Argentina / 22 junio 2026

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Cada uno en su serie, ninguno en su grupo

El reacomodo de Adorni que se va sin hacerlo, porque Milei así lo decide. Del pendrive al Monumento a la Bandera: internas libertarias, un banquero candidato y una oposición que sigue romantizando el pasado mientras el país le pregunta por el futuro.

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Esta imagen muestra al Presidente de Argentina, Javier Milei, durante el acto del Día de la Bandera en Rosario el 20 de junio de 2026.

Hay semanas que condensan. No porque pasen más cosas que en otras, sino porque las cosas que pasan revelan algo que venía acumulándose sin nombre. Son semanas en las que el tiempo se vuelve denso, en las que cada noticia parece comentar a la anterior sin que nadie lo haya planeado. En estos siete días, Argentina procesó el escándalo Adorni que no termina ni de explotar ni de cerrarse, una vicepresidenta que se presentó sin invitación a un acto patrio, un gobierno que le saca la vocería a su jefe de Gabinete precisamente para no echarlo, un banquero que empieza a caminar el país por las dudas, la muerte de Taty Almeida y el nacimiento, hace exactamente 121 años, del único intelectual francés que se animó a prologar un libro de un psiquiatra argelino cuando Argelia todavía era colonia francesa y eso tenía un costo real.

 

El fin de Adorni sin el fin de Adorni

El caso Adorni lleva tres meses en la agenda pública y no termina de resolverse. La historia tiene su origen declarado en 2002, cuando murió el padre de Adorni y él y su hermano encontraron dinero en el departamento familiar. «Mi primer dinero, por así decirlo, lo hago cuando fallece mi papá en el 2002, que es el dinero que nos encontramos con mi hermano en el departamento», dijo el propio jefe de Gabinete. El hermano es Francisco Adorni, diputado provincial por La Libertad Avanza, imputado con una causa que se tramita en paralelo.

Lo que empezó como un vuelo privado a Punta del Este se fue ramificando: la esposa con contratos del Estado, la empresa familiar bajo la lupa, y en el centro, un pendrive con medio millón de dólares en bitcoin guardado como trofeo de coleccionista. «Toda la vida ahorré en negro», dijo el hombre que predicó austeridad desde el atril de la Casa Rosada durante dos años.

Esta semana Milei tomó una decisión que resume su dilema: le sacó la vocería al atormentado jefe de ministros para designar en su lugar al economista liberal Adrián Ravier, pero no lo echó. La lógica del movimiento no es de gestión sino de supervivencia política: si Adorni cae, el gobierno queda expuesto a que la siguiente pregunta sea qué más hay en la Casa Rosada. Sostenerlo con menos funciones es una operación para ganar tiempo sin asumir el costo político de la caída. Adorni queda casi sin funciones reales, pero sigue siendo jefe de Gabinete. Es un cargo vacío que sirve como escudo. Patricia Bullrich dijo que el caso es «más que un error, una omisión ética» y unas horas después apareció soplando las velitas de su propio cumpleaños junto a Karina Milei y al mismo Adorni. No hace falta agregar nada. La política argentina tiene esa capacidad de producir imágenes que se contradicen en tiempo real. ¿Alcanzará con ese movimiento a las apuradas del presidente? En los próximos días lo sabremos.

Milei no teme solo que lo quieran desautorizar. Teme algo más concreto: que el clamor por Adorni sea la coartada de los mismos actores del espacio de la derecha que él maltrató durante estos años y que ahora esperan su momento.

La apuesta es más larga que el escándalo: si la economía consolida señales positivas desde su lógica y ningún candidato del establishment crece lo suficiente antes de 2027, la reelección sigue siendo posible, aunque haya que negociar la fórmula, ceder espacios o rediseñar la propuesta. El escándalo Adorni es un problema de imagen, no de programa. Y Milei cree, con cierta razón histórica de su lado, que los programas duran más que los escándalos.

