Cooperativismo en las Américas: cifras que impactan y desafíos que transforman
2025 fue el Año Internacional de las Cooperativas y se realizaron cientos de actividades y publicaciones. Un nuevo libro marca el crecimiento del sector en números, pero también en innovación, inclusión y sostenibilidad en toda América latina. En un contexto adverso, el movimiento cooperativo aporta más del 10% del PBI de la Argentina.
- diciembre 27, 2025
- Lectura: 3 minutos
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Frente a un escenario continental marcado por desigualdades persistentes, exclusión financiera y deterioro ambiental, el cooperativismo emerge como una de las respuestas más sólidas y democráticas. Lejos de ser marginal, el sector muestra una capacidad de incidencia económica y social que lo coloca como actor estratégico en la región. Brasil es un ejemplo elocuente: entre 2012 y 2023, el cooperativismo generó un incremento del 152% en la cantidad de asociados, un 81% de empleo y representó un 166% de aumento en los ingresos. Hoy, en el país más grande del Cono Sur, el movimiento reúne a 23,4 millones de socios, sostiene más de 550 mil empleos directos y genera 692 mil millones de reales en ingresos anuales.
Estas cifras marcan la potencia del cooperativismo, pero aún hay más. El libro Evolución del sector cooperativo entre los Años Internacionales de las Cooperativas 2012-2025, publicado por Cooperativas de las Américas con apoyo de la Unión Europea, se propone justamente analizar cómo –en el tránsito entre los dos Años Internacionales de las Cooperativas (2012 y 2025)– el sector no solo creció en volumen, sino que también se diversificó, innovó y se colocó en la primera línea frente a los Objetivos de Desarrollo Sostenible planteados por Naciones Unidas.
La obra recorre cinco países —Argentina, Brasil, Chile, México y Paraguay— con un doble eje. Por un lado, examina las transformaciones normativas y políticas públicas que afectaron al sector: desde la creación de entornos regulatorios más favorables en Brasil, con 115 avances legislativos desde 2012, hasta la consolidación del Instituto Nacional de Cooperativismo (INCOOP) en Paraguay como autoridad de control. Por el otro, indaga en las nuevas formas asociativas y socioproductivas, donde aparecen experiencias emergentes de inclusión, innovación tecnológica y sostenibilidad. Allí se inscriben fenómenos como el uso del Big Data en la Cooperativa Obrera de Argentina, los bancos comunitarios y monedas sociales en Brasil, las cooperativas de consumo crítico en Chile, las entidades de ahorro y préstamo en México que canalizan recursos hacia vivienda social, producción agrícola y manejo forestal, o las iniciativas de economía verde en distintos países de la región.
En la Argentina, existen 22.393 cooperativas, con más de 18 millones de asociados, que generan 333.878 empleos y representan más del 10% del PBI. La gran mayoría son de trabajo (81,5%), seguidas por las de servicios públicos, vivienda y agropecuarias. Pero en el terreno financiero la situación es más compleja: hay 598 cooperativas que ofrecen servicios de crédito, pero solo 50 figuran activas en el registro del Banco Central.
El caso argentino, trabajado en detalle en varios artículos, ofrece una mirada a la vez histórica y contemporánea. Se examina la trayectoria del cooperativismo de ahorro y crédito, sector pionero en América Latina pero atravesado por políticas restrictivas que limitan su expansión. A lo largo de seis décadas, el sector sufrió embates normativos —desde la Resolución 286 del BCRA en 1966 hasta la ley de Entidades Financieras de la última dictadura en 1977— que redujeron drásticamente su participación en el sistema financiero. Se señala cómo a inicios del nuevo siglo hubo intentos de recuperar las cajas de crédito cooperativas, pero la falta de aprobación de proyectos en el Banco Central dejó truncas las iniciativas.
En Argentina, existen actualmente 22.393 cooperativas, con más de 18 millones de asociados, que generan 333.878 empleos y representan más del 10% del PBI. La gran mayoría son de trabajo (81,5%), seguidas por las de servicios públicos, vivienda y agropecuarias. Sin embargo, en el terreno financiero la situación es más compleja: hay 598 cooperativas que ofrecen servicios de crédito, pero solo 50 figuran activas en el registro del Banco Central. El Banco Credicoop, con más de 1,1 millones de asociados y 276 filiales, aparece como la gran excepción en un campo marcado por la concentración bancaria y, de manera más reciente, por la irrupción de las fintech, que en pocos años pasaron de 700 mil a seis millones de clientes, desplazando parte del crédito que históricamente gestionaba el sector cooperativo.
El libro también subraya la importancia de mirar la “calidad” del aporte cooperativo. En Argentina se destaca el rol del sector en la inclusión de pymes: más del 53% de los créditos de las cooperativas de crédito van a microempresas de menos de 10 empleados, muchas de ellas sin acceso al sistema bancario tradicional. Asimismo, se recuperan experiencias de gobernanza con perspectiva de género en mutuales de Santa Fe y la emergencia de prácticas de incubación solidaria en salud mental.
Todos estos datos que denotan la potencia del movimiento cooperativo contrastan fuertemente con la mirada del actual gobierno nacional. Argentina fue uno de los tres países que votaron recientemente en contra de una resolución de apoyo al cooperativismo de Naciones Unidas, junto a Estados Unidos e Israel. Una decisión que generó fuerte rechazo en el sector, más aún considerando que la Alianza Cooperativa Internacional (ACI), que representa a más de mil millones de personas en todo el mundo, es presidida actualmente por el argentino Ariel Guarco.
Esta contradicción entre el reconocimiento internacional del cooperativismo y su deslegitimación en el plano local, vuelve aún más relevante el debate que propone la publicación, en un contexto global que pone en valor las formas asociativas y solidarias de organización económica.
“Nos encontramos ante una oportunidad única para fortalecer la proyección del modelo cooperativo como actor estratégico en la construcción de futuros sostenibles”, afirma José Alves de Souza Neto, presidente de Cooperativas de las Américas. La frase resume el espíritu de una publicación que no se limita a recopilar estadísticas, sino que plantea un desafío político: que 2025, declarado Año Internacional de las Cooperativas, no haya sido solo una conmemoración, sino un punto de inflexión para consolidar al cooperativismo como motor de inclusión, democracia económica y sostenibilidad en la región.
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