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Las voces que rompen el silencio en tiempos de crueldad
A 50 años del golpe, la memoria colectiva enfrenta una ofensiva negacionista. Entre la literatura de Haroldo Conti y la voz potente de la poesía actual que resiste el avance de la motosierra sobre los derechos conquistados.
- marzo 19, 2026
- Lectura: 7 minutos
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El próximo 24 de marzo se cumplen 50 años del golpe de Estado cívico militar más sangriento de nuestra historia. En los últimos dos años, las luchas por los derechos humanos son cuestionadas de manera insistente con preguntas tan fuera de lugar como: ¿realmente fueron 30.000 desaparecidos?, ¿acaso no fue una guerra entre dos bandos?, ¿eran todos zurdos y guerrilleros? y más.
Entre los treinta mil se encuentra el escritor Haroldo Conti, militante del Partido Revolucionario de los Trabajadores al momento de su desaparición. Pensar su literatura desde su posición política partidaria es reduccionista. Fue y seguirá siendo un gran escritor pese a quienes piensen que reducirlo o acallarlo es suficiente para que se deje de leer.
Innumerables son los trabajos de investigación que dan cuenta de la prohibición de libros durante el golpe de Estado, de la persecución a lectores, de las quemas de ejemplares casi inhallables en la actualidad. De hecho, la SIDE consideró a Mascaró de Conti subversiva y de orientación marxista, aunque destacó el elevado nivel técnico y literario de la obra. En las últimas décadas, la escuela fue trinchera contra discursos golpistas y se dió a leer a los alumnos, desde muy temprana edad, libros prohibidos por aquel entonces. Resulta irrisorio pensar que hace un año atrás hubo una revuelta sobre qué libros los chicos podían leer en la escuela y cuáles no, qué podía haber en una biblioteca escolar y qué no. Más aún cuando esos discursos negacionistas venían cargados de otros discursos aún más condenatorios.
De repente la construcción de la memoria es puesta en cuestionamiento, olvidando el trabajo inmenso de las agrupaciones de derechos humanos, como Madres y Abuelas de Plaza de Mayo o H.I.J.O.S., agrupaciones apartidarias que buscan recuperar a sus muertos y a sus vivos, no olvidar la historia, mantener viva la memoria colectiva, alertar, denunciar y llevar a la justicia casos de violación de los Derechos Humanos.
En 1948, la Asamblea General de las Naciones Unidas reunió en un documento más de 30 artículos en los que declaró los derechos humanos básicos en inviolables. Treinta años más tarde, en nuestro país, estos derechos eran violados sistemáticamente desde la estructura de gobierno, con la connivencia de parte de los civiles y el acallamiento del pueblo por la implementación del terrorismo de estado.
“Yo estuve lavando ropa/ mientras mucha gente/ desapareció/ no porque sí/ se escondió/ sufrió/ hubo golpes/ y/ ahora no están/ no porque sí/ y mientras pasaban/ sirenas y disparos, ruido seco/ yo estuve lavando ropa,/ acunando,/ cantaba,/ y la persiana a oscuras”, escribió la poeta Irene Gruss.
Hace una semana atrás, se redujo la edad de imputabilidad a 14 años, permitiendo que los menores sean juzgados con penas máximas de 15 años. Esta baja de edad omite los derechos vulnerados de los menores que el Estado debe garantizar.
“Veo pequeñas caras rosadas/ contaminarse por el horror del hambre/ famélicas deseantes desnutridas errantes/ reptantes bajo el sol marrón/ con los pies conmovidos por la tierra/ coléricos de sueños y decepciones/ infantes caras de ángeles/ envenenados por el odio/ buscando algo que comer/ hasta que las luces del alumbrado público/ dibujan la figura raquítica de sus sombras/ y sus pequeños cuerpos/ se convierten en espectros/ vibrantes en busca de cobijo/ fumando el aliento ácido que deja/ la saliva seca y solitaria”, escribió el poeta Danilo Zárate Pacheco. Y también: “Alguna vez jugaron al fútbol/ a la escondida al quemado/ ahora persiguen acorralan ahorcan/ el barrio te encierra/ te obliga a los polos: a ser policía o chorro”.
David Moreira murió a los 18 años, en Rosario, después de agonizar tres días luego de que los vecinos lo lincharan por un “aparente” intento de robo. La poeta Claudia Masin escribió a partir de este hecho: “Quiero vivir el día/ en que se desató la cuerda y la rabia quedó suelta, a merced/ del terror que iba a empezar a alimentarse en el estómago/ de la bestia, su propia mala estrella concibiéndose/ desde antes de su nacimiento, antes/ de que pudiera hablar, pensar, antes de que supiera/ que iba a vivir una vida donde el oxígeno/ nunca iba a alcanzar para él, donde tendría que respirar/ conteniendo el aire, como si estuviera en el fondo del océano,/ y aunque hubiera suficiente para todos, más de una vez/ amanecería boqueando como un pez fuera del agua,/ casi muerto”.
La poeta Noelia Alcayaga escribió: “Ahora, que la comida duerme por toneladas secuestrada lejos de las bocas,/ que los remedios son diamantes inaccesibles,/ que cada calle se pinta de garrote y borcego/ de camión hidrante y gas pimienta./ Ahora, que el otro es ante todo el enemigo,/ que la cultura es un gasto y la educación un voucher,/ tiempo de tirar cada viejo por la ventana,/ de vaciar veredas de bultos humanos que afean el paisaje./ Ahora, que los niños sobran, los discapacitados molestan,/ que ser maricón, torta, trava, trans, es ser desviado,/ que pagar por un techo es un lujo y el tiempo libre es de vagos./ Ahora, que las vacaciones no son tu derecho,/ que el asado y el postre se lo come el extranjero,/ los ríos lloran lágrimas de sangre/ el mar soporta estruendos noche y día,/ que fumigar escuelas es deporte./ Ahora, que las universidades se vacían de trabajadores,/ los cines de enamorados,/ las bibliotecas en peligro de derrumbe,/ la ciencia ya no es ni pan ni trabajo,/ que nos roban otra vez los trenes./ Ahora, que las Madres son las locas y las guerrilleras,/ que no son 30.000 ni Malvinas tan argentinas,/ que te reescriben la historia y la neutralidad es un cuento./ Ahora, que los medios están de fiesta obscena,/ la banca chupándote hasta tu última gota de sangre,/ que el congreso te entrega y/ los sindicatos brillan por su ausencia,/ ahora, que todo preso es político.// Ahora, que te gobierna un perro clonado/ que el vocero se ríe de vos cada mañana,/ que los fugadores son ministros y las dirigencias callan,/ que la motosierra amputa tu vida./ Ahora, / que solo queda por rifar la bandera, decime entonces,/ ADÓNDE CARAJO ESTÁ LA LIBERTAD”.
Ya Ana María “Lili” Ponce, detenida-desaparecida que estuvo secuestrada en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), había escrito: “Para que la voz no se calle nunca,/ para que las manos no se entumezcan,/ para que los ojos vean siempre la luz,/ necesito sentarme a escribir…”.
El 24 de marzo de 1976 es parte ineludible de nuestra historia, depende de nuestra comunidad construir la memoria y defender en todos los tiempos los derechos humanos para que no suceda un hecho de semejante aberración histórica Nunca Más.
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