Argentina / 3 febrero 2026

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Números que brillan, bolsillos que crujen

El Gobierno saca pecho con el superávit y la baja del desempleo, pero la letra chica preocupa. Con un peso inflado que castiga a la industria, una “maquinita” de empleo que solo genera trabajo informal y reservas que no aparecen, el éxito macro choca contra una realidad social que no ve la salida.

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La heterogeneidad de los datos económicos actuales dificulta el análisis, la interpretación y la definición unívoca que se pretende mostrar de los distintos sectores. Es, precisamente, esta diversidad la que ofrece argumentos para relatar la realidad de maneras contrapuestas.

Noviembre cerró con un superávit comercial de U$D 2.498 millones, acumulando entre enero y noviembre de 2025 un total de U$D 9.357 millones. Estas cifras alimentan el argumento de que un peso sobrevalorado no impediría alcanzar saldos positivos. Sin embargo, un análisis objetivo no puede omitir factores clave: el ahorro en la importación de energía gracias al desarrollo de Vaca Muerta y una excelente campaña agrícola beneficiada por la baja de retenciones. En un escenario de sequía, como el vivido en 2022, el actual tipo de cambio habría derivado en un déficit comercial de gran magnitud.

La inflación de noviembre se ubicó en el 2,5%, acumulando un 27,9% en el año y un 31,4% interanual. Si bien las cifras siguen siendo elevadas, es innegable el proceso de normalización. No obstante,hay que advertir que, tras el 1,5% informado en mayo, la inflación mostró una tendencia alcista mes tras mes, con la única excepción de agosto, que se mantuvo estable.

Analizar el semestre anterior sin considerar el proceso electoral restaría objetividad. El Gobierno aplicó diversas medidas para sostener una aparente estabilidad. Sus consecuencias impactaron en la economía: desde elevar las tasas de interés a niveles asfixiantes para la industria, el comercio y los consumidores, hasta la dilapidación de reservas, una práctica recurrente en los años electorales argentinos.

 

Desigualdad y mercado laboral

El Coeficiente de Gini registró un valor de 0,431 en el tercer trimestre de 2025, el nivel más bajo desde 2022, lo que sugiere una leve mejora en la distribución del ingreso (donde 0 es igualdad total y 1 es desigualdad absoluta). Por su parte, el desempleo descendió al 6,6% en el mismo periodo. Sin embargo, este descenso ocurre en un marco de precarización estructural: el 84,5% de los nuevos puestos de trabajo son informales.

Ante una respuesta del mercado menor a la esperada —el país captó U$S 1.000 millones mediante un bono a cuatro años con una elevada tasa del 9,26%— el ministro Luis “Toto” Caputo anunció la recalibración de las bandas cambiarias y un plan para engrosar reservas a partir de 2026.

El orden macroeconómico logrado es un activo para el Gobierno, pero las dudas recaen sobre su sostenibilidad. La revista The Economist señaló de manera reciente que el intento por mantener un “peso fuerte” ayudó a bajar la inflación, pero lastró las exportaciones y dificultó la acumulación de reservas.

Ante una respuesta del mercado menor a la esperada —el país captó U$S 1.000 millones mediante un bono a cuatro años con una elevada tasa del 9,26%— el ministro Luis “Toto” Caputo anunció la recalibración de las bandas cambiarias y un plan para engrosar reservas a partir de 2026. Este nuevo esquema permitirá una devaluación marginal, pero mantendrá el peso sobrevalorado. Ajustar un dólar ya apreciado únicamente por inflación solo cristaliza el problema de competitividad.

Los sectores más afectados por el modelo —industria, comercio y construcción— son los mayores generadores de empleo. En contraste, los sectores en crecimiento (recursos naturales) no tienen la capacidad para absorber esa mano de obra, lo que pone en jaque la viabilidad social del sistema. Esta situación es crítica en los grandes conurbanos que dependen de parques industriales y que hoy no vislumbran una solución.

Finalmente, el Indicador de Confianza Empresarial del INDEC, que mide expectativas de producción y pedidos, reflejó en noviembre un valor de -22,3% (en una escala de -100% a 100%), evidenciando el pesimismo que aún impera en el sector privado. La pregunta, entonces, es: ¿el modelo aguanta o está atado con alambre?

 

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