Argentina 2 – Austria 0: Otra vez Messi, siempre Messi
El “10” ya suma cinco goles en dos partidos. Aunque al equipo de Scaloni le costó la posesión frente a la intensidad física europea, la genialidad del capitán y la solidez defensiva bastaron para disimular la falta de juego asociado y mantener el puntaje ideal en el Mundial.
- junio 22, 2026
- Lectura: 3 minutos
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“Yo disfruto de jugar”, dijo Lionel Messi al final del partido en el que la selección argentina le ganó a Austria por 2 a 0, ante las preguntas de ocasión. Son cinco goles en dos partidos. ¿Le falta algo? Es difícil de saber a esta altura. Meter el penal que tuvo al principio y así eran tres goles por partido, pero a veces suele errar penales en mundiales, como le pasó en el 18 y en el 22. Suma ese récord también. Pero cuando conecta con el juego, parece que no hay nada más que él y la pelota. Ayrton Senna declaró alguna vez que le pasaba en carreras como Mónaco, donde sentía que existía solo él y su auto.
A Messi le pasa algo parecido. Genera peligro siempre y ya es incomprensible cómo en ciertas jugadas queda solo o le dan mucho espacio. Es real que cuando tenés enfrente a un tipo de esas características te dicen que lo esperés, que no lo vayas a buscar, porque te deja comiendo pasto. Pero a este lo esperás y lo hace igual.
Sería lindo y complementaría la fiesta que algún compañero como Thiago Almada se anime un poco más. Como en el primer gol que se asoció con Facundo Medina y dejó pasar la devolución para que Messi defina entrando solo en la puerta del área y haga un gol más poniéndola esquinadita (me dice Manu) al lado del palo como hizo cientos de veces.
El segundo gol fue de baby fútbol. Despeje desde el fondo y cambio de frente desde la izquierda, que le cae a Messi solo a los 94 minutos de juego. Encara, lo ve a Julián Álvarez que entraba solo por el medio, se la pasa, pero el 9 define mal y se la tapa el arquero. Captura el rebote Leandro Paredes (bien adelantado a su posición natural), se la toca a Messi dentro del área con el arquero encima, este se abre a la izquierda, lo deja tirado en el suelo a Alexander Schlager, le pega, rebota en un muchacho de Austria. Pero no se rinde. La vuelve a pelear y ya casi sin ángulo le da de nuevo al arco para poner –entre seis piernas rivales– su gol número 18 en Mundiales de fútbol.
Unos minutos antes había tenido otra chance, que el arquero sacó el córner, pero el árbitro egipcio Amin Mohamed Omar dio saque de arco. Solo una anécdota para reforzar que siempre Messi fue el más claro con la pelota y que cuando pudo arrancar mostró que todavía le queda pique corto, gambeta y un hambre de gol intacto. Es el goleador absoluto de su equipo y el único que la mete hasta ahora.
Los muchachos de Austria eran como un tanque de guerra sin cañón. Como el pelotón de una maratón que va todo el tiempo, empuja, pero que si no se caen, o se descomponen los que van adelante, jamás van a llegar. Un equipo que puede llegar a pelear arriba en la Primera B Nacional. Imponiendo cierto orden táctico y físico. Con intensidad por momentos. Que apuesta a saltear el mediocampo con transiciones largas por los costados que sufrió Nahuel Molina en el primer tiempo, pero que llegaban a tres cuartos de cancha y ahí se les nublaba la vida.
Del lado derecho de la defensa austríaca hubo un jugador con un protector maxilar y un tanto extraño nombre, Stefan Posch, que todavía está buscando a Enzo Fernández. Las veces que el volante argentino se tiró hacia ese costado sobre todo en la primera mitad ganó y la jugada del primer gol nació ahí.
