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Boca y River se cruzan en una Bombonera ardiente

La Bombonera albergará este domingo un nuevo Boca-River con figuras estelares como Paredes y Almada en cancha. Mientras el xeneize busca consolidar su andar y los millonarios trepan en la tabla luego de un inicio irregular, la historia y la mística se vuelven a citar en un duelo donde las estadísticas quedan de lado y el más mínimo detalle puede definir la gloria.

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El futbolista de Boca Juniors, Leandro Paredes, y el jugador de River Plate, Thiago Almada (o figuras del Superclásico), previo a un nuevo cruce entre ambos equipos en el fútbol argentino.

Este domingo 1 de noviembre de 2026 a las 15:00 en La Bombonera, por la fecha 15 del Torneo Clausura de la Liga Profesional del Fútbol Argentino, se juega el clásico más clásico de todos: Boca y River.

Dicen que en Boca probablemente jugarán Álvaro Montero; Leandro Lozano, Lautaro Di Lollo, Facundo Herrera, Lautaro Blanco; Santiago Ascacíbar, Leandro Paredes y Milton Delgado; Leonel Flores, Miguel Merentiel y Alan Velasco o Sebastián Villa.

Y en River capaz que juegan Santiago Beltrán; Gonzalo Montiel, Lucas Martínez Quarta, Nicolás Otamendi, Marcos Acuña o Francisco Ortega; Aníbal Moreno o Lucas Silva, Tobías Andrada, Tomás Galván, Thiago Almada, Ángel Correa y Lucas Beltrán o Sebastián Driussi.

Boca viene entonado con la posibilidad, las ganas y el juego para ganarse algunos de los tantos títulos a los que se puede acceder hoy en el fútbol argentino. 

River viene trepando en la tabla, luego de un mal comienzo, con un equipo lleno de superestrellas.

En principio y por la localía, Boca aparece como el más pintado para este clásico. Pero como dicen siempre: “esto es fútbol”, “es un clásico”, “seguro se define por detalles” y todas las pavadas habidas y por haber desde hace tantos años.

El primer choque oficial entre ambos equipos se disputó el 24 de agosto de 1913 en la cancha de Racing, y lo ganó River por 2-1. La goleada más grande ocurrió un 23 de diciembre de 1928: Boca Juniors goleó a River Plate por 6-0, marcando la máxima diferencia en la historia oficial de los Superclásicos.

Jugaron 266 partidos hasta ahora. Boca ganó 94 partidos y metió 342 goles. River ganó 88 encuentros y marcó 323 goles. Empataron 84 veces.

Un hito histórico del clásico fue, sin dudas, la primera y única vez en la historia en que Boca y River se enfrentaron en la final de la Copa Libertadores. Luego de un empate 2-2 en la Bombonera y la suspensión de la vuelta en el Monumental por incidentes con el micro de Boca, el partido decisivo se trasladó al Estadio Santiago Bernabéu en Madrid.

El 9 de diciembre de 2018, River se consagró campeón de América al vencer a Boca por 3-1 en el alargue, con el recordado gol de Gonzalo “El Pity” Martínez corriendo hacia el arco vacío en la última jugada.

Otro hito histórico ocurrió unos años antes, también por la Copa Libertadores, pero en semifinales. En el partido de vuelta, en el Estadio Monumental, solo se permitía público de River. Carlos Tevez anotó un gol agónico para Boca que clasificaba a su equipo y lo festejó imitando a una gallina frente a todo el estadio, por lo que lo echaron. River empató el partido en la última jugada, pero en la definición por penales Boca se impuso. El estadio quedó en un silencio sepulcral que los hinchas de Boca bautizaron eternamente como “el silencio atroz”.

Ángel Labruna es el máximo goleador de la historia de los clásicos (16 goles con River). Dicen que solía salir a la cancha de Boca tapándose la nariz como burla a los hinchas locales. Diego Maradona marcó su debut en clásicos en 1981 metiéndole un golazo a Ubaldo Matildo Fillol bajo la lluvia, y dejó una postal eterna gambeteando al arquero en el barro de la Bombonera.

Juan Román Riquelme hizo el famoso festejo del “Topo Gigio” en el Superclásico del Clausura 2001. Después de convertir un gol de penal, se llevó las manos a las orejas de cara al palco presidencial como protesta contra el por entonces dirigente Mauricio Macri.

