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Agricultura familiar: entre el potencial y la (dura) realidad

El sector es clave para la alimentación argentina, pero enfrenta un declive brutal por falta de apoyo. Luego de la eliminación del soporte estatal, debe buscar la supervivencia autónoma a través del cooperativismo. Propuestas para no caer en una crisis irreversible.

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La agricultura familiar, campesina e indígena es fundamental para la alimentación en Argentina. Los números lo demuestran: aunque solo ocupa el 13% de la tierra, representa el 64% de todas las explotaciones agropecuarias y es responsable de más del 70% de los alimentos que llegan a la mesa de los argentinos, según un análisis del INTA del último censo nacional agropecuario realizado en 2018. De hecho, son más productivos por hectárea que los grandes actores del sector.

Sin embargo, el sector enfrenta una realidad brutal. El contexto es cada vez más restrictivo, y la falta de apoyo está causando un declive acelerado. Entre 2002 y 2018, desaparecieron casi 60.000 explotaciones, lo que equivale a una reducción del 27%.

Históricamente, este sector vivió en una lucha constante por persistir, defendiendo su tierra y levantando la bandera de la soberanía alimentaria. Hubo momentos de avance, logrando incluso la creación de una Subsecretaría de Agricultura Familiar, pero, paradójicamente, a partir de ese punto, su fuerza organizativa y su incidencia política comenzaron a desvanecerse. Esto los dejó sin herramientas para reaccionar ante la desvalorización y los recortes de apoyo de los gobiernos.

Ante el abandono estatal, el motor de la supervivencia y el desarrollo fue la autonomía económica a través del agregado de valor. Los agricultores familiares dejaron de ser solo productores de materia prima. Adoptaron el modelo cooperativo para empezar a elaborar, empaquetar, ponerles marca y comercializar sus productos de alta calidad de forma directa a los consumidores, no solo a nivel local, sino en las grandes ciudades y en todo el país.

Este camino de lenta, pero constante expansión, fue frenado en seco por un drástico cambio en la política económica nacional. El gobierno de Javier Milei ha eliminado todo el (siempre escaso) apoyo y la consideración institucional hacia la agricultura familiar y el cooperativismo agrario, afectando gravemente la producción alimentaria con medidas macroeconómicas.

El foco debe estar puesto en hacer más eficiente ese proceso: hay que detenerse a reflexionar, analizar, planificar a mediano y largo plazo y programar de forma detallada los pasos a seguir.

El desafío inmediato: persistir y unirse

Hoy, la pregunta es simple: ¿cómo persisten sin apoyo estatal, y con todo el accionar gubernamental en contra? La clave es reunir fuerzas, agruparse y actuar en conjunto para lograr un desarrollo autónomo y económicamente viable.

Para que esta crisis no sea irreversible, el sector cooperativo debe centrarse en:

Crear una red sólida: Formar una masa crítica de organizaciones que se colaboren y complementen, dándose apoyo mutuo para evitar que sigan cayendo emprendimientos.

Expandir las ventas: Explorar nuevos canales de comercialización, haciendo convenios con gremios, mutuales, o empresas con responsabilidad social, buscando activamente otros nichos de mercado.

Fortalecer lo local: Construir relaciones maduras -basadas en la autonomía y la fortaleza- con los gobiernos provinciales y locales que sí valoren su rol en el abastecimiento.

Profesionalizarse: Lograr la autosostenibilidad económica mediante la mejora de la gestión, la logística y la planificación a mediano plazo. Para esto, es fundamental dejar de lado los celos y protagonismos entre las distintas organizaciones para poder construir un proyecto común y eficiente.

Quienes pueden traccionar este proceso son las cooperativas que mejor desarrollaron hasta ahora canales de comercialización. Alimentos Cooperativos, Alta Red, FECOFE son algunos ejemplos. El foco debe estar puesto en hacer más eficiente ese proceso: hay que detenerse a reflexionar, analizar, planificar a mediano y largo plazo y programar de forma detallada los pasos a seguir.

Hay fortalezas: organizaciones establecidas y funcionando, calidad de los productos, trazabilidad garantizada, canales de comercialización propios establecidos, reconocimiento por parte de los actuales consumidores.

Hay que superar debilidades: problemas de gestión administrativa y comercial, falta de profesionalismo, subestimación de los sistemas de control de gestión, dificultades con la logística, con la comunicación, entre otras. Pero la principal debilidad suele ser la dificultad para deponer celos y protagonismos entre las distintas organizaciones y sus liderazgos para construir juntos, aun con desacuerdos.

Si esto se consigue, la declinación no será irreversible. Y el sueño de la Soberanía Alimentaria permanecerá vigente.

 

* Fundadores y actual integrante de la cooperativa CECOPAF (Centro de comerciallización de productos de agricultura familiar). Ex director nacional de Diseño de Políticas en la Subsecretaría de Agricultura Familiar. Ex director del Departamento de Desarrollo Rural de la Federación Agraria Argentina.

 

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