Argentina / 15 marzo 2026

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«Lula sigue siendo favorito pero necesita mayor respaldo legislativo»

Brasil siempre ocupa un lugar fundamental para Argentina en las relaciones internacionales. Todo lo que ocurre en Brasil interesa a los argentinos porque incide directamente en nuestra cotidianeidad. 4Palabras entrevistó sobre estos temas a Alexandre Barbosa, posdoctorado en Comunicación en la Universidade Estadual Paulista y doctor en Ciencias de la Comunicación en la ECA-USP.

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Brazilian former President (2003-2010) and candidate for the leftist Workers Party (PT) Luiz Inacio Lula da Silva holds a Brazilian flag while leaving a polling station during the presidential run-off election, in Sao Paulo, Brazil, on October 30, 2022. - After a bitterly divisive campaign and inconclusive first-round vote, Brazil elects its next president in a cliffhanger runoff between far-right incumbent Jair Bolsonaro and veteran leftist Luiz Inacio Lula da Silva. (Photo by CARL DE SOUZA / AFP)

Barbosa es periodista, investigador en el Centro de Estudios Latinoamericanos sobre Comunicación y Cultura (CELAC) y actualmente es Editor Ejecutivo de contenidos en la web TVT News de San Pablo. En diálogo con 4Palabras, sostiene que Lula es favorito en las encuestas para la reelección en Brasil, pese a un rechazo superior a su aprobación. 

El doctor en Comunicación, advierte que la mejoría económica y laboral no se traduce en apoyo total, porque la derecha moviliza a votantes con temas como seguridad pública y valores conservadores (machismo, homofobia) por encima de lo económico.

De acuerdo a su mirada, la candidatura de Flávio Bolsonaro (luego retirada) se interpretó como una jugada para negociar reducciones de pena a cambio de apoyar a candidatos como Tarcísio de Freitas. Barbosa también sostiene que la izquierda necesita ampliar escaños parlamentarios. Lula mantiene una hábil diplomacia, negociando con Trump y buscando incluir a la Argentina de Milei en el Mercosur por intereses comerciales mutuos.

¿Cómo se presenta el escenario electoral en Brasil? ¿Cuáles son las chances de Lula para reelegir?

Todas las encuestas sobre intención de voto dan favoritismo a Lula, algunas con un amplio margen sobre todos los candidatos de la derecha, incluyendo al gobernador de São Paulo, Tarcísio de Freitas. Esto a pesar de que las mismas encuestas señalan que los índices de rechazo del presidente y del gobierno están por encima de los de aprobación. Aún así el escenario muestra que Lula sigue siendo favorito.

Sin embargo, precisamente porque todavía quedan diez meses hasta las elecciones, no se puede decir que la reelección de Lula esté garantizada. Primero porque las encuestas sobre intención de voto muestran un poco de memoria residual: cuando los encuestadores exhiben los nombres de los candidatos el elector prefiere a Lula porque es el nombre más conocido. Hay también sectores de la sociedad, principalmente en el Nordeste y entre las mujeres, que lo apoyan de manera muy firme.

Pero hay dos cuestiones que llaman la atención. La primera tiene que ver con las motivaciones que mueven al elector que hoy son diferentes a las de elecciones pasadas. Antes se podía decir que la economía definía las elecciones. Inflación bajo control, aumento del poder adquisitivo y empleabilidad eran la receta para ganar las elecciones. Hoy Brasil ofrece todo esto: la inflación está controlada, el desempleo está en el índice más bajo de la historia y el nivel de ingresos de las clases más pobres está mejor. Sin embargo, estos índices no se reflejan en una mejora de la imagen del gobierno. ¿Por qué? Una hipótesis era que el gobierno no comunicaba bien lo que hacía. Hubo un cambio drástico en todo el equipo de comunicación. De hecho, mejoró bastante, y hasta hubo un respiro justo después del «tarifazo» (gran aumento de tarifas). La mejora en la economía y en el empleo debería resultar en una mejora en la percepción sobre el gobierno. No ocurrió.

La explicación, por lo tanto, sería que, para otra parte de la población, hay otras cuestiones también importantes, como la seguridad pública y los impuestos, por increíble que esto pueda parecer. Quizás cuando las elecciones se acerquen de verdad y el elector tenga que decidir entre dos proyectos de nación, la mejora en la economía pese a favor de Lula.

La segunda consideración –que ayuda a explicar la primera– es la fuerza política de la derecha en Brasil. Los analistas han señalado desde hace tiempo que Brasil es conservador. Los resultados de las votaciones en el Congreso y la resistencia a admitir que el gobierno de Lula hizo del país uno mucho mejor, muestran que hay sectores de la sociedad con valores arraigados en los temas de la extrema derecha: machista, misógina, racista y homofóbica. Dicho de otra forma: para algunos sectores de la sociedad, no importa que el precio de los alimentos disminuya o que haya más empleos. No valoran que la economía vaya. A la ultraderecha sí le preocupa, por ejemplo, que las personas tengan la libertad de optar por la identidad de género.  Esta es una percepción que a los institutos de investigación les cuesta medir, pero que es posible captar cuando se escucha con mucha fuerza en el Congreso a los círculos evangélicos y neopentecostales. 

