Argentina / 3 febrero 2026

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Dólar, esa obsesión nacional

El Gobierno anunció que modificará el sistema cambiario de “bandas”. Aquí entrevistamos a Mariana Luzzi, autora del libro El dólar, historia de una moneda argentina, junto a Ariel Wilkis. Un recorrido por la obsesión nacional con la moneda extranjera: de refugio financiero a lenguaje de protesta y pilar de una estabilidad hoy puesta a prueba.

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Durante la última semana el Gobierno nacional adelantó que a partir del primero de enero de 2026, modificará el esquema de bandas, un bastión al que Luis Toto Caputo se resistía a renunciar hasta el último minuto antes del anuncio. Junto con el presidente Javier Milei en reiteradas ocasiones insistieron en que las bandas eran sólidas y no se “tocaban”. Era un esquema “consolidado”. Hasta aseguraban que cualquier propuesta por modificarlas era “precaria intelectualmente”. 

Aunque tal vez el cambio no tendrá un impacto a corto plazo, el dólar subirá al ritmo de la inflación que refleje el INDEC. Entre aquellos que creen que la economía “no está bien”, pero que pusieron un voto de confianza en el gobierno, la estabilidad del dólar es clave. Si el dólar está calmo, hay una suerte de fe en que habrá crecimiento, aún cuando la coyuntura les exige un renunciamiento permanente de bienes, servicios, endeudamiento o billeteras vacías a partir del día veinte de cada mes. 

Hace diez años, en plena discusión sobre el cepo cambiario, los sociólogos Mariana Luzzi y Ariel Wilkis se hicieron una pregunta muy simple: cómo fue que llegamos a que el dólar sea una suerte de moneda argentina, un elemento tan familiar y de dependencia absoluta para tantas personas: las que tienen no tienen dólares, las que sí tienen y las que aspiran a tenerlos. 

El trabajo de campo y de archivo les exigió mirar periodos mucho más lejanos en el tiempo para tratar de reconstruir las primeras huellas de esa presencia en la cultura argentina. De allí surgió El dólar: historia de una moneda argentina, reeditado este año por la editorial Siglo XXI. En diálogo con 4Palabras la socióloga Mariana Luzzi da cuenta de cómo construimos este vínculo y responde por qué es tan difícil que los argentinos nos saquemos el dólar de la cabeza. 

Más allá de las élites o de sectores que pueden acceder a bienes, las clases populares en la Argentina también consolidaron una vinculación estrecha con el dólar. Es decir, aunque no toda la población tiene dólares o no tienen en la misma cantidad -y esas diferencias son relevantes- el valor aproximado del dólar lo sabe todo el mundo en la Argentina. Luzzi explica que, junto con Wilkis, constataban una suerte de doblamiento: por un lado efectivamente el dólar era una moneda que funciona como activo financiero, pero sobre todo el valor del dólar era un componente muy importante de la información cotidiana: el dólar estaba presente, antes en la prensa gráfica, en la televisión, ahora en los portales de internet. 

La información sobre el valor del dólar nos llega por un montón de vías, por eso el interés de todos los sectores sociales, dice. Si el dólar sube, puede trasladarse a los precios y “eso va a afectar nuestros ingresos”. Pero también nos preocupamos si el dólar sube continuamente, porque “eso significa que el gobierno que está en el momento en el poder no está pudiendo controlar una variable importante de la economía y por lo tanto tiene dificultades que son a la vez económicas y políticas”, explica Luzzi. 

 

Internacionales y populares 

Una de las cosas que grafican en el libro El dólar: historia de una moneda argentina es cómo ese proceso en la cual los argentinos fuimos ganando familiaridad con el dólar arrancó de modo lento y avanzó luego progresivamente desde los años treinta. Durante el siglo XX, el dólar se ha convertido en un gran tema de conversación, de preocupación, de información pública y también en una herramienta financiera disponible para sectores muy amplios de la población. “En los años 80 durante la alta inflación no ahorraba dólares solamente la élite o los sectores más vinculados directamente al mercado financiero, sino que ahorraba dólares la suegra de Federico Luppi en la película Plata dulce”, ejemplifica

El punto de inflexión fue la caída de la convertibilidad. El corralito, la pesificación compulsiva y el fin de la paridad uno a uno desencadenaron la movilización social. Tras la promesa incumplida del entonces presidente Eduardo Duhalde, que había asegurado que «el que depositó dólares, recibirá dólares», todo se desmadró. “Ahí por primera vez los dólares aparecen expresados en el lenguaje de la protesta callejera”, afirma la socióloga y asegura que este antecedente es fundamental para entender los conflictos actuales. 

