas. Al inaugurar la jornada, Fernando Lescano, uno de los organizadores, aseguró que el encuentro no iba a tener ninguna utilidad. Utilidad en el sentido de un resultado medible en términos de eficiencia, eficacia y optimización de recursos. Claro, el mismo sistema que crea el problema, impone los indicadores de logro. Pero, quién dijo que no.
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