Milei no teme solo que lo quieran desautorizar. Teme algo más concreto: que el clamor por Adorni sea la coartada de los mismos actores del espacio de la derecha que él maltrató durante estos años y que ahora esperan su momento.

Esta semana trascendió que un grupo de dirigentes -entre ellos Diego Bossio y el diputado Nicolás Massot, con el apoyo discreto de Emilio Monzó- empezó a militar la candidatura presidencial de Jorge Brito, el ex presidente de River y titular del Banco Macro. La movida se lanzaría tras el Mundial. Un banquero con visibilidad pública y capital económico que los sectores moderados del espacio de la derecha puedan ver como alternativa si Milei se desgasta demasiado.

La amenaza para Milei en 2027 no viene solamente del peronismo sino del mismo espacio que lo sostiene. Y él lo sabe, que es probablemente por qué le saca la vocería a Adorni en lugar de echarlo: no puede darse el lujo de mostrar que el modelo genera sus propias víctimas.

 

Belgrano, Villarruel y la autorización que no llega

El 20 de junio es el Día de la Bandera porque ese día murió Manuel Belgrano en 1820, en una Buenos Aires tan caótica que tuvo tres gobernadores distintos en una sola jornada y casi nadie se enteró. Vale la pena recordar el origen: Belgrano izó la bandera en Rosario el 27 de febrero de 1812 sin autorización del Triunvirato. Se la pidió, le dijeron que no, y la izó igual. El gobierno de la época le respondió que había sido «un rasgo de entusiasmo» y le ordenó esconderla. Belgrano no la escondió. La historia, con el tiempo, le dio la razón. Hay gestos que van más rápido que las instituciones que deberían legitimarlos.

Victoria Villarruel llegó a Rosario el 20 de junio sin invitación formal del Ejecutivo, invitada por la provincia de Santa Fe. Karina Milei, desde la Secretaría General de la Presidencia, organizó las invitaciones y no incluyó a la vicepresidenta por segunda vez consecutiva. Antes de partir, Villarruel escribió en redes: «Tengo más verdades para decir, no sé si están preparados para escucharlas.»

La geometría del acto dijo lo que los discursos no dijeron: Adorni adentro, Villarruel presente pero fuera del protocolo oficial, Pullaro haciendo equilibrio entre el reclamo federal y el gesto institucional, Javkin sobrevolando entre el discurso institucional y las reivindicaciones más localistas.

 La inflación de mayo de 2026 fue del 2,1% según el INDEC, la más baja en ocho meses, con un acumulado de 14,7% en lo que va del año y 33,2% interanual. El Banco Mundial aprobó un crédito de garantía para que Argentina vuelva a los mercados internacionales. El círculo rojo aplaudió. El relato de la estabilización tiene datos reales. Pero hay cosas que el relato no nombra, no porque no existan sino porque nombrarlas complicaría la foto.

La industria metalúrgica lleva meses afuera del boom de Vaca Muerta y del agro. Las pymes cierran a un ritmo que los indicadores de actividad no terminan de capturar. Y el PAMI lleva siete meses sin pagarle a los hospitales públicos de la Ciudad de Buenos Aires, dato que el subsecretario de Planificación Sanitaria y Gestión en Red del Ministerio de Salud porteño reconoció en la Comisión de Salud de la Legislatura porteña, probablemente sin advertir que esa frase iba a circular y se traduciría en un pedido de informes de la oposición.

A eso lo llaman estabilización. El modelo tiene ganadores y perdedores.

Esta semana, Milei se imaginó a sí mismo como un Belgrano del siglo XXI. Con todas las omisiones y tergiversaciones que se puedan imaginar. El cristinismo emplazó a defender a la jefa. La oposición pidió interpelar a Adorni. Un banquero empezó a caminar el país. Cada uno en su serie, ninguno todavía en su grupo.

