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La ciudad entra la tormenta y el ajuste

Mientras los primos Macri se disputan la Ciudad y los libertarios le ponen precio al Presupuesto, el Gobierno porteño entra a las villas con 1.500 policías y recorta los recursos para urbanizarlas. El peronismo denuncia los abusos, pero evita una discusión que podría incomodar también a sus propias certezas: qué seguridad necesitan los barrios populares y qué Estado está dispuesto a garantizarla.

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La imagen muestra un despliegue de la Policía de la Ciudad de Buenos Aires durante el operativo conocido como “Tormenta Negra” (también denominado como su segunda edición en septiembre de 2026).

A Claudia le devolvieron a su hijo después de una noche en la comisaría. Estaba golpeado y nadie lo había revisado. «Por suerte ya está en casa, pero no está bien», le dijo a 4Palabras. «Lo que le hicieron a mi hijo no se le hace ni a los animales». Claudia vive hace más de treinta años en la 1-11-14, en el Bajo Flores, a metros de la cancha de San Lorenzo. En los papeles el barrio se llama Padre Rodolfo Ricciardelli, por el cura que vivió y trabajó ahí hasta su muerte en 2008, aunque casi nadie lo nombra así.

En otro pasillo, una mujer encontró a su hermano desmayado en el piso, con decenas de policías alrededor. Pidió una ambulancia. Un agente en moto le contestó que si seguía jodiendo se lo llevaban al destacamento.

Las dos escenas ocurrieron a fines de septiembre, durante Tormenta Negra, el nombre que el Gobierno porteño le puso a un operativo que se extendió a otros catorce barrios. Entraron mil quinientos policías a las villas, otros mil cien se apostaron en las paradas del Metrobús y un helicóptero sobrevoló bajo, por encima de las terrazas. Al final del día había diecisiete detenidos: once por venta de droga, tres por tenencia, dos por intento de robo (uno de ellos tenía 17 años) y uno con un pedido de captura pendiente.

Mientras Claudia esperaba noticias de su hijo, Jorge Macri eligió las redes para hacer su propio balance. Escribió que «nada discrimina más que la ausencia de ley» y atribuyó a estos desembarcos una caída del 70 por ciento de los homicidios en las villas. Para los que cuestionaron el operativo tuvo una etiqueta lista: «pseudo progres y garantistas».

 

Una interna con helicóptero

Jorge atraviesa la peor pelea de su carrera, y la pelea es con su primo. En los pasillos de Uspallata al 3100 cuentan que Mauricio negocia con los Milei un acuerdo para 2027 que trae una condición: la Ciudad sigue siendo amarilla, pero sin Jorge. El jefe de Gobierno no se quedó a esperar. Sumó a su mesa chica a Cristian Ritondo, que conduce el bloque de diputados nacionales del PRO, y subió la voz. Si los libertarios le disputan el votante que pide orden, él les responde con un helicóptero sobrevolando la 1-11-14. A los que viven abajo nadie les preguntó si querían quedar en el medio de esas disputas familiares.

 

Lo que dice la planilla

El proyecto de Presupuesto 2027 cuenta la misma historia con números. Justicia crece 42 por ciento por encima de la inflación. El Instituto de Vivienda, que tiene a cargo urbanizar esos mismos barrios, cae 17, y ya había perdido la mitad de su plata desde que asumió Jorge. La deuda se come buena parte del resto: de cada cien pesos que la Ciudad ahorra, 99,78 van a intereses. Las cuentas las hizo el bloque del peronismo y cualquiera puede verlas en internet.

Todavía tiene que votarse, pero cuando se armó ya estaba decidido que el Estado porteño iba a entrar a las villas con la policía antes que con la obra.

 

La trampa de la eficacia

Al peronismo la reacción le salió rápido. Fuerza por Buenos Aires habló de «una cantidad exorbitante de recursos» para «resultados casi nulos». Delfina Velázquez denunció un «show de racismo y discriminación» y cerró con una frase que se viralizó: «Esto no es un Gobierno, es la peor basura que vivió la Ciudad». Pitu Salvatierra y Andrés La Blunda abrieron el Salón Perón para que los vecinos contaran lo que les pasó, con el CELS, Amnistía y el Mecanismo de Prevención de la Tortura en la mesa. Esa audiencia hacía falta, y fue una de las mejores cosas que hizo la oposición en semanas.

El argumento que más se escuchó, de todos modos, fue la ineficacia. Mil quinientos policías para diecisiete detenidos. Quizás sea un buen título para el zócalo de algún canal de noticias, pero tiene un problema que se lee antes desde la política que desde lo comunicacional: hay una aceptación implícita de que esto se mide por rendimiento. Si la próxima Tormenta Negra termina con doscientos presos, ¿Fuerza por Buenos Aires va a decir que ahora sí estuvo bien?

