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La trampa de la recesión: la economía real contra las promesas del gobierno 

Lejos del crecimiento prometido por el FMI y el propio Gobierno para 2026, los indicadores están en rojo. Tras tres años de ajuste y promesas libertarias, la actividad no despega y el Riesgo País expone la creciente desconfianza de los mercados.

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La economía argentina no repunta y se burla de las expectativas que a comienzos de 2026 se difundían desde el gobierno y los organismos internacionales. El Fondo Monetario Internacional, por ejemplo, quizá esperanzado que sus cuantiosos préstamos a la gestión Caputo por fin dieran frutos, estimaba un 4% de crecimiento. Nada mal para un país que viene de una década de estancamiento. El Banco Central, a partir de la cautela de varios analistas, anunciaba un 3,2%. Con el correr de los meses, esas estimaciones fueron a la baja. Y ahora están quienes hablan de recesión, el segundo trimestre 2026 dio 0,6% negativo, y no son buenos los augurios para el tercero.

Todos recordamos las palabras del presidente Javier Milei en los debates presidenciales. Entonces, el candidato se presentaba como un economista especialista en crecimiento económico con o sin dinero. Que pudiera generar crecimiento económico sin dinero, llamaba la atención, y el primer año de su mandato el slogan era justamente ese: ‘no hay plata’. No faltaron los entusiastas seguidores que componían canciones o souvenirs con la frase. Aunque no estaba claro qué significaba eso ni por qué se había llegado a tal situación, entre el cheque en blanco con el que cuenta un mandatario en sus primeros meses y la pregonada bancarrota, la población aceptó un brutal ajuste y la reestructuración de la economía y el Estado.

Sin embargo, transcurridos tres años de gobierno, la situación es diferente. Con Vaca Muerta exportando, el sector agropecuario recuperado de la sequía y los sectores mineros en crecimiento, el país acumula saldos a favor en la balanza comercial. Las incertidumbres creadas por las caprichosas políticas internacionales de Trump, tanto con los aranceles impuestos para presionar gobiernos díscolos, como las intervenciones militares tendieron a generar un contexto internacional favorable para la estrategia de comercio exterior del gobierno de Milei. O, de lo contrario, tampoco se justificaría la obediente subordinación de su política internacional a las decisiones del ejecutivo norteamericano.

A pesar de ese contexto positivo, el Riesgo País supera la marca de los 750 puntos, lo que evidencia la falta de confianza que los mercados -los financieros internacionales, para ser más preciso- tienen sobre el futuro inmediato del programa de gobierno. Una desconfianza que tiene dos aristas: una, que el gobierno cuente con los dólares suficientes para atender una corrida cambiaria si se desarma el carry trade; la otra, si es capaz de ganar las elecciones el año próximo y continuar con las condiciones favorables que les dio al capital financiero hasta ahora.

Los más creyentes continúan repitiendo que con la macro ordenada (inflación, dólar, gasto público), la micro (producción, comercio, trabajo) va a despegar. Pero la micro no despega y eso comienza a obligar a ciertos sectores del gobierno a improvisar políticas públicas para empujarla un poco: juntarse con las empresas que están haciendo negocios con el extractivismo para promover contrataciones de proveedores nacionales, algo que se había negado a exigir en la promoción de las inversiones.

Milei parece confiar en que su carisma y sus disruptivas -por no decir, ridículas- intervenciones públicas desvíen el foco de la discusión del estancamiento económico. Los más creyentes continúan repitiendo que con la macro ordenada (inflación, dólar, gasto público), la micro (producción, comercio, trabajo) va a despegar. Pero la micro no despega y eso comienza a obligar a ciertos sectores del gobierno a improvisar políticas públicas para empujarla un poco: juntarse con las empresas que están haciendo negocios con el extractivismo para promover contrataciones de proveedores nacionales, algo que se había negado a exigir en la promoción de las inversiones. También se anuncian créditos guiados hacia el consumo nacional. Se los ve tan poco convencidos en esas medidas paliativas que cuesta creer que puedan modificar la tendencia recesiva.

El Premio Nobel Joseph Stiglitz sostiene en Cómo reflexionan los economistas sobre la libertad que “la teoría económica predijo que los mercados desregulados serían ineficientes, inestables y explotadores y que, sin una intervención gubernamental adecuada, estarían dominados por empresas con un poder de mercado que daría lugar a grandes desigualdades. Serían cortoplacistas y no gestionarían bien los riesgos. Dañarían el medioambiente. Y la maximización del valor para los accionistas no supondría, como afirmaba Friedman, la maximización del bienestar para la sociedad.” Claro, todo lo contrario a lo que afirman los economistas libertarios, comenzando por el presidente. Unos dicen que lloverá, el gobierno que saldrá el sol. Es cuestión de mirar el horizonte y sacar las propias conclusiones.

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