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“Estados Unidos mostró que ya no es un socio confiable”
El memorándum de entendimiento firmado entre Estados Unidos e Irán reconfigura las relaciones de Estados Unidos con Medio Oriente y plantea un límite en la alianza norteamericana con Israel. Bruno Dalponte, doctor en Ciencia Política y Estudios Internacionales, desarma las variables de un acuerdo forzado por la presión de China y las urgencias domésticas de Donald Trump.
- junio 20, 2026
- Lectura: 7 minutos
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A mediados de mayo, la reunión entre Donald Trump y Xi Jinping en China sembró las bases de lo que pocas semanas después se materializó en Versalles: un memorándum de entendimiento entre Estados Unidos e Irán que le permite, a priori, ganar tiempo al presidente norteamericano. Firmado en ausencia de la delegación iraní, este esquema de promesas expone tanto la fragilidad interna del régimen de Alí Khamenei como el repliegue estratégico del mandatario estadounidense, condicionado por la inflación, el calendario electoral y la seguridad de la Copa del Mundo.
Bruno Dalponte es investigador y docente de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) y PhD en Estudios Internacionales de la Universidad de Birmingham. En diálogo con 4Palabras, desarma el entramado de una negociación que debilita el frente histórico de Israel y anticipa tiempos de menor margen de maniobra para América Latina.
¿Cuál fue el catalizador principal que forzó a Irán y a Estados Unidos a sentarse?
En los dos casos habría que analizarlo tanto en términos de variables domésticas como internacionales. Estados Unidos hacía rato que venía dando señales de querer separarse de las tensiones de Medio Oriente. Fue saliendo caóticamente de Afganistán, pero saliendo al fin, se separó también de muchos de los desarrollos en Siria, y ahí hay un factor importante que hace que lleve al gobierno de Estados Unidos a negociar incluso algo que, en términos generales, se ve como una derrota. A mediados de mayo hubo una reunión entre Trump y Xi Jinping en China, de la cual no salió ningún comunicado grandilocuente, ninguna resolución relevante, pero podría pensarse que, dentro de la búsqueda de normalizar las relaciones entre las dos grandes potencias, podría haber un pedido de China de tratar de pacificar el Golfo Pérsico, porque es donde se suministra una parte importante de su petróleo. Esas son las presiones externas para Trump. Y a nivel doméstico, viene con una inflación en ascenso, vienen también hacia finales de año las elecciones legislativas, y está en vistas por cuánto pueden llegar a perder los republicanos. Tienen un panorama complejo precisamente por la situación económica. Y el hecho de ser anfitriones del mundial y la posibilidad de que en este contexto haya incentivos para algún tipo de ataque, dejándolos en última instancia como incapaces de proteger al público, de llevar adelante eventos internacionales, puede haber jugado. No nos olvidemos que en última instancia es un memorándum de entendimiento, es un mapa de ruta, no son acuerdos o concesiones concretas, son promesas de que algo se va a llevar adelante, y Trump, particularmente, se ha caracterizado por hacer y deshacer y romper acuerdos o traicionarlos, con lo cual no llamaría la atención que exista la intención de ganar tiempo, de patear un poco la pelota.
¿Qué consecuencias tiene para Israel?
Como nunca antes en la historia reciente de Estados Unidos, tenemos funcionarios de alto nivel, incluyendo a Trump, al vicepresidente y al secretario de Defensa, diciéndole a Israel, “nuestra alianza tiene límites”. Dos tercios de las defensas antimisiles de Israel son estadounidenses. Estados Unidos le ha vendido muchísimo armamento en todo este periodo a Israel, y de repente le están diciendo, “hay un límite” y eso es una novedad, porque hasta ahora todo indicaría que los ataques del año pasado a Irán y los de este año fueron impulsados primariamente por Israel. Después sale el gobierno de Estados Unidos a decir: “No les vamos a permitir tener tal bomba”. Pero parecen siempre justificaciones ex post, no una estrategia planificada con anterioridad, sino que es más bien un “Israel nos lleva”. Esa óptica global de que Israel define estas estrategias de política exterior, le ha jugado muy en contra a Trump. Primero que lo ha desprestigiado o le ha restado margen de maniobra, pero a nivel doméstico las fuerzas armadas –que son súper disciplinadas y que no tienen problema con ir a la guerra donde sea- empezaron a aparecer cuestionamientos muy fuertes, incluso dentro de la oficialidad, de “por qué vamos pelear una guerra de Israel”.
