“Catedrales del agua”: firme pedido de la Iglesia para proteger los glaciares
La Conferencia Episcopal advierte sobre el impacto de flexibilizar la protección de los glaciares. "Los glaciares no son simples recursos económicos", afirma la Comisión de Pastoral Social en una carta abierta a los legisladores nacionales.
- febrero 23, 2026
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Mediante una carta abierta dirigida a los legisladores nacionales, la Comisión de Pastoral Social de la Iglesia Católica expresó su “profunda preocupación” por la iniciativa del gobierno nacional para modificar la ley 26.639 que establece los “Presupuestos mínimos para la protección de los glaciares y el ambiente periglaciar” aprobada en el 2010 con amplio consenso parlamentario. El organismo de la Conferencia Episcopal recuerda que “los glaciares no son simples recursos económicos”, dado que se trata de “fuentes de agua y de vida, reguladores del clima y del ciclo hídrico” a los que califica de “catedrales del agua”.
La preocupación de los obispos radica en que la iniciativa oficial de reformar la ley se ampara en el argumento de clarificar “aspectos interpretativos” de la norma vigente, pero apunta al mismo tiempo a flexibilizar lo que se entiende como “un piso de protección” que la comisión episcopal considera “que no puede ser relativizado en favor de intereses sectoriales o de corto plazo”.
Los gobernadores de las provincias mineras -en particular Salta, Jujuy, San Juan, Catamarca y Mendoza—junto a empresas internacionales dedicadas a la explotación minera vienen presionando para que se disminuyan las prescripciones establecidas para la exploración y la explotación de minerales con la finalidad de disminuir los costos operativos. Las organizaciones ambientalistas y de las comunidades de vecinos afectados entienden que las reformas legales impactarían seriamente en los recursos acuíferos y en la calidad de vida de las poblaciones.
Le pide la iglesia a los legisladores que “mantengan y fortalezcan el espíritu y los presupuestos mínimos de protección establecidos por la Ley de Glaciares” y que prioricen “la defensa de la vida, el agua y la integridad de los ecosistemas por sobre cualquier otro interés” mediante la escucha de las comunidades locales y de los científicos, actores esenciales para un discernimiento prudente”.
La Pastoral Social –en base a la doctrina social de la Iglesia—precisa ahora que “el desarrollo verdadero no puede reducirse al mero crecimiento económico, sino que debe ser integral, sostenible y respetuoso de la dignidad humana y de la naturaleza”. Porque –siguen diciendo los obispos católicos—“toda actividad productiva debe someterse a estos principios y al cuidado de bienes públicos universales”. Apoyándose en el documento Laudato Si del papa Francisco recuerda que “no hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio ambiental” y, en consecuencia, “las líneas para la solución requieren una aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza”.
Le pide la Iglesia a los legisladores que “mantengan y fortalezcan el espíritu y los presupuestos mínimos de protección establecidos por la Ley de Glaciares” y que prioricen “la defensa de la vida, el agua y la integridad de los ecosistemas por sobre cualquier otro interés” mediante la escucha de las comunidades locales y de los científicos, actores esenciales para un discernimiento prudente”.
Solicitan también los obispos que “promuevan un modelo de desarrollo nacional que armonice la producción con la ecología integral, buscando alternativas que no comprometan recursos naturales críticos e irrecuperables, honrando así el carácter de esencia sagrada que poseen esas fuentes de agua”.
Confiando en “la sabiduría y en el amor patrio de nuestros representantes para tomar decisiones valientes y proféticas que nos unan como Nación en torno a la protección de la vida en todas sus formas”, la Comisión de Pastoral Social expresa su deseo de que “quienes intervengan (en el proceso de actualización de la ley) sean estrategas capaces de anteponer el bien común a los intereses particulares, desde una solidaridad intergeneracional que considere el futuro de nuestros hijos y del planeta, mostrando la nobleza de la política y no su vergüenza”.
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