Dossier | Ley de Salud Mental en debate: Cuando la locura avanza las normas están medicadas
En continuidad con el dossier que 4Palabras dedica a la Ley Nacional de Salud Mental, Sergio Zabalza analiza los tiempos de anomia, violencia simbólica y descomposición del lazo social en los que la ley se vuelve un campo de disputa central. Desde una lectura psicoanalítica y política, el texto indaga cómo el vaciamiento de la palabra, la desinformación y la falta de recursos amenazan una norma que concibe el padecimiento como derecho y no como desvío a disciplinar. Tempos de anomia y perplejidad.
- enero 30, 2026
- Lectura: 3 minutos
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Desde las patoteadas de Trump hasta un policía alcoholizado que dispara en plena vía pública, la anomia asoma como uno de los rasgos más persistentes de nuestra subjetividad. La ley es hija de la palabra: cuando la palabra pierde su capacidad referencial, la ley se vacía. Se puede hacer cualquier cosa, porque se puede decir cualquier cosa. En este marco, me animo a relacionar la ley de Salud Mental con la Ley de Medios que el establishment se encargó de mutilar por completo. Esto es: quitar toda posibilidad de resguardo para los usuarios de información.
Un peligro similar alcanzo a percibir cada vez que escucho críticas a la ley de Salud Mental con el solo fin de proteger los intereses de los poderosos. El alienado es siempre el testimonio singular de un abismo social. Entonces, pasión por la ignorancia mediante, se encierra y se medica a quien con su padecimiento muestra la locura que padecen los “normales”. (¿Tengo que aclarar que medicar puede ser muy útil y necesario siempre y cuando medie también la palabra?) OK, seguimos.
La ley es hija de la palabra: cuando la palabra pierde su capacidad referencial, la ley se vacía. Se puede hacer cualquier cosa, porque se puede decir cualquier cosa. En este marco, me animo a relacionar la ley de Salud Mental con la Ley de Medios que el establishment se encargó de mutilar por completo. Esto es: quitar toda posibilidad de resguardo para los usuarios de información.
La cuestión está en qué hacemos para que la actual ley de Salud Mental cobre solidez en su aplicación -no solo para servir de la mejor manera a sus usuarios-, sino también para en estar en condiciones de hacer frente a las mentiras de quienes prefieren una ley que regule nada. Es decir: los mismos que se sirven de la modificación a la ley de medios y que desinforman sobre la Ley de Salud Mental. La Locura Avanza y, como no podría ser de otra manera, pretende derogar, cambiar y medicar a la ley de Salud Mental. Me animaría a decir que los mayores tropiezos que enfrenta la norma se deben a la ausencia de los recursos mínimos para cumplir su tarea. Es decir, servicios equipados con suficientes profesionales, espacios y elementos como para brindar al usuario la atención que merece como ser hablante y como ciudadano de una democracia. Un conocido poema precisa:
“Hay muchas formas de matar a una persona/Apuñalarlo con una daga/quitarle el pan/no tratar su enfermedad/condenarlo a la miseria/hacerlo trabajar hasta desfallecer/impulsarlo al suicidio/enviarlo a la guerra, etc. /Sólo lo primero está prohibido por nuestro Estado”.
No sabemos si Bertolt Brecht imaginaba que nuestra ley de Salud Mental postularía en su artículo primero que la salud mental es un derecho, ya que en su poema no menciona que enloquecer a una persona es también una manera de matarlo. Bien, en mi opinión la mejor manera de contribuir a la correcta implementación de la ley es denunciar que el actual gobierno nacional atenta contra la salud mental de los argentinos. Solo recordar el intento de castigar a los legisladores que no respondieran a las directivas del Poder Ejecutivo basta para tomar nota del grado de perplejidad que origina escuchar semejante atropello a la división de poderes con absoluta impunidad. Nuestra hipótesis es que tal desconcierto no es fruto de la casualidad, sino el norte que marca el derrotero libertario: una forma de gobierno. Desde el punto de vista psicoanalítico, perplejidad es el primer paso hacia un desencadenamiento y, desde el sentido común, refiere la paralización del intelecto, cuya traducción práctica es la pasividad ante la afrenta y la agresión del Tirano. Cualquier parecido con la actualidad no es casualidad. Hoy la penosa y degradada situación de la administración de justicia argentina es el siniestro ladero de la anomia que nos encierra en la perplejidad. Como consecuencia, el masoquismo señalado por Freud y la fascinación por el sacrificio enunciada por Lacan insinúan un oscuro horizonte. Razón de más para que nuestro Deseo de Analistas tome partido. Un Deseo de Ley.
Sergio Zabalza es psicoanalista y doctor en Psicología por la Universidad de Buenos Aires.
4Palabras
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