- Inicio
- /
- Internacional
- /
- Cuatro años de guerra evitable
Cuatro años de guerra evitable
Se cumplió el cuarto aniversario del inicio del conflicto bélico entre Rusia y Ucrania. Pocos sucesos como este tuvieron tantas oportunidades de no existir, sin embargo, todas las posibilidades fallaron. Presenciamos la guerra más evitable pero más buscada.
- febrero 28, 2026
- Lectura: 3 minutos
Compartir:
- febrero 28, 2026
- Lectura: 3 minutos
Compartir:
El 24 de febrero de 2022, Rusia puso en marcha la Operación Militar Especial en territorio ucraniano. Esa fecha también coincide con el duodécimo aniversario del Euromaidán, el golpe de Estado -respaldado por la OTAN- contra el gobierno democráticamente elegido de Víctor Yanukóvich en Ucrania. Fue el 22 de febrero de 2014 y podríamos decir que fue el punto de no retorno hacia la guerra.
Es inverosímil que, a cuatro años, todavía estemos hablando de esto. Es un desastre, primero humanitario, y sobre todo para el pueblo ucraniano. Luego es un desastre para Europa, que no tuvo los reflejos suficientes para evitar las presiones estadounidenses para involucrarse, y finalmente es un desastre latente para la humanidad, pues nadie puede asegurar que esto no desemboque en un enfrentamiento nuclear.
Hay un antecedente histórico que no se puede eludir, porque nos da la pauta de que Estados Unidos siempre tuvo en la mira a Rusia y ese es el punto: este conflicto lo generaron las políticas de Washington. Luego de la caída de la URSS y el fin de la Guerra Fría, Estados Unidos reinaba de forma suprema y suponía que podía incorporar a Rusia en el mundo unipolar que dominaba a su antojo. Rusia sería sumisa y estaría partida en tres: un fragmento europeo, otro siberiano y un tercer espacio en el Lejano Oriente. Esto pensaba -entre otros, en los años noventa del siglo pasado- Zbigniew Brzezinski, un politólogo polaco-estadounidense que llegó a ser consejero de Seguridad Nacional durante el gobierno de Jimmy Carter. La idea era que así Estados Unidos ya no tendría rivales y por lo tanto, no habría más guerras. De allí venimos; pero Rusia demostró que podía resistirse a lo que Estados Unidos pretendía y empezó a desarrollar un camino autónomo. De pasar a ser -en los planes de la Casa Blanca- una potencia de tercera categoría, se convirtió en un rival tan inquietante como lo había sido la Unión Soviética.
Más recientemente, la mano estadounidense maniobró las marionetas para llevar la situación a un punto en el cual la guerra fuera inevitable, con la expansión de la OTAN hacia el este, cuestión que Rusia consideró siempre como una amenaza existencial. Claro que el trabajo sucio lo haría Ucrania y el resto de Europa estaría detrás. Boris Johnson, un auténtico culpable de este conflicto, aseguraba que no se podía permitir que Kiev firmara un acuerdo de paz con Moscú en la primavera de 2022, porque eso sería una amenaza para la hegemonía occidental. También fueron muy sorprendentes las declaraciones de la ex canciller alemana, Angela Merkel, cuando en 2022, en una entrevista con el influyente semanario alemán Die Zeit confesó: “Los acuerdos de Minsk (firmados en 2014 y 2015) fueron un intento de ganar tiempo para Ucrania”. Mientras esa traición se consumaba, Angela posaba en fotos con un gran ramo de flores con el que Vladimir Putin la agasajaba cada vez que llegaba a Moscú.
Mientras los militares rusos no paran de avanzar en el terreno, y siguen fortaleciendo sus estructuras bélicas, lo último que sabemos sobre una solución a esta crisis no es muy auspicioso: Rusia alerta de que el régimen de Kiev y Europa no hacen más que socavar la búsqueda de soluciones pacíficas.
Estos fueron los gobernantes europeos que se dejaron empujar por Estados Unidos sabiendo que era una mala idea. Cuando se produjo la ampliación de la OTAN hacia Ucrania, hubo mucha resistencia en Europa porque entendían que iban a una guerra, sin embargo, terminaron cediendo. Ahora que Donald Trump -embarcado en otros delirios planetarios como el ataque a Irán- ya no está tan interesado en el destino de Ucrania, los europeos han quedado atrapados en un callejón sin salida. ¿Qué harán? ¿Se harán cargo de la guerra perdida? ¿Terminarán en un enfrentamiento abierto con Moscú? Alemania, Francia y el Reino Unido son los principales responsables y sus líderes, Friedrich Merz, Emmanuel Macron y Keir Starmer, deberían ser los primeros en abrir el camino hacia la paz. Pero ya sabemos: a los olmos…
Una salida compleja
Mientras los militares rusos no paran de avanzar en el terreno, y siguen fortaleciendo sus estructuras bélicas, lo último que sabemos sobre una solución a esta crisis no es muy auspicioso: Rusia alerta de que el régimen de Kiev y Europa no hacen más que socavar la búsqueda de soluciones pacíficas. «Probablemente estén molestos por su fracaso”, ha comentado recientemente el canciller ruso, Serguéi Lavrov, refiriéndose a la postura de los líderes europeos. Se puede vender humo, se pueden anunciar progresos, pero lo cierto es que todavía hay mucho camino por recorrer. Y la pregunta cae, madura como una fruta: ¿Tienen intenciones reales los que están frente a Rusia de finalizar el conflicto?
Por el lado de los Estados Unidos podríamos decir que sí. Rusia sabe que Trump ha entendido que hay que ir hasta la raíz de las causas del conflicto, y que esas causas no desaparecerán si no se incluye su eliminación en cualquier acuerdo de paz. Es la base de la postura rusa: la seguridad de su existencia y los derechos de las personas ruso hablantes en Ucrania, en plena conformidad con el derecho internacional y la carta de las Naciones Unidas. Pareciera que Trump lo asimila y está dispuesto a sacarse de encima a Zelensky lo antes posible. Pero esa no es la postura de aquellos que se autoperciben como los campeones de la libertad y de los derechos humanos, que señalan a Rusia como si fuera el demonio, mientras hacen la vista gorda y apoyan a un régimen que a todas luces es el nazismo del siglo XXI.
A finales de enero, Lavrov denunció la aspiración de la mayoría de los países occidentales de seguir utilizando a Ucrania para el enfrentamiento armado con Rusia. «El objetivo de infligirnos una derrota estratégica ya no suena con tanta frecuencia, pero todo indica que se mantiene en las mentes y los planes, sobre todo, de los líderes europeos», señaló el diplomático.
En fin, la sensatez no es algo que se adquiere en un supermercado. Y como es un elemento muy escaso en quienes deben tomar decisiones por parte de Occidente, todo indica que algún acuerdo de paz, alguna salida pacífica a este conflicto está aún muy verde. Ojalá el 22 de febrero del año próximo hablemos de esto en tono de efemérides y no de última noticia.
4Palabras
Compartir:
Temas relacionados
Comentarios Cancelar la respuesta
Más leídas
- All Posts
- Ciencia y Tecnología
- Cultura
- Deportes
- Economía
- Internacional
- Política
- Sociedad
Suscríbete a nuestro boletín para mantenerte actualizado
Publicidades
Más información
- All Posts
- Ciencia y Tecnología
- Cultura
- Deportes
- Economía
- Internacional
- Política
- Sociedad



