Frenar el retroceso: por qué debemos defender hoy las vacunas
Enfrentamos un desafío que creíamos superado: la reaparición de enfermedades inmunoprevenibles en nuestro país. El diputado nacional, médico pediatra y autor de la Ley de Vacunas de Argentina, Pablo Yedlin, explica cómo las vacunas funcionan por su efecto colectivo y por qué es indispensable redoblar esfuerzos. “No podemos permitir que la comodidad o la desinformación nos hagan retroceder décadas”, dice en esta nota que lleva su firma.
Por Pablo Yedlin / Diputado nacional, autor de la Ley de Vacunación.
- diciembre 11, 2025
- Lectura: 3 minutos
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La vacunación es la herramienta más poderosa que la medicina ha dado a la humanidad. Como pediatra he visto cómo protege vidas que, sin ella, estarían expuestas a enfermedades graves. Como diputado nacional y autor de la Ley de Vacunas de Argentina, sé que la inmunización no es solo un acto individual, sino una política pública esencial que debe sostenerse con planificación, inversión y consenso social.
Hoy enfrentamos un desafío que creíamos superado: la reaparición de enfermedades inmunoprevenibles en el mundo y en nuestro país. El sarampión —la enfermedad más contagiosa conocida— registra brotes en múltiples regiones. La poliomielitis ha reaparecido en lugares que la habían eliminado. La coqueluche, la difteria y otras patologías también muestran aumentos vinculados a la caída en las coberturas vacunales globales, fenómeno profundizado tras la pandemia de COVID-19.
Argentina no es ajena a esta tendencia. Aunque contamos con un Calendario Nacional de Vacunación ejemplar, gratuito y universal, hace años vemos un descenso sostenido en la aplicación de dosis clave, especialmente en la primera infancia. Las causas son múltiples: dificultades de acceso, pérdida de la percepción del riesgo, circulación de información falsa y falta de campañas sostenidas de comunicación. Cada niño que no recibe sus vacunas representa una oportunidad para que enfermedades controladas vuelvan a circular.
No podemos permitir que la comodidad o la desinformación nos hagan retroceder décadas de avances. Vacunar es un acto de protección, de solidaridad y de construcción de futuro.
Las vacunas funcionan por su efecto colectivo. Cuando disminuye la proporción de personas vacunadas, la inmunidad comunitaria se debilita y reaparecen los brotes. Los virus no necesitan grandes brechas para expandirse: le bastan con pequeños grupos susceptibles. En un mundo hiperconectado, un solo caso importado puede desencadenar una cadena de transmisión si encuentra población sin protección.
Frente a este escenario, es indispensable redoblar esfuerzos. Debemos fortalecer el acceso a la vacunación, modernizar los sistemas de registro, comunicar con claridad y combatir la desinformación con evidencia. La Ley de Vacunas fue un paso fundamental, pero su espíritu —la idea de que la vacunación es un derecho y una responsabilidad social— debe sostenerse todos los días.
Las generaciones anteriores vivieron el miedo real a enfermedades que hoy casi no vemos gracias a las vacunas. No podemos permitir que la comodidad o la desinformación nos hagan retroceder décadas de avances. Vacunar es un acto de protección, de solidaridad y de construcción de futuro. Como pediatra, legislador y ciudadano, creo firmemente que defender la vacunación es defender la vida.
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