Histórica movilización en el punto más austral de la memoria
Ni la lluvia, ni el viento, ni el frío frenaron el grito de "Nunca Más" en la ciudad más austral del país. Con una radio abierta, y una olla popular, miles de fueguinos se convocaron para reclamar en las calles contra las políticas de Javier Milei, vinculando la lucha por los derechos humanos con la defensa del trabajo y el territorio.
- marzo 25, 2026
- Lectura: 3 minutos
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«Que digan dónde están», con esa frase abrió la histórica radio abierta en Fadul y San Martín, esquina céntrica de Ushuaia, en la mañana del 24 de marzo. A 50 años del golpe de Estado genocida, la ciudad más austral volvió a las calles con un mensaje claro: hoy más que nunca, Nunca Más.
La transmisión convocada por la Red por el Derecho a la Identidad de Tierra del Fuego AeIAS, junto a sindicatos, organizaciones feministas, sociales y políticas desplegó una jornada de encuentro con la memoria que combinó testimonios, lecturas de poesía, música en vivo y el micrófono abierto. La esquina se fue llenando de a poco, como el mate que pasaba de mano en mano, desafiando la lluvia y las bajas temperaturas.
Sentados frente al micrófono, entre cables y pañuelos blancos intervenidos, Julio Beriau y Luana Pereira Sosa, integrantes de la Red, subrayaron el peso de este aniversario. Durante años, el 24 de marzo en Ushuaia tuvo su centro en la radio abierta impulsada por el sindicato docente, espacio que hoy se sostiene con la misma fuerza; sin embargo, ante la asunción de un gobierno nacional que niega los crímenes cometidos por el terrorismo de Estado, esa instancia logró dar un salto hacia una movilización masiva y unificada.
Para ellos, este paso de la radio a la calle no es casual, sino la respuesta necesaria ante el intento de reinstalar la teoría de los dos demonios, negar los 30.000 detenidos desaparecidos y vaciar las políticas de derechos humanos. En el punto más austral de la memoria, salir a marchar adquiere hoy un significado de resistencia vital frente al negacionismo de Javier Milei y Victoria Villarruel; la unidad en la marcha es una clara respuesta y la reivindicación de las banderas históricas de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo.
A las 13:00, el aroma del guiso empezó a ganarle al frío. La Olla Popular no fue un detalle logístico ni una simple asistencia, sino un acto político de resistencia frente a un gobierno nacional que busca imponer el plan económico de la última dictadura. Aquella «miseria planificada» que denunció Rodolfo Walsh es el norte de un proyecto de crueldad que, en 2026, sigue ajustando contra el pueblo.
Entre el vapor de las ollas y los cucharones, María, cocinera comunitaria de la Corriente Insurrecta, sostiene que el plato de comida se vuelve un acto de memoria viva porque nace de la solidaridad del pueblo frente al abandono del gobierno nacional. «Cocinar y compartir hoy es recordar que el hambre es consecuencia de decisiones políticas fascistas», afirma mientras sirve las porciones. Para ella, la organización popular es la respuesta histórica a este presente: «Cada porción es un acto de dignidad, de resistencia y de compromiso con un ‘Nunca Más’ a la exclusión y a esa miseria planificada».
Entre la transmisión y la preparación de la marcha, el stand de la Red por el Derecho a la Identidad funciona como un espacio de consulta. Luana explica que la búsqueda de nietos y nietas en la provincia tiene características únicas: «Acá no están los organismos históricos como Abuelas, Madres o HIJOS, entonces hay muchísimo por hacer».
Pero además, subraya la particularidad de una provincia compuesta por personas de todos los rincones del país. Por esa mezcla, por la franja etaria y por cómo fue la migración a la isla, creen que posiblemente haya nietos y nietas viviendo acá. «Nos estamos dando la tarea de dar charlas y actividades en distintas instituciones, sobre todo donde hay adultos; creemos que es una forma de llegar o al menos de empezar a escuchar historias y testimonios que nos permitan encontrarlos», señala.
A las 16:00, una columna de seis cuadras, encabezada por una bandera con el lema «Memoria, Verdad, Justicia y Soberanía», comenzó su recorrido entre cientos de pañuelos blancos y fotos de rostros desaparecidos que exigían, una vez más, que digan dónde están. La marcha avanzó al ritmo de los tambores y de un canto que tronaba en el clima fueguino: «ole ole, ole ola, muchos pañuelos florecerán, nos faltan nietos y los vamos a encontrar».
En una Plaza de la Memoria colmada, la lectura del documento unificado dejó claro el posicionamiento político frente al escenario nacional. «Esta es una jornada histórica que demuestra que, a 50 años, el pueblo está de pie y no se arrodilla frente a un gobierno que avanza con políticas de ajuste, entrega y autoritarismo», sentenciaron las voces desde el escenario. Hubo una denuncia puntual contra la gestión de Javier Milei por el vaciamiento de la democracia y el recorte presupuestario en el Banco Nacional de Datos Genéticos, advirtiendo que el ajuste pone en riesgo real la búsqueda de los más de 300 nietos y nietas que faltan encontrar. «¡Rompan los pactos de silencio! ¡Digan dónde están!», se escuchó fuerte desde el escenario.
En el extremo sur, la memoria es indisociable de la soberanía. El documento subrayó que defender la memoria es también defender el territorio y la independencia: «Las Malvinas fueron, son y serán argentinas, y no aceptamos la entrega ni el sometimiento a intereses extranjeros». La defensa del Atlántico Sur se vinculó directamente con la resistencia a la desindustrialización que hoy golpea a la provincia, expresando una solidaridad firme con los trabajadores y trabajadoras de Aires del Sur, Sueño Fueguino y la Cooperativa Renacer.
El cierre del documento fue una convocatoria a la acción: «Solo con el pueblo en las calles, organizado y movilizado, es posible enfrentar la impunidad, los ajustes y la entrega». Se reafirmó que la lucha colectiva es la única garantía de dignidad frente a quienes pretenden imponer el olvido.
Al grito final de «¡Son 30.000! ¡Fue genocidio! ¡Ni olvido ni perdón!», la plaza estalló en un solo rugido: «¡Presentes! ¡Ahora y siempre!». En ese instante, las fotos, los pañuelos y los puños se levantaron en simultáneo, sellando una jornada histórica donde ni el frío, la lluvia, la nieve y el viento frenaron la movilización popular.
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