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El tsunami azul en Estados Unidos deja a Milei “muy debilitado”
La victoria histórica de los demócratas en las elecciones de medio término en Estados Unidos condicionan el último tramo de la presidencia de Donald Trump. El aislamiento de Javier Milei y el riesgo sobre los auxilios financieros del Tesoro.
- noviembre 4, 2026
- Lectura: 3 minutos
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Las victorias electorales son efímeras. En una buena parte del continente, las mayorías vienen castigando de modo pendular tanto a las derechas como a los progresismos: está claro que ni unos ni otros terminan de destrabar el malestar de época. El revés electoral aplastante que sufrió Donald Trump en las elecciones de medio término se inscribe en esa misma lógica.
“¡Yo no aparecía en la boleta y, si hubiera aparecido, hubiéramos ganado por una victoria aplastante!”, señaló el presidente, aunque se mostró “dispuesto a aceptar los resultados”. Lo cierto es que Trump no escapa a la norma: en las elecciones suelen perder los oficialismos y la nueva correlación de fuerzas en las cámaras estadounidenses abre una nueva etapa para su gobierno: será, posiblemente, un cierre de ciclo de mayor tensión.
La ola azul de los demócratas se expandió por todo el país: ganaron en Texas, Kansas, Iowa, Georgia, Virginia, Nuevo Hampshire, Carolina del Sur, Ohio y Carolina del Norte, entre otros. Así, la oposición se aseguró por lo menos 54 de los 100 escaños en el Senado. Y una mayoría aún más amplia en la Cámara de Representantes.
En Argentina, el resultado impactó de lleno en la Casa Rosada. Es la tercera derrota geopolítica en solo dos semanas para el presidente Javier Milei. Su aislamiento empieza a ser evidente luego de los traspiés electorales de sus aliados clave en Brasilia, Washington y Tel Aviv. “Para Milei esto representa una catástrofe política, simbólica y hasta personal por el compromiso ideológico y subjetivo que tiene con la administración de Trump. Un país que ya de por sí está complicado en sus relaciones internacionales, ahora se ve mucho más aislado”, asegura Juan Ignacio Percoco, doctor en relaciones internacionales, en diálogo con este medio.
Este analista de la Universidad Nacional de Rosario relativiza además el supuesto blindaje ideológico entre ambos mandatarios: “Algo que deberíamos haber sabido siempre es que la importancia de Argentina en las negociaciones de Trump siempre estuvo asociada a lo que podía obtener de nosotros, nunca hubo una ‘amistad’. Ahora, un Trump claramente debilitado va a debilitar la única palanca internacional que tenía Milei para negociar hacia afuera. El poder prestado que blandía Argentina en lo internacional está muy castigado”.
A la debilidad política se le suma la amenaza concreta sobre los auxilios financieros. Tanto Percoco como el docente e investigador especializado en Relaciones Internacionales de la Universidad de Buenos Aires, Emanuel Porcelli, ponen la mira en el Tesoro norteamericano y la figura de Scott Bessent, además de las trabas legislativas que impulsan los demócratas.
Percoco insiste en que “si Bessent es eyectado del gabinete, Argentina va a tener muchas más limitaciones porque él era una de las principales espadas que beneficiaban la relación. Proyectos como los que impulsaba Elizabeth Warren para prohibir salvatajes financieros a Argentina, que no salían porque los republicanos controlaban el Congreso, en este contexto podrían avanzar o generar un costo político muchísimo más alto si el Ejecutivo intenta vetarlos”. El especialista de la UBA sostiene que “podría ser una verdadera espada de Damocles sobre el Departamento del Tesoro” y que “si Marco Rubio era el vector sobre el cual se montaba el vínculo diplomático argentino, esas acciones hoy están a la baja”.
La derrota de Trump debilita el apoyo financiero internacional de Milei al erosionar el poder de su aliado clave en EE.UU. Ante la consulta de 4Palabras, los especialistas Porcelli y Percoco destacan que la política exterior norteamericana tuvo un impacto directo en la economía doméstica: el descontento por el costo de vida y los precios del combustible fue determinante en el resultado electoral.
Más allá del impacto en el país, Percoco es contundente: “Trump perdió. No hay vuelta que darle. Se metió activamente en la campaña y la gente rechazó lo que él representa. Lo más importante es que no hubo algo extraño: la gente salió en masa a repudiar su gobierno”.
Para el docente e investigador de la UNR, la sorpresa no solo pasó por la movilización popular, sino por los distritos que cambiaron de bando y la emergencia de nuevos perfiles políticos: gobernaciones que “nunca en la historia” se habían corrido del Partido Republicano representaron un triunfo histórico para los demócratas. Texas, Kansas y un conjunto de estados pendulares se pintaron de azul. “Parecería ser que cierta juventud le quitó el apoyo a Trump, lo que hace un llamado de atención para la política regional. Hubo candidatos woke que ganaron como una oposición muy directa a Trump: inmigrantes, musulmanes, personas abiertamente gays y de pueblos originarios”, asegura.
El frente internacional y el descontento económico le pasaron factura al gobierno republicano. Porcelli marca una correlación entre la acción de política exterior de los Estados Unidos, especialmente en Medio Oriente, y las consecuencias que tuvo puertas adentro. Explica que en los estados donde más subió el precio del combustible, peor le fue a los candidatos republicanos: “Esa idea de que lo interno y lo internacional no se tocan, como si fueran dos universos que corren en paralelo, no es así: parte del resultado electoral se explica por las consecuencias domésticas de la política exterior”.
Coincidiendo en el diagnóstico, Percoco sostiene que la política exterior de Trump terminó golpeando el bolsillo del votante promedio: “No es menor el costo político y económico que tuvo la guerra en Irán, ni la política de apoyo tan contundente de Trump hacia Israel. No solo por los gastos que genera, sino por las consecuencias económicas de la interrupción del flujo de petróleo en el Estrecho de Ormuz”.
Con el Congreso dominado por la oposición, el escenario institucional para Trump se vuelve más hostil. Aunque el sistema presidencialista estadounidense le reserva al Ejecutivo un amplio poder para decidir sus políticas públicas y su política exterior, el margen de maniobra dentro y fuera de sus fronteras se reducirá drásticamente.
“El presidente va a ver más limitada su capacidad y será más observado y controlado; se van a poder pedir investigaciones y armar comisiones. Los demócratas tienen la capacidad de golpear al gobierno a través de elementos no menores como la votación de presupuestos. En un sistema bipartidista esto va a obligar a una negociación de todas las partes”, advierte Percoco.
Por su parte, Porcelli indica que el sismo electoral “resiente la proyección de las principales espadas de la diplomacia norteamericana” para la región. “Trump no necesita al Congreso -salvo cuestiones puntuales- ni para iniciativas ad hoc al estilo Escudo de las Américas o su injerencia en la dinámica política doméstica. Pero sí cambia el clima político”, explica.
El escenario que se abre hacia 2028 no solo redefine las internas de cara a la sucesión en la Casa Blanca -donde figuras como Marco Rubio buscan ganar posicionamiento entre los halcones del Partido Republicano-, sino que condiciona de forma directa el margen del gobierno argentino para conseguir aire financiero en el exterior.
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