¿Qué cedió Israel si leemos el entendimiento?
A priori implicaría que frenen los conflictos en Líbano. Es decir, que Israel no necesariamente se retraiga. Pero no menciona a Gaza en el acuerdo, entre otras cosas por cuestiones dentro del Islam, de distintas minorías. Irán no está preocupado por Gaza en sí mismo sino por Hezbollah y sus aliados en Líbano. Pero en última instancia habría un freno. Aunque en realidad también le da un arma a Israel, que hay que ver hasta dónde la quiere jugar, porque si Israel, como efectivamente lo hizo durante las últimas 24 horas desde que se anunció el acuerdo, sigue llevando adelante ataques en Líbano o no se repliega, entonces el acuerdo entero también se puede caer. Ahí la pregunta sería –y es difícil de responder– qué va a pasar si Israel se juega a que esto sea un bluff del gobierno de Estados Unidos, sigue atacando y si efectivamente le cortan el suministro de armamentos, por ejemplo. O si efectivamente está dispuesto a abandonar a su aliado histórico en la región. Vamos a saber en los próximos 15, 20 días qué es más importante para Estados Unidos.
¿Cómo se lee internamente en Irán este entendimiento?
Irán ha sostenido y ha podido demostrar una resiliencia inesperada al principio de la guerra, y esto lo ha logrado a partir de una atomización de sus capacidades militares, que se manejan de manera autónoma, y también ha podido mostrar la fuerza que logró facilitar esta negociación. Irán viene en una situación súper compleja a nivel doméstico. Primero, por todas las movilizaciones contrarias al régimen, que desde el año pasado cobraron mucha fuerza y por otro lado están las acusaciones contra Irán de asesinatos de miles de personas en manifestaciones, lo cual debilitaba al régimen en un contexto de mucha inflación. Se dificultó muchísimo la situación económica y viene de un proceso de sequía muy potente desde hace varios años –parte natural y parte incentivado por malas decisiones urbanísticas– al punto de generar inseguridad alimentaria.
Irán estaba presionado por todo esto y no es que sea unánime la voz de victoria a partir de este acuerdo. Está la noción de haber logrado un acuerdo relativamente beneficioso. A priori, si esto se materializa, podría permitir reiniciar o emprender un proceso de reintegración en el mundo, en el sentido de poder dialogar y comerciar con países occidentales. Queda la duda de qué orientación va a tener el gobierno liderado por Alí Khamenei porque con quienes está firmando el acuerdo asesinaron a su padre. También están los de la línea dura que decían que “llegamos hasta acá demostrando poder, tenemos las cartas ganadoras, ¿por qué vamos a retroceder ahora?”. En ese contexto se da también la decisión de Irán de negociar con la promesa vaga de que va a haber dinero para una reconstrucción y la liberación de fondos congelados que Irán tiene en la banca occidental, que podrían darle un poco de aire para generar un poco más de estabilidad social y económica.
Bruno Dalponte: “El memorándum de entendimiento deja a Trump mal parado, deja a su gobierno como incapaz, estratégicamente miope, porque dieron de baja el acuerdo original que había firmado (Barack) Obama, que era muchísimo más beneficioso para los intereses de Estados Unidos y ahora están firmando algo peor”.
¿Trump, a partir de esta especie de derrota en Medio Oriente, va a avanzar sobre América Latina?
