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Cuando el “divide y reinarás” se transforma en un fracaso

Agotada la estrategia de "divide y reinarás" y la polarización con el kirchnerismo, el gobierno enfrenta un escenario adverso con reacomodamientos políticos provinciales, un presupuesto que lo obliga a negociar, el desgaste económico y la irrupción de nuevas causas de corrupción que opacan el discurso pasado.

Jorge Ernesto Chari

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Debiera decir que los últimos dos años no fueron perdidos, sino de retroceso a tiempos que creíamos superados. Pero permítanme presentar una mirada distinta, no un pronóstico, no una verdad revelada. La frase “divide y reinarás” responde a una estrategia lógica cuando es bien aplicada. Fraccionar al adversario, minimizarlo, negociar por separado con cada uno, tal como lo viene haciendo el Gobierno a través del Ministerio del Interior, parece tener un éxito inmediato, aunque esconde un contrasentido. Más allá de los auxilios recibidos —vitales pero no duraderos— por la elección ganada y la euforia consiguiente, el gran acierto de Milei fue polarizar con el peronismo aprovechando su momento de mayor fragilidad. ¿Y por qué habría de cambiar esa estrategia?

La luna de miel de los dos primeros años de Gobierno ha concluido. Ahora la situación es distinta y haber obtenido la primera minoría en Diputados no le asegura todo más allá de algunas ventajas en la constitución de las comisiones de esa cámara. La primera escaramuza se libró en Senadores, donde no pudo sostener a su anarco candidata Lorena Villaverde, que rápidamente debió retirar su renuncia en Diputados y aún no ha conseguido ubicarse en ninguna de las dos cámaras. El segundo inconveniente es que ahora deberá gobernar con un presupuesto, luego de un histórico bienio sin hacerlo, un dato no menor.

La diferencia entre la elección del 7 de septiembre y la del 27 de octubre fue abismal y mucho más allá de lo esperado, con diversas explicaciones, ayudas externas y una apatía generalizada al momento de votar. Pero si al resultado obtenido lo consideramos con el padrón autorizado, las cifras bajan considerablemente.

El 2027 y el territorio

La elección presidencial para el 2027, a priori, debería responder más a la del 7 de septiembre, con los intendentes en su totalidad comprometidos y organizados para defender su terruño. Para entonces habrá que agregar que muchos irán por su reelección, situación que también se repetiría en escala, porque estará en juego la reelección de muchos gobernadores, que bien saben —luego de la experiencia vivida— que el Gobierno solo los considera aliados hasta el acto eleccionario. Luego irá con listas propias. Esto obliga a los “gobernadores con peluca” a ser más cautos, pues deberán rendir cuentas en su provincias de los beneficios obtenidos con tal acercamiento.

El agrupamiento en Provincias Unidas —la tercera minoría— es importante y puede aumentar con este razonamiento. Parte del PRO aún mantiene alguna desconfianza: solo Macri los contiene. El peronismo, aún con la merma sufrida, no está tan lejos de sus números anteriores. Más bien, ahora tiene mejor identificados a esos dirigentes que solo buscan salvar su propia ropa. En las provincias del norte asoma claramente una intención de despegarse de la figura de Cristina Kirchner, sacada de la cancha —con razón o sin ella— pero inevitable en el horizonte inmediato. No puede ser candidata y si intentara poner a dedo otra figura, sería peor. Nunca lo hizo bien. A esas provincias seguramente se le agregarán otras que aún no lo confiesan.

Esa fragmentación del peronismo no resulta tan buena para el oficialismo como la anterior polarización, que le permitía arrimar a propios y extraños obligados por el movimiento pendular. Pero ya no hay polarización. Ese cambio libera a muchos del compromiso, les permite optar, salir de la encerrona Milei o Cristina. Ahora el Gobierno deberá negociar con las provincias con distintas necesidades y con muy poco para ofrecer. Igual le sucederá con los partidos políticos.

Ya no rinde hablar de Cristina presa y sobre la mesa están frescas las corrupciones del presente, algunas dormidas, aletargadas, pero vivas: la causa fentanilo, la cripto-estafa, el oro desaparecido, la causa Osprera, las universidades desfinanciadas, los jubilados apaleados, el caso Grillo, José Luis Espert y Lorena Villaverde con el narcotráfico, y la más viva de todas, la de la Agencia de Discapacidad, donde la justicia ha actuado rápidamente y bien.

 

Otros factores que invierten la suerte de la Casa Rosada

Por otra parte, la ayuda externa, esencialmente de Estados Unidos, tiende a agotarse. Tiene sus propios problemas internos. La bravuconada de Trump, de que Maduro y su familia debían exiliarse antes del pasado viernes 5, quedó en eso y nada más. Ya no es patrón y sota del mundo. Hay contrapesos. La ayuda de China, Corea del Norte, Irán y la más activa de Rusia en armamentos y logística no ha tardado en llegar al interior de Venezuela. Estados Unidos ya tiene cercanos a otros poderosos del planeta, es el vuelto por intentar con un fracaso rotundo, el pretender llevar las fronteras de la OTAN hasta las cercanías de Moscú a través de Ucrania, que ya ha perdido buena parte de su territorio. El resto del mundo, salvo excepciones —la de Milei por supuesto— exige que no haya ninguna amenaza ni injerencia ajena a ella.

Volviendo a nuestro país, los dos años transcurridos ya hacen mucho más dificultoso hablar del pasado versus el futuro. Ya no rinde hablar de Cristina presa y sobre la mesa están frescas las corrupciones del presente, algunas dormidas, aletargadas, pero vivas: la causa fentanilo, la cripto-estafa, el oro desaparecido, la causa Osprera, las universidades desfinanciadas, los jubilados apaleados, el caso Grillo, José Luis Espert y Lorena Villaverde con el narcotráfico, y la más viva de todas, la de la Agencia de Discapacidad, donde la justicia ha actuado rápidamente y bien.

Por otra parte, el riesgo país no baja, el endeudamiento externo se agota, aparecen los vencimientos de deudas e intereses del 2026, y parece que habrá que tomar deuda interna con bonos de corto plazo y toda la economía seguirá contrayéndose.

Demasiados interrogantes

Varias preguntas quedan. ¿Seguirán votando a este Gobierno —su verdugo— todos los que han perdido y seguirán perdiendo sus laburos? ¿Hasta cuándo se podrá seguir tarjeteando para llegar a fin de mes y sobrevivir? ¿Hasta cuándo se podrá sostener un dólar ficticiamente subvaluado, llenándonos de importaciones hasta de ropa usada, sin acumular reservas que se le exigen imperiosamente desde el FMI y Estados Unidos? ¿Qué puede aportar una reforma laboral retrógrada, si los sectores más beneficiados de la economía solo aportan el 8,9% del empleo registrado y el resto únicamente sobrevive?

Son demasiados interrogantes que por ahora los medios afines tratan de tapar con el Chiqui Tapia, ocupando horas y horas de pantalla. Tal vez traten de hacerlo luego con el mundial de fútbol, pero ahí se le irán muchos dólares en turismo, un drenaje que ya en enero y febrero comenzará mediante los que puedan tomarse vacaciones en el exterior. Mientras tanto, Milei, atosigado de rencillas internas, festeja. 

Puedo equivocarme, pero a Milei en los dos próximos años se le viene la noche. No digo antes, para no ser tratado de golpista. Pero recibirá el vuelto de todas las atrocidades cometidas.

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