Según Luzzi, las demandas que se vieron en 2011 con la restauración del cepo, donde la sociedad exigía la apertura del mercado cambiario en términos de “derechos”, no son más que el resultado de esa historia de crisis y estabilidad perdida. Lo que empezó como un refugio ante la inflación terminó consolidándose como un estandarte de libertad económica en el espacio público.

“Cuando uno aprende a hacer algo, y eso se muestra útil, exitoso, efectivo, es muy difícil dejar de hacerlo. Entonces, ¿podría suceder que haya otra cosa que no sea el dólar, que cumpla la misma función del dólar? Podría ser. ¿Podría ser que la Argentina logre finalmente fortalecer su moneda nacional? Lógicamente podría ser, pero lo cierto es que si eso sucede, no podemos prever cómo será. Es un proceso que puede llevar mucho tiempo”. Mariana Luzzi.

Los dólares en la cabeza 

Pero, ¿qué tan difícil es que los argentinos nos saquemos el dólar de la cabeza? “Es la pregunta del millón”, dice la investigadora. La manera optimista de verlo, explica, tiene que ver con la naturaleza de este fenómeno y señala un proceso sociohistórico de lenta y progresiva popularización en el que contribuyeron elementos económicos que tienen que ver con las características de la estructura económica de la Argentina y de las políticas a lo largo del siglo XX, muy marcado por la inestabilidad. 

“Así como sucedió de esta manera, nada dice que no vaya a seguir transformándose. Este es un proceso en movimiento. Tranquilamente hay ciertos elementos que hoy están presentes que podrían no estar presentes en el futuro”, asegura. Al mismo tiempo, destaca cómo el dólar terminó siendo incorporado en los repertorios financieros, en las cosas que las personas, las organizaciones, las empresas saben hacer y tienen a mano como recurso para enfrentar distintas situaciones, distintas características, distintos riesgos en relación con la economía. 

“Cuando uno aprende a hacer algo, y eso se muestra útil, exitoso, efectivo, es muy difícil dejar de hacerlo. Entonces, ¿podría suceder que haya otra cosa que no sea el dólar, que cumpla la misma función del dólar? Podría ser. ¿Podría ser que la Argentina logre finalmente fortalecer su moneda nacional? Lógicamente podría ser, pero lo cierto es que si eso sucede, no podemos prever cómo será. Es un proceso que puede llevar mucho tiempo”, señala. 

La tensión entre la “estabilidad monetaria” y el hecho de que un gran porcentaje de la población esté llegando al día veinte del mes con su salario jugaron como fuerzas contrapuestas en el resultado electoral de octubre. Para Luzzi, eso se explica porque la inflación fue una gran preocupación en la cabeza de las personas cuando votamos en 2023, y “más allá de adhesiones ideológicas o no, mucha gente votó esperando un gobierno que pudiera finalmente estabilizar la economía”. 

Por eso, establece un paralelismo con la segunda mitad de la década de 1990, un periodo recordado por la ausencia de inflación pero signado por el desempleo estructural. Y advierte sobre los peligros de una estabilización basada exclusivamente en el freno de la actividad económica. “La paz de los cementerios es una forma de paz. Efectivamente, que la economía se pare, que los precios estén relativamente quietos, es algo que trae un alivio muy importante, siempre y cuando la población siga teniendo ingresos”, señala la socióloga. 

En ese sentido, reconoce que el riesgo latente está en que, eventualmente, la falta de trabajo reemplace a la inflación como la principal angustia social. “Este gobierno se enfrenta a algo urgente que es hasta dónde va a poder sostener la estabilidad”, indica Luzzi. Según su visión, los ruidos en los mercados hablan de una “dificultad para mantener esos índices de inflación tan bajos como espera mantenerlos”, sumando incertidumbre a un modelo que ya camina por la cornisa de la recesión.



4Palabras

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