Todo el proceso de repliegue imperial, relativo –porque tampoco es que está desapareciendo ni de Medio Oriente, ni de África, ni de Asia Central– tiene dos focos. Uno, el contexto de cierto declive, de mayor coste de ejercer la hegemonía y que por lo tanto se ponga la atención en donde realmente les mueve el amperímetro, donde se juegan cosas relevantes. El otro es su capacidad de control, de influencia sobre América Latina. El caso por ahí más claro es Venezuela, aunque de alguna manera hay cierto pragmatismo. Trump no va por el cambio de régimen, le importa poco, lo que le interesa es la estabilidad y que esa estabilidad esté a su favor, que no sea una puerta de entrada para Rusia, para China. Por otra parte, Cuba es geopolíticamente importante, porque es la salida del Golfo de México, pero sobre todo es una cuestión identitaria, particularmente para Marco Rubio, secretario de Estado de Estados Unidos, y para todo un electorado descendiente de cubanos en Florida. Cuba sería el ejemplo de una posible intervención directa, o algo similar. Al resto de los países de la región nos viene una época de menor margen de maniobra, que ya desde hace años se viene consolidando, incluso con Biden. Esta idea de “no te juntes con China, que no te financien las centrales nucleares, que no te financien un puerto, cuidado con esta estación de observación del espacio, que no te financien las represas”. No ofrecen ninguna alternativa pero tenemos que renunciar a eso. Es una época donde la relación asimétrica, hegemónica se va a hacer mucho más patente.
Desde el 28 de febrero, ¿cambió algo más allá del costo en vidas humanas?
A nivel geopolítico, no mucho. Tal vez para Israel, un poco. Hay que ver cómo lo procesa el gobierno de Netanyahu, con qué margen de maniobra cree contar, con qué libertad lleva su proyecto de expansionismo, de construir el gran Israel. Eso puede verse coartado si Estados Unidos propone soltarle la mano. Para Estados Unidos, tal vez haya cambiado algo desde lo reputacional, porque es un memorándum de entendimiento que deja a Trump mal parado, deja a su gobierno como incapaz, estratégicamente miope, porque dieron de baja el acuerdo original que había firmado (Barack) Obama, que era muchísimo más beneficioso para los intereses de Estados Unidos y ahora están firmando algo peor. En el corto plazo le dio algunos titulares que podía presentar como victoria, forzar a los europeos a hacerse cargo de la seguridad en Ucrania, incrementar su gasto en defensa, enfocar a sus aliados en el Asia-Pacífico. Pero en el mediano plazo dejó muy evidente que la sociedad con Estados Unidos ya no es confiable. Distintos aliados de largo plazo de Estados Unidos están viendo cómo desarman la dependencia que tienen de manera paulatina, pero en última instancia están tratando de asegurarse autonomía y no ser arrastrados a conflictos que no les interesan. Para Irán deja muchísima destrucción, muchísima pérdida de vidas humanas y el nuevo liderazgo tiene que probar también su capacidad de liderar en un contexto que no es el de guerra, y hay que ver si sobrevive a eso. También hay que ver qué pasa con los movimientos anti-autoritarios dentro de Irán, u opuestos al régimen. La lectura de corto plazo es que sale un poco fortalecido, puede tener alguna pretensión de incrementar su proyección a nivel regional, pero todavía está en veremos.
¿Hay algún tipo de simbolismo en que el acuerdo se firme en Versalles en ausencia de Irán?
Sí, sobre todo lo de la ausencia de Irán habla de la estabilidad de este acuerdo, de que es algo para salir del paso y ganar tiempo. No me sumaría a esto de que Trump no entendió el simbolismo y fue a firmar a Versalles, creo que tampoco le importa. Anecdóticamente es algo jocoso que justo ahí firmen un acuerdo que es peor que el que había antes, donde se conceden un montón de elementos, donde ni siquiera hay un compromiso de Irán de deshacerse de su uranio enriquecido, donde Trump sale a decir que al final tienen derecho a tener un programa nuclear para generar energía, donde no hay ningún tipo de demanda de que haya inspecciones internacionales. Parece efectivamente una derrota en lo estratégico y en muchos de los elementos que se suponía que habían guiado el inicio de las acciones militares.
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