Tal vez la clase media baja no ha sentido la mejora de la economía, dado que hay inflación en los servicios y disminución de empleos debido a los cambios tecnológicos. Pero, si se tuviera que apostar por una explicación, la idea es que los temas de la derecha, como el combate a la criminalidad y menos políticas de equidad, todavía están perjudicando la imagen del gobierno. Esto puede durar hasta las vísperas de las elecciones.

Además, por más que la familia Bolsonaro cometa errores, consigue articular congresistas. La votación del Proyecto de “ley de la dosimetría” (cálculo de penas) es prueba de ello. El brasileño, por una pequeña mayoría (cerca del 51%) está en contra de la amnistía, pero la reducción de penas fue votada de todos modos en la Cámara de Diputados. Aparentemente, la articulación de los partidos de centro con los de derecha aprobó la reducción de las penas para viabilizar a medio plazo una candidatura de personas como Tarcísio de Freitas, gobernador de São Paulo.

Flavio Bolsonaro ¿se presenta? ¿tiene posibilidades? ¿por qué lo hace?

La candidatura del senador Flávio Bolsonaro, hijo mayor del ex presidente condenado, es vista bajo diferentes aspectos: globo de ensayo, jugada maestra de su padre, articulación de la derecha con el centro. Un análisis es que, ante la reacción negativa del mercado y de las fuerzas políticas a la candidatura de Flávio, y con la respuesta de que el fin de esta tendría un “precio”, lo que los Bolsonaro querían era garantizar, si no una amnistía, por lo menos una drástica reducción de la pena para obtener el apoyo de la familia a la candidatura de Tarcísio de Freitas, el preferido del mercado.

Para explicarlo: Flávio Bolsonaro dice que es candidato, que cuenta con el apoyo de su padre y que no va a desistir. El mercado se entristece, ningún político de centro lo apoya públicamente. Entre bastidores, negocia la aprobación de la dosimetría con partidos de centro y de derecha y, después que todo esté aprobado, él retiraría la candidatura para apoyar al nombre con más fuerza, ya sea Michelle (la esposa de Bolsonaro) o Tarcísio. Si esto sucede demostraría que el grupo todavía conserva mucha fuerza política, incluso sin tener el nombre para llevar a las urnas en 2026.

Pero, es muy difícil entender a los Bolsonaro. Se equivocan por cuenta propia, como ha sido la desastrosa visita de Eduardo a EE. UU. Es una persona que no tiene aprecio por la democracia y que siempre trabajó por su propio interés y para salvar su pellejo de una prisión más larga. Desafortunadamente, la elección pasada le dio muchos escaños en el parlamento a este grupo que actúa pensando en temas que no son de interés para el país.

Las fuerzas progresistas esperan que la mejora en la economía se mantenga y crezca, y que esto sea decisivo a la hora del resultado electoral. Pero la izquierda necesita ampliar los escaños en el parlamento. Lula lo sabe e insiste en este discurso porque la falta de respaldo parlamentario ha perjudicado considerablemente las votaciones de temas que interesan al gobierno.

¿Hay otras fuerzas políticas que entran en el juego?

A pesar de que usamos la palabra Centrão (Gran Centro) para designar al grupo de partidos con intereses basados en el clientelismo, todos ellos están mucho más alineados a la derecha. Tenemos, por lo tanto, la extrema derecha en el PL y la derecha con varios partidos, desde União Brasil hasta alas del MDB. Aparentemente, la elección estará dividida entre la izquierda, en torno a la candidatura de Lula, y la derecha con la extrema derecha. Lula consigue apoyos de líderes locales en algunos estados, que pertenecen a partidos considerados de centro como el MDB.

La esperanza de las fuerzas progresistas es que la mejora en la economía se mantenga e incluso crezca, y que esto sea decisivo a la hora del resultado final de las urnas.

Lo nítido es que la izquierda necesita ampliar los escaños en el parlamento. Lula se dio cuenta de esto hace tiempo y ha estado insistiendo en este discurso con más énfasis. La izquierda viene perdiendo las elecciones parlamentarias desde hace tiempo y esto ha perjudicado considerablemente las votaciones de temas que interesan al gobierno. Esta batalla parece más difícil de ganar que las elecciones ejecutivas, ya que el voto del brasileño para elegir legisladores funciona con una lógica diferente.