Martín Palermo, uno de los más grandes goleadores de Boca de los últimos tiempos, la metió increíblemente de zurda a los pocos minutos de entrar en un partido por los cuartos de final de la Copa Libertadores del año 2000. Volvía de una rotura de ligamentos, entró los últimos minutos y anotó el 3-0 definitivo para Boca.

También estuvo la noche del gas pimienta. El 14 de mayo de 2015, en la Bombonera, se jugó el partido de vuelta por los octavos de final de la Copa Libertadores. River había ganado 1-0 en la ida en el Monumental, y el primer tiempo en La Boca marchaba 0-0. Lo que ocurrió en el entretiempo quedó grabado como el episodio más insólito y escandaloso.

Confiamos en un clásico jugado obviamente con todos los nervios, pero con la clase de Paredes y Almada, y el desparpajo de Flores y Correa. Que así sea

Cuando los futbolistas de River se disponían a reingresar al campo de juego para disputar el segundo tiempo, un hincha ubicado en la tribuna popular baja rompió la lona de la manga inflable. Los jugadores millonarios —entre ellos Leonardo Ponzio, Leonel Vangioni, Ramiro Funes Mori y Gonzalo «Pity» Martínez— recibieron una descarga directa de un compuesto químico casero, mezcla de gas pimienta y ácidos. Las imágenes de televisión mostraron de inmediato sus camisetas manchadas y sus rostros completamente rojos.

Las cámaras de seguridad identificaron rápidamente a Adrián “El Panadero” Napolitano, un socio y barra de Boca. Confesó tiempo después que su intención original era solo «molestar» y que jamás midió las consecuencias. El partido se mantuvo detenido por más de una hora en medio del desconcierto absoluto del árbitro Darío Herrera, la intromisión en la cancha del presidente de River, Rodolfo D’Onofrio, y un dron con un “Fantasma de la B” que sobrevolaba el estadio.

Finalmente, el encuentro se suspendió formalmente. Días después, la Conmebol descalificó a Boca del certamen, le otorgó la clasificación a los cuartos de final a River (que terminaría saliendo campeón del torneo) y le aplicó sanciones deportivas a Boca. “El Panadero” fue expulsado como socio de por vida y la justicia penal lo condenó a realizar tareas comunitarias.

A lo largo de la historia, dicen que más de cien futbolistas se animaron a vestir ambas camisetas, desafiando la rivalidad entre los dos gigantes. Sin embargo, la reacción de las tribunas dependió de las formas del traspaso.

Oscar Ruggeri y Ricardo Gareca en 1985 fueron los casos más emblemáticos e incendiarios de la historia. Surgidos en Boca, entraron en huelga por falta de pago y forzaron un trueque directo para jugar en River. El “Cabezón” Ruggeri ganó absolutamente todo con la banda roja (Libertadores e Intercontinental ’86), ganándose el odio eterno en la Bombonera, al punto de que la barra brava de Boca llegó a incendiar la casa de sus padres.

Sergio la “Bruja” Berti en 1990 dejó Boca y pasó directamente al equipo de Núñez, donde se convirtió en un símbolo de los años 90 bajo la conducción de Ramón Díaz. Por esos años también Gabriel Omar Batistuta jugaba en River, pero no funcionaba. Lo ponían en cualquier posición menos en la de 9. Pasó a Boca, lo pusieron de 9 y comenzó su camino para convertirse en el gran goleador del fútbol argentino e internacional de los años 90 y también de la selección nacional, haciendo en Boca una dupla legendaria con Diego Latorre.

También se pueden armar equipos completos con jugadores de Boca y River que salieron campeones del mundo con Argentina. En el arco pueden ir Ubaldo Matildo Fillol y Nery Pumpido; Julio Olarticoechea y Gonzalo Montiel por la banda derecha; Oscar Ruggeri, Daniel Passarella y Nicolás Otamendi de centrales; Alberto “El Conejo” Tarantini y Marcos Acuña por la banda izquierda; Enzo Fernández y Héctor Enrique por el costado derecho del mediocampo; Leandro Paredes y Américo Rubén Gallego de 5; Alexis Mac Allister por la izquierda; Diego Maradona de 10 absoluto; y arriba podrían ir Julián Álvarez y Mario Alberto Kempes.

¿Pero cómo será este partido? ¿Un embole? ¿O un partidazