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Nutrición: importa qué comemos pero también cómo se produce

Una perspectiva desde la salud y la soberanía alimentaria. El modelo de agronegocios impacta de tal manera que nuestros suelos, nuestra riqueza productiva, lo que nos alimenta, se va perdiendo junto con la diversidad. Este modelo no ofrece soluciones, sino que contribuye a generar malnutrición, inseguridad alimentaria y desigualdad social. La producción orgánica y la producción agroecológica, como alternativas.

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Desde hace algunas décadas, y en un contexto capitalista, la manera de producir nuestros alimentos cambió drásticamente. Se implementó un modelo, denominado “agronegocio”, que actualmente es la principal forma de producción alimentaria. El agronegocio impacta, y mucho. Ejemplos claros son las inundaciones en Bahía Blanca, la emergencia hídrica en Mendoza, los incendios forestales que se registran en la Patagonia Argentina, que además de ser intensificados por el cambio climático, tienen también una intención directa. ¿El objetivo? Utilizar territorios, producir más, a menor costo y con menor calidad. Nuestros suelos, nuestra riqueza productiva, lo que nos alimenta se va perdiendo junto con la diversidad.

El agronegocio es un modelo basado en la modificación genética de las semillas, la implementación e intensificación del monocultivo, la aplicación de productos químicos, y el empleo de maquinaria para siembra directa junto con el desplazamiento de la mano de obra campesina y, además, de las comunidades.

Entonces, ¿por qué es importante conocer nuestro sistema de producción alimentaria actual?

Porque nutrirnos también es eso, conocer cuáles son las decisiones políticas y ecológicas que nos  atraviesan. Esta forma de producir está generando graves problemáticas a nivel sanitario, ambiental, socioeconómico y cultural. Los productos químicos utilizados, popularmente conocidos como agrotóxicos, contaminan nuestros alimentos y recursos naturales, resultando riesgosos para la salud al provocar distintos tipos de enfermedades.

Por otra parte, en el intento de utilizar cada vez más tierras se producen desastres naturales, con prácticas que deterioran los suelos, causando pérdida de fertilidad y nutrientes, atacando a los ecosistemas y obteniendo productos de peor calidad nutricional.

En conclusión, este modelo no ofrece soluciones, sino que contribuye a generar malnutrición, inseguridad alimentaria y desigualdad social. Además del impacto medioambiental que genera.

¿Por qué es importante conocer nuestro sistema de producción alimentaria actual? Porque nutrirnos también es conocer cuáles son las decisiones políticas y ecológicas que nos atraviesan. Esta forma de producir está generando graves problemáticas a nivel sanitario, ambiental, socioeconómico y cultural. Los productos químicos utilizados, popularmente conocidos como agrotóxicos, contaminan nuestros alimentos y recursos naturales, resultando riesgosos para la salud al provocar distintos tipos de enfermedades.

Pero no todo está perdido, como solución frente a esta problemática, surgieron dos alternativas sustentables.

Por un lado la producción orgánica, mediante la cual se obtienen alimentos sin modificación genética, empleando insumos y fertilizantes orgánicos, y utilizando racionalmente los recursos naturales. Como está destinada principalmente al mercado externo, presenta certificación nacional e internacional, lo que provoca un aumento del costo y valor final de los alimentos.

Por otra parte aparece el sistema de producción agroecológica, basado en la agricultura familiar y destinado al mercado local, brindando alimentos seguros, de estación, frescos y nutritivos, con mayor aporte de vitaminas, minerales y antioxidantes. No utiliza agrotóxicos ni fertilizantes sintéticos, y respeta los ciclos naturales.

Este sistema agroecológico es lo opuesto al agronegocio; tiene por objetivo producir alimentos de manera sustentable sin intermediarios, lo cual garantiza un precio justo entre consumidores y productores locales, facilitando el acceso a los alimentos. Tiene como principio la soberanía alimentaria, cuyo fin es el de garantizar el derecho a una alimentación segura, accesible y adecuada, con el desarrollo de economías populares, el acceso a la tierra y nuestra participación como actores sociales en el proceso de producción y consumo de alimentos.

Frente a la vulnerabilidad alimentaria existente y la crisis climática, con un estado ausente, que no propone leyes que conserven territorios, que defienda a las comunidades y en un esquema donde gran parte de la población no tiene la posibilidad de elegir sus alimentos, resulta necesario un cambio de paradigma alimentario y social.

Conocer de dónde vienen nuestros alimentos, nos da identidad, nos propone un intercambio económico y nutricional. Promover políticas públicas que favorezcan la producción de alimentos de manera agroecológica, garantizando seguridad alimentaria, mayor biodiversidad y calidad nutricional, nos posibilita salud en nuestra mesa y protección de nuestro territorio.

Malena Raggio es Licenciada en Nutrición (UBA) @nutri.atr

Foto “Curanto” por Matías Garay @garaymatiaas

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