Prefacio inédito del Papa Francisco a un libro Gustavo Gutiérrez, teólogo de la liberación
El Vaticano dio a conocer el texto del prólogo, hasta ahora inédito, escrito por el papa Francisco para un libro póstumo del teólogo latinoamericano de la liberación Gustavo Gutiérrez. Bergoglio reconoce el aporte teológico y pastoral del sacerdote peruano que, en vida, fue cuestionado por la Santa Sede durante los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI.
- diciembre 31, 2025
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Gustavo Gutiérrez fue un sacerdote, filósofo y teólogo peruano que falleció en Lima el 22 de octubre de 2024 a los 96 años de edad. Fue un intelectual de gran renombre e incidencia en América Latina por encima de su condición de religioso y de personalidad de la Iglesia Católica. Se lo considera –esencialmente junto al brasileño Leonardo Boff– como uno de los fundadores de la “teología de la liberación”.
En 1971 publicó su libro fundamental, Teología de la liberación: Perspectivas, en el que planteó la no disociación entre la salvación desde el punto de vista evangélico y la liberación económica, política y social de los oprimidos, estos últimos representados en los más pobres. De esta manera, Gutiérrez le dio fundamento teológico a lo que los obispos latinoamericanos nombraron como “opción por los pobres” en la Conferencia General llevada a cabo en Medellín (Colombia) en 1968.
Por su posición teológica, pero también por sus críticas a la institucionalidad eclesiástica, Gutiérrrez recibió duras críticas del Vaticano e incluso algunas amonestaciones durante los pontificados de Juan Pablo II (1978-2005) y Benedicto XVI (2005-2013). Precisamente este último, cuando se lo conocía como el cardenal Joseph Ratzinger y era el prefecto (ministro) de la Congregación para la Doctrina de la Fe (ex Santo Oficio) durante el pontificado de Juan Pablo II, fue quien más críticas y observaciones hizo a las propuestas teológicas de Gutiérrez.
Con la llegada de Jorge Bergoglio al Vaticano (2013), la relación con Gustavo Guttiérrez cambió sustancialmente. Francisco recibió varias veces al teólogo peruano en la Santa Sede y ambos mantuvieron diálogos que los dos reconocieron como valiosos y espiritualmente profundos.
En los últimos años de vida, Gutiérrez se dedicó a escribir una obra considerada como su legado espiritual cuyo título original en español fue Vivir y pensar el Dios de los pobres, recopilando muchas de las propuestas hechas a lo largo de su trayectoria que incluye también un profundo conocimiento de la realidad social y de la Iglesia Católica en América Latina y el Caribe.
Gutiérrez no llegó a terminar el trabajo que había iniciado, pero la obra fue concluida por su discípulo Leo Guardado, de la Universidad de Notre Dame, quien editó los manuscritos que dejó el sacerdote peruano.
El teólogo de la liberación Gustavo Gutiérrez había recibido amonestaciones del Vaticano durante los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI. Con la llegada de Jorge Bergoglio al Vaticano (2013) la relación con Gustavo Guttiérrez cambió sustancialmente. Francisco recibió varias veces al teólogo peruano en la Santa Sede y ambos mantuvieron diálogos que los dos reconocieron como valiosos y espiritualmente profundos.
Ahora el libro póstumo de Gustavo Gutiérrez acaba de ser publicado por Editrice Queriniana con el título Vivere e pensare il Dio dei poveri (Brescia, 2025, 368 páginas) y cuenta con prólogo inédito de fallecido papa Francisco que lleva el título «Dios no olvida al más pequeño«.
El diario oficial del Vaticano, L’Osservatore Romano, publicó algunos extractos del prólogo del papa Francisco.
En el texto, Jorge Bergoglio recuerda que “Gustavo Gutiérrez, a lo largo de su larga vida, fue un fiel siervo de Dios y amigo de los pobres” y que “su teología moldeó la vida de la Iglesia y sigue vigente hoy, con una frescura que abre nuevos caminos para el seguimiento de Jesús”. Según Francisco, el teólogo fue “un gran hombre, un hombre de Iglesia que supo callar cuando era necesario, que supo sufrir cuando era necesario y que supo dar tanto fruto apostólico y una teología tan rica”.
Recuerda también Francisco que “en este último libro, Gustavo nos ofrece una vez más los frutos de su compromiso, su oración y su reflexión. Quiero destacar en estas páginas su profunda y perdurable fidelidad a la Iglesia a lo largo de su camino. Una fidelidad vivida con humildad, a veces con dolor, y fundamentalmente con libertad. Ya en la década de 1960, las inquietudes teológicas de Gustavo fueron surgiendo gradualmente a través de su historia personal, sus estudios y su labor pastoral”.
Refiriéndose al teólogo con la familiaridad de quien habla de alguien muy cercano, el papa Francisco afirma que “toda la reflexión de Gustavo nos ha llamado a estar atentos a los innegables cambios de nuestro tiempo, muchos de los cuales son positivos para la humanidad, incluso fascinantes, pero que a menudo ocultan o enmascaran los aspectos más crueles e inhumanos de nuestra realidad universal”. Y subraya Francisco en el prólogo que la pregunta constante de Gutiérrez ha sido: “¿Cómo podemos hablar de Dios a partir del sufrimiento de los inocentes?”. Un interrogante que “sigue siendo acuciante para los creyentes ante el poder de la injusticia y la mentira”.
Y finaliza diciendo Francisco que “los principios centrales de su teología buscan estar presentes allí donde la huella de Dios parece borrarse del ambiente cultural. Enraizada en la liberación que Cristo nos ofrece, su teología afirma la gratuidad del amor de Dios que nos involucra en la historia. La teología de Gustavo permanece en la Iglesia no como un hermoso tesoro del pasado, sino como ese ‘segundo acto’, una tarea siempre abierta para reflexionar sobre nuestra experiencia vivida de Dios; una experiencia ya iniciada y vivida precisamente donde nos hemos acercado a los heridos, abandonados al borde del camino, y desde donde buscamos decir con humildad, con tierna convicción, a los más pobres y a todos: ‘Dios te ama’ «.
El libro póstumo de Gustavo Gutiérrez recorre la idea de la teología como “carta de amor”, entendiéndola no apenas como un ejercicio académico sino como una experiencia pastoral y espiritual. Define la pobreza más allá de la carencia económica, como ausencia de posibilidades de incidencia social y avasallamiento del derecho a ser escuchado. Y la esperanza “como una forma de resistencia” y como fuerza que impulsa a construir el futuro desde la perspectiva de las víctimas.
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