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A 50 años del golpe. Antonio Bergés: del juramento hipocrático a la barbarie

Jorge Antonio Bergés, comisario y médico de la Policía Bonaerense durante la última dictadura, tiñó su trayectoria con torturas y apropiaciones de bebés cuyas historias se llevó a la tumba. A medio siglo del horror, recordar a Bergés es exponer que el terrorismo de Estado necesitó de guardapolvos blancos para operar. El "Mengele argentino" no fue un colaborador periférico; fue un arquitecto del dolor que utilizó la ciencia para perfeccionar el sistema de exterminio.

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Imagen ilustrativa A 50 años del golpe. Antonio Bergés: del juramento hipocrático a la barbarie

Nacido en Avellaneda, hijo de inmigrantes y formado en la cultura del esfuerzo y el ascenso social. Creció en una familia que le brindó educación e identidad; una realidad profundamente irónica, ya que su mayor crimen fue romper el vínculo filial de otros. Bergés se encargó de que los hijos de los desaparecidos no supieran quiénes eran sus padres, negándoles el derecho básico que él sí tuvo: el de la propia identidad.Se especializó en ginecología en la UBA e ingresó a la Bonaerense. Ya en los ‘60, su clínica privada acumulaba denuncias por robos de recién nacidos. En 1976, bajo el mando de Ramón Camps y Miguel Etchecolatz, supervisó torturas para asegurar que las víctimas no murieran «antes de tiempo» y asistió partos en cautiverio para facilitar el robo de bebés.

Tras el retorno democrático en 1983, intentó reincorporarse como un médico respetable. Sin embargo, el coraje de sus víctimas y colegas permitió su imputación. Falleció el 10 de febrero de 2026 cumpliendo condena perpetua bajo arresto domiciliario, paradójicamente en la calle “Madres de Plaza de Mayo”, guardando el secreto sobre los nietos que aún faltan encontrar. Su legado fue traicionar su juramento para tejer una red de apropiación de niños. 

El gran héroe de esta historia: el Dr. Horacio Blanco

Hablar del Dr. Horacio Blanco es hablar de la antítesis de Bergés. Médico ginecólogo de gran sensibilidad y coraje, Blanco es la pieza clave para que el «Mengele argentino» fuera identificado como miembro activo de los centros clandestinos.

En la madrugada del 2 de abril de 1977, Blanco estaba de guardia cuando Bergés trajo a una joven secuestrada en el Pozo de Quilmes: Silvia Isabella Valenzi. La mujer, de 20 años, estaba en trabajo de parto prematuro debido a las torturas recibidas durante su cautiverio.

Imagen ilustrativa de El Pozo
Pozo de Quilmes, lugar donde actuaba ilegalmente Berges

Tras el retorno democrático en 1983, intentó reincorporarse como un médico respetable. Sin embargo, el coraje de sus víctimas y colegas permitió su imputación. Falleció el 10 de febrero de 2026 cumpliendo condena perpetua bajo arresto domiciliario, paradójicamente en la calle “Madres de Plaza de Mayo”, guardando el secreto sobre los nietos que aún faltan encontrar.

Blanco, en un acto de valentía civil loable, les prohibió la entrada a los policías a la sala de parto. Ese límite fue el que le permitió a Isabella susurrarle la verdad: quién era, que estaba secuestrada y que venía del horror del «Pozo». El médico anotó la información y la guardó como un tesoro.Dicha información, fue compartida por el doctor a la enfermera Maria Luisa Martinez, quien contactó a la familia en secreto y les entregó toda la información recopilada sobre el paradero y el estado de la joven.

El medico asistió el nacimiento de una niña de tan solo 1,800 kg, a quien llamaron Rosa. Al amanecer, vio cómo se llevaban a Silvia Isabella en la caja de una camioneta y le dijero que la niña había muerto: “Nunca más la vi”, sentencia hoy con dolor.

En dictadura, vivió años bajo el peso del silencio y la impotencia. Poco después del parto, fueron secuestradas y desaparecidas la enfermera Generosa Frattasi y la partera María Luisa Martínez, trabajadoras del hospital por su participación gremial. Sus desapariciones instalaron un manto de miedo y secretismo dentro de la institución.

Sin embargo, al retorno de la democracia, Blanco pudo transformar ese dolor en justicia; su testimonio fue el pilar fundamental para imputar a Bergés. La respuesta de la impunidad no tardó en llegar: en 1987, una bomba destruyó el frente de su hogar. El objetivo era claro: amedrentar al médico que cumplió con su juramento hipocrático de velar por la vida. Incluso en los años 90, sufrió el acoso de Bergés, quien pasaba con su auto, mirando a la casa del medico, en marcha lenta para intimidarlo. Esto no sirvió y su nobleza lo llevo a seguir denunciando el hecho, al punto de declarar lo sucedido en el juicio a las juntas.

 

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