Mientras que en el Ejecutivo el voto se basa en la percepción de mejora de vida o en lo que la persona considera de interés para su vida, el voto por los parlamentarios puede inclinarse hacia candidatos con nombres más conocidos. Por ejemplo: alguien puede votar por Lula para presidente, pero prefiere votar por un influencer, un artista, una persona conocida por las redes sociales o incluso por quien haya sido indicado por la iglesia. Modificar esta situación es el gran desafío de la izquierda, no solo en Brasil, sino en América Latina.

¿Cuál es la posición del gobierno de Lula frente al avance de Trump y sobre las amenazas contra Venezuela?

Vamos a dividir la respuesta en dos partes: Lula y Trump, por un lado, y Lula y Trump y el avance militar en América Latina, por otro.

Lula supo actuar muy bien con Trump para revertir el absurdo e injustificado «tarifazo» del aumento de los aranceles. La diplomacia brasileña profesional es una de las mejores del mundo. Dicho esto sin patriotismo, pero los diplomáticos brasileños están muy bien preparados, desde hace años. La diplomacia logró negociar el acercamiento entre los gobernantes y la situación real de la economía americana se impuso. Este fue un gran logro de Brasil e, increíblemente, con este acierto el gobierno no recibió dividendos que se reflejaran en una mejora favorable de su percepción pública. El apretón de manos entre Lula y Trump ocurrió junto con la masacre en Río de Janeiro y la posición del gobierno de condenar la acción en Río salpica en lo que la prensa considera el talón de Aquiles de Lula, que es el tema de la seguridad pública.

La industria periodística y los institutos de investigación dicen que este es el tema de los brasileños y el gobierno mordió el anzuelo. Condena la violencia policial al mismo tiempo que intenta mostrar que el combate a la criminalidad debe hacerse con inteligencia, con acciones como las de la Policía Federal. Pero hay dificultad para explicar esto de forma abierta. Todo esto para decir que el gobierno Lula no puede permitirse el lujo de un retorno de Trump al “tarifazo”.

¿Y sobre el avance de Trump en el Caribe?

Como el gobierno Trump es muy complejo y muy apegado a las declaraciones públicas, la cuestión de la incursión militar en el Caribe es tratada con delicadeza. Públicamente, el gobierno ha criticado la intervención. Pero no de forma ostentosa, lo que seguramente hará si la situación se deteriora. Incluso dentro de la izquierda brasileña, el gobierno de Venezuela no es visto de forma consensual. Hay quienes critican y quienes defienden a Maduro. Sin embargo, nada de esto justifica la intervención y, estoy seguro, si la escalada militar continúa, el gobierno defenderá la paz en la región, como ha estado diciendo en los foros donde el asunto aparece.

¿Cómo ve la relación del Brasil de Lula con la Argentina de Milei?

A una parte de la industria periodística le gusta hacer comparaciones con Milei para intentar mostrar cómo sería si Brasil estuviera en el mismo camino que Argentina. De hecho, hay mucho en común entre los dos países. Siempre digo que nosotros, los latinoamericanos, tenemos mucho en común y muchos más lazos que diferencias. Es tradición de la industria periodística hacer la comparación de Lula con los antagónicos latinoamericanos. Ya fue así en el pasado. Y sí: el gobierno Milei es antagónico al de Lula en varios sentidos. Políticamente, son antagónicos, pero Brasil no va a romper relaciones con Argentina. Al contrario, buscará incluirla en las negociaciones del Mercosur.

Pero, como ya dije, la diplomacia brasileña es muy hábil, al igual que Lula. El presidente Lula invita a políticos del campo de la derecha a los eventos en los que participa. Intendentes de derecha ya dieron testimonio de que el gobierno no hace distinción de color político cuando aplica las políticas públicas. La región sur del país vota con más peso por la derecha; al mismo tiempo, es una de las más afectadas por los cambios climáticos. Por lo tanto, necesita el apoyo del gobierno federal cuando hay eventos climáticos como tornados y ciclones. Y el gobierno federal actúa. Lula es así. Lo mismo sucede con Argentina. 

Milei puede ser un antagónico político, pero Lula sabe que las relaciones comerciales con Argentina son importantes para Brasil y para el Mercosur y, por lo tanto, para América Latina. Por ese motivo no dejará de incluir a Argentina en el desarrollo del Mercosur.

Lula se formó en el sindicalismo. Como líder del Sindicato de Metalúrgicos supo negociar con los patrones en las huelgas obreras. Luego, fundó el PT, un partido que aglutinó a varios sectores de la izquierda. Y logra mantener al partido unido, incluso en los períodos más difíciles. Lula gobierna Brasil por tercera vez, un país con varios contrastes y con fuerzas políticas de lo más diversas. Lula fue condenado sin pruebas y supo probar su inocencia para ser reelegido. Lula logró revertir el «tarifazo» de Trump, algo que parecía imposible. Sabe lidiar con situaciones difíciles. Por lo tanto, para el bien de ambos países, puede tratar muy bien con cualquier fuerza política que esté en el poder en Argentina.

4Palabras

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