El peronismo 

El peronismo vive su triple crisis simultánea: proscripción y encarcelamiento de Cristina, derrotas electorales acumuladas, debate abierto sobre la sucesión del liderazgo. La interna ya no es solo sobre personas. Es sobre qué tipo de propuesta viene y para qué. El cristinismo cree que el candidato que gane en 2027 debe ganar para indultarla y que ese es el punto de partida de cualquier acuerdo. El kicillofismo entiende que ese planteo convierte al peronismo en instrumento de una causa personal antes que en un proyecto político. La tensión no la disipa ningún comunicado de unidad, y el tiempo tampoco. En el peronismo estas cosas no se resuelven: se suspenden y a veces se administran. El banderazo del primer aniversario de la detención de Cristina mostró convocatoria y también su límite: es un acto de fidelidad, no un programa para volver a enamorar a los desencantados y ratificar lealtades con los propios.

Sartre tenía una categoría para esto. En la Crítica de la razón dialéctica distinguía entre grupo y serialidad. La serie es la suma de individuos que comparten una situación, pero no tienen proyecto común: los pasajeros que esperan el mismo colectivo, pero no son un colectivo en ningún sentido político. El grupo surge cuando hay un proyecto que organiza la energía dispersa. El peronismo hoy es una serie que se convoca como si fuera un grupo. El mileísmo también, con la diferencia de que es gobierno y puede disimularlo mejor. Al menos, por ahora.

Taty Almeida murió esta semana. Noventa y cinco años, Madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora. La despidieron en la sede de Foetra referentes de derechos humanos, dirigentes y artistas. Señora común, decía ella. De señora común a referente de memoria, verdad y justicia, sin que nadie le explicara cómo se hace ese recorrido porque nadie lo sabe hasta que lo está haciendo. Con Taty se va algo que cuesta formular pero que se entiende en cuanto se ve: la decisión de no acostumbrarse, tomada una vez y sostenida durante décadas, en la plaza, con una sonrisa, sin pedirle permiso al miedo. Eso también organiza.

 

El 21 de junio y lo que falta

El 21 de junio de 1905, hace exactamente 121 años, nació Jean-Paul Sartre. En la Francia de los sesenta había marxistas por todos lados, intelectuales comprometidos, toda una tradición de pensamiento crítico que se llenaba la boca con la liberación de la humanidad. Casi ninguno era anticolonialista. Casi ninguno estaba dispuesto a poner el nombre al lado del de un psiquiatra argelino que decía que la violencia del colonizado era la respuesta necesaria a la violencia del colonizador. Sartre lo hizo. Prologó Los condenados de la tierra de Frantz Fanon sabiendo que le iba a costar caro en su propio campo. Lo hizo porque imaginaba un proyecto que iba más allá de la tribu.

Esta semana, Milei se imaginó a sí mismo como un Belgrano del siglo XXI. Con todas las omisiones y tergiversaciones que se puedan imaginar. El cristinismo emplazó a defender a la jefa. La oposición pidió interpelar a Adorni. Un banquero empezó a caminar el país. Cada uno en su serie, ninguno todavía en su grupo. El crédito del Banco Mundial abre una puerta a los mercados. Pero los mercados no tienen respuesta para las jubiladas que esperan en la guardia del Ramos Mejía ni para las pymes que cierran sin que nadie las nombre en los discursos frente al Monumento a la Bandera. Belgrano izó la bandera sin autorización porque tenía un proyecto. Este fin de semana, en Rosario, lo que había eran series que se convocaban como grupos y llamaban a eso política.

 

4Palabras

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  • Ariel Crespo

    Excelente descripción como siempre. A mí gusto tal vez le faltó hablar de la voracidad del poder de la jefa” y sus seguidores. No vaya a ser que tengamos psiquiátrico cuatro años más.

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    Excelente descripción como siempre. A mí gusto tal vez le faltó hablar de la voracidad del poder de la jefa” y sus seguidores. No vaya a ser que tengamos psiquiátrico cuatro años más.

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Un comentario

  1. Excelente descripción como siempre. A mí gusto tal vez le faltó hablar de la voracidad del poder de la jefa” y sus seguidores. No vaya a ser que tengamos psiquiátrico cuatro años más.

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