El 70 por ciento de caída de los homicidios que sostuvo el jefe de Gobierno quedó flotando. Nadie lo discutió ni trajo otro número, así que Macri se quedó con la única cifra de resultados que circuló esa semana. Con pedir la serie completa alcanzaba: contra qué año se compara, cuántos homicidios son en números absolutos. Cuando la base es chica, un porcentaje así se mueve con muy poco.

Lo de «la peor basura» le habla a los propios, a los convencidos. A una madre de la villa que no deja salir al hijo de noche porque en la esquina venden, no le dice nada, y esa madre existe. Ahí adentro hay narco y hay tiros, y los primeros en ponerles el cuerpo son los que viven en esos pasillos, mucho antes que cualquier vecino de Palermo. También hay madres que tienen miedo de que la policía se lleve a sus hijos sin motivo. A veces son las mismas. Si la oposición aparece sólo para pedir que la policía se vaya, el Gobierno –como se dice en el hipódromo– gana caminando.

El argumento que más se escuchó fue la ineficacia. Mil quinientos policías para diecisiete detenidos. Quizás sea un buen título para el zócalo de algún canal de noticias, pero tiene un problema que se lee antes desde la política que desde lo comunicacional: hay una aceptación implícita de que esto se mide por rendimiento. Si la próxima Tormenta Negra termina con doscientos presos, ¿Fuerza por Buenos Aires va a decir que ahora sí estuvo bien?

Veinte bancas

Y, sin embargo, Fuerza por Buenos Aires tiene con qué dar esa pelea. Son veinte bancas, la primera minoría. El PRO tiene doce y La Libertad Avanza, catorce. Jorge Macri no aprueba su Presupuesto sin sentarse con alguien.

Los libertarios ya mandaron la factura. Pilar Ramírez pide bajar el ABL, eliminar las PASO porteñas y directamente cerrar el Instituto de Vivienda y la Dirección de la Mujer. El peronismo también llevó lo suyo: Claudia Neira presentó un monitor del Presupuesto, puso la vivienda en el centro y pidió eximir de Ingresos Brutos a todos los monotributistas, en una ciudad donde cuatro de cada diez familias pobres dejan más de medio sueldo en el alquiler.

El bloque tiene entonces la denuncia de Tormenta Negra, que va por el lado de los organismos de derechos humanos, y la pelea por el IVC, que va por el lado de las planillas. Hasta ahora, en público, nadie las puso juntas. Si lo hicieran, la discusión dejaría de ser garantismo contra mano dura, una pelea que el peronismo viene perdiendo hace años, acá y afuera. Se podría hablar de qué Estado necesitan esos barrios cuando no hay cámaras: que no se tapen las cloacas cada vez que llueve fuerte, que los centros de salud puedan atender más horas, que la escritura esté a nombre de quien vive en la casa. Y también una policía que esté siempre, que conozca a la gente, que investigue a los que venden droga y no aparezca cada tanto vestida como para la guerra.

Porque esto no arrancó en septiembre. En mayo hubo otra Tormenta Negra, con 27 detenidos y las mismas denuncias. Aquella vez el bloque peronista agregó un dato que merecía más vuelo: varios de los allanamientos que el Gobierno mostró como propios ya se habían hecho antes, por orden judicial. Jorge Macri se había colgado el trabajo de los juzgados. Eso quedó en un comunicado y nadie lo volvió a levantar. Va a haber más operativos, y estaría bueno que para el próximo el bloque tenga algo más que la indignación preparada.

El riesgo está en la letra chica. Peronistas y libertarios coinciden en el alivio a los monotributistas, que hace falta. Pero si el Presupuesto sale con un beneficio fiscal compartido y el IVC igual de enflaquecido, el peronismo habrá habilitado, por acción u omisión, la próxima Tormenta Negra.

 

Lo que viene

El jueves 15, la Marcha Federal Universitaria vuelve a convocar frente al Congreso, y esta vez hasta la UCR porteña confirmó que va. En la calle se discute algo parecido a lo que se discute en la Legislatura: qué se financia y qué se deja caer.

En noviembre llega León XIV. El lunes 9, a las once y media, va a dar misa frente al Monumento de los Españoles. Jorge Macri, que ya se reunió con el nuncio y habló de «un honor abrirle las puertas de la Ciudad», calculó entre 600 y 800 mil personas. En la Iglesia, en voz baja, ya hablan de más del millón y medio. En la agenda oficial figura una visita a la cárcel de Devoto. No sería raro que esos días el Gobierno porteño prefiera que no haya helicópteros sobre las villas. Va a haber mucha prensa extranjera mirando.

Después se irán los periodistas, León XIV volverá a Roma y el Presupuesto estará votado.

Claudia va a seguir viviendo en la 1-11-14. Su hijo también. A ella le importa bastante poco quién se quede con la lapicera del PRO. Quiere que su hijo pueda volver a casa sin que lo golpeen y que al día siguiente pueda salir sin miedo a los que venden en la esquina.

El Estado puede entrar a esos barrios con mil quinientos policías y un helicóptero. Lo que todavía tiene que demostrar es qué hace por ellos cuando se va el último patrullero.

4Palabras

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