A la selección le costó la posesión de la pelota. No pudo repetir Rodrigo De Paul. No encontró la ubicación y la presión de los austriacos que a veces funcionaba en el medio lo desacomodó al ocho argentino. También le costó la marca en el tándem por derecha con Molina. Pero cuando puede encontrar la posición y recibir libre es quien maneja la pelota por detrás de Messi, con panorama, toque y asociación recorriendo el ancho de la cancha. La tanqueta austriaca no se lo permitió esta vez.
Durante la primera parte Lautaro Martínez y Enzo Fernández fueron los más rápidos y encendidos de mitad de la cancha hacia arriba; y Medina, Cuti Romero, pero sobre todo Lisandro Martínez fueron los que mejor entendieron el partido y ante rivales fuertes, duros y de mayor contextura física no dejaron pasar una.
Tal fue la tarea que realizaron los centrales argentinos, sumado a los medios que se atrincheraron por momentos cerca de la media luna de su área que, tanto en el partido contra Argelia como en este, tuvieron la virtud de extender el tratamiento de recuperación de la fractura del dedo del Dibu Martínez, que solo tapó un remate en todo el partido y descolgó algunos centros llovidos fuera de todo peligro.
Otro acierto del técnico fue no sacar al 10 cuando faltaban pocos minutos para terminar el partido. Quizás haya visto el zafarrancho que fue sin él en cancha su equipo en los últimos minutos contra Argelia, quizás pensó que el partido no estaba terminado como sí el de Argelia o tal vez sea Messi es el que decide cuando tiene que salir de la cancha.
Esta vez a Alexis Mac Allister le tocó la difícil. Tuvo que jugar de volante central clásico de contención y se fajó durante todo el partido con el pelotón de maratonistas austriacos que no pararon de correr durante todo el partido. Eso es cierto. Aunque con nulo criterio a la hora de enfocar donde estaba el arco exactamente.
Hizo bien la tarea argentina de replegarse y evitar que se le prenda la lámpara a algún jugador del equipo rival. Las pocas veces que salió de contragolpe lastimó. Los cambios que metió en el segundo tiempo el técnico Lionel Scaloni, tratando de darle más recuperación y velocidad a esas pocas jugadas de contragolpe, dieron resultado.
Otro acierto del técnico fue no sacar al 10 cuando faltaban pocos minutos para terminar el partido. Quizás haya visto el zafarrancho que fue sin él en cancha su equipo en los últimos minutos contra Argelia, quizás pensó que el partido no estaba terminado como sí el de Argelia o tal vez sea Messi es el que decide cuando tiene que salir de la cancha.
Le falta complemento al goleador del mundial. Lautaro Martínez estuvo más presente e intenso que en el primer partido. Le hicieron el penal, pero hace falta más juego asociado con Messi de parte de los mediocampistas y se necesita que los únicos delanteros natos que pone el técnico en cancha la metan. Estuvieron cerca, pero es cierto también que el equipo no generó tantas situaciones de gol como para abastecerlos con llegadas claras de frente al arco.
En la primera parte era hasta gracioso ver cómo cuando un equipo acertaba con alguna jugada o llegaba con peligro automáticamente, el rival se replegaba y el otro se hacía dueño de la pelota. La cuestión anímica se mide a cada segundo. En el segundo fue más confuso todo. Los europeos empujaron más, pero no sabían dónde quedaba el arco y la selección argentina le hizo el juego: lo esperaba cerrado en el fondo. Aunque a los nuestros les faltó el toque y el manejo del juego.
Pero se ve que para eso está Messi, que hace una de las cosas más difíciles que hay en este juego: por un lado, conjugar habilidad con gol; por el otro, mantener el nivel de habilidad, velocidad, criterio, asistencia y gol día a día, partido a partido. Para un jugador que ocupa una posición más fija en el campo, que no tiene que hacer tanto recorrido, que tiene una misión ordenada por el técnico, suele ser más sencillo, aunque no hay nada sencillo acá. Pero para un creador de juego, habilitador, gambeteador y ahora goleador histórico es un tanto más complicado, pero otra vez Messi, siempre Messi.
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