Argentina / 14 marzo 2026

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Los misiles de Medio Oriente hacen tambalear los mercados internacionales

Si bien el conflicto desatado recientemente por los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán está muy lejos de esta geografía, sus efectos se sienten cerca. Podríamos experimentar sacudidas brutales en nuestros principales pilares económicos: los granos y la energía. La clave está en la duración de la guerra.

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La semana pasada la atención estuvo puesta en la ratificación del acuerdo MERCOSUR-UE por parte de los congresos sudamericanos, mientras que la pregunta era cómo afectaría a las relaciones comerciales globales el nuevo foco de conflicto bélico desatado por Estados Unidos e Israel a raíz de sus ataques a Irán. Hoy se puede afirmar que todo el escenario relativo a la producción de granos sufre el impacto de esta nueva guerra. La pregunta es si el conflicto se extenderá en el tiempo, pues eso será determinante para evaluar el nivel de daños potenciales. La posibilidad de que esto vaya para largo es muy alta, porque Irán -que no tiene el mismo poderío militar que Estados Unidos o Israel- sí parece estar preparado para librar una guerra de desgaste y prolongar el enfrentamiento.

Pero más allá de la duración del conflicto, la Argentina ya experimenta un cambio de reglas de juego en dos de sus principales pilares económicos: el agro y la energía. Y si bien la región de Medio Oriente no es primordial para los productos que el agro argentino exporta, sí resulta fundamental el incremento del precio del petróleo y sus derivados. Estas variaciones se trasladan de inmediato a los costos de producción y logística, ya que las maquinarias agrícolas y los transportes de granos consumen cantidades de combustibles, y además otros insumos -como los fertilizantes- están atados al valor de los hidrocarburos. Un claro ejemplo es la urea, un fertilizante nitrogenado esencial para el cultivo de cereales como el trigo, el maíz, el sorgo y el arroz, y cuya producción está íntimamente ligada al gas natural, combustible que explica aproximadamente el 80% del valor de producción de la urea, introduciendo un gran interrogante sobre la estructura de costos para la próxima campaña agrícola. Entonces: si esta situación se alarga demasiado, ¿disminuirán las inversiones en los cultivos intensivos? ¿Debemos prever la pérdida de superficie sembrada?

El paso neurálgico

El Estrecho de Ormuz conecta al Golfo Pérsico con el Golfo de Omán y el Mar Arábigo y su ruta hacia el Océano Índico. Mide poco más de treinta kilómetros en su punto más ceñido y es la puerta por donde salen las exportaciones de los grandes países petroleros de Medio Oriente, como Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Irak y Qatar. El 25% del petróleo, el 20% de Gas Natural Licuado, y un tercio del fertilizante que circula por el mundo, atraviesan ese paso. 

El estrecho se mantiene bajo control iraní y Teherán ha reiterado que toda embarcación comercial perteneciente a Estados Unidos, Israel, países europeos, o sus aliados, tiene prohibido el tránsito. Y parece que la nación persa advierte y cumple, pues el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica atacó este sábado, con un dron destructor, un petrolero comercial llamado Prima que desoyó las repetidas advertencias de las autoridades iraníes sobre la navegación en el lugar.

Las tensiones geopolíticas en torno a este sitio han llevado al crudo Brent a superar los 92 dólares por barril, reavivando los temores de un sismo energético global. Para algunos analistas, si se prolonga el cierre de Ormuz, o se bloquean otras rutas clave, el petróleo podría escalar a valores cercanos a 150 o 200 dólares por barril. Recordemos que esta época de finales de verano y entrada al otoño es de alta demanda de gasoil en el campo argentino pues las cosechadoras están a pleno y lo propio sucede con el transporte de granos: los camiones no paran de acarrear mercadería del campo a los acopios y de estos a los puertos. Ante esto, la OPEP anunció un aumento de producción para compensar los faltantes en la zona en conflicto, pero habrá que ver si esa salida resulta suficiente y llega a tiempo.

Hay quienes, amparados en un nivel de oferta sin precedentes, debido a la extraordinaria cosecha de trigo que tuvimos y a las grandes performances productivas que presentan el girasol y el maíz, apelan al dicho “a río revuelto, ganancia de pescadores” y se entusiasman con hacer espejo en la situación de aquellos años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, pero… ni este mundo es aquel, ni este país es el mismo.

Por otro lado, los expertos afirman que cuando el precio del petróleo se incrementa, el valor de la soja y el maíz siguen esa tendencia. Esto se explica por el parentesco existente entre estos commodities en la dimensión de los biocombustibles, ya que un crudo más caro mejora la competitividad de los derivados de vegetales. En la soja, el subproducto en cuestión es el aceite, un insumo directo para la obtención del biodiesel, que ha acumulado ganancias del 22% desde febrero, y está alcanzando niveles máximos desde fines de 2022. En cuanto al maíz, ocurre algo similar con la preparación del bioetanol.

Por el lado del trigo, sabemos que su valor es altamente sensible a situaciones extremas, como lo es este conflicto bélico, debido a su estrecha relación con el consumo humano y al elevado volumen de comercio internacional que opera en las geografías cercanas al área en cuestión.

Aunque algunos podrían celebrar, ya vemos que a la par de la suba de los commodities agropecuarios se elevan los relacionados con la energía y eso -para una economía como la argentina- seguramente derivará en un descalabro de valores que se traducirá en inflación. 

La volatilidad presente en los mercados internacionales no debería ser motivo de alegría o expectativa positiva. Algún sobreprecio en las mercaderías que exportamos podrá acarrear beneficios puntuales y pasajeros, pero a la larga, la inestabilidad no es un horizonte de prosperidad en el marco de un mundo como el actual. Hay quienes, amparados en un nivel de oferta sin precedentes, debido a la extraordinaria cosecha de trigo que tuvimos y a las grandes performances productivas que presentan el girasol y el maíz, apelan al dicho “a río revuelto, ganancia de pescadores” y se entusiasman con hacer espejo en la situación de aquellos años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, pero… ni este mundo es aquel, ni este país es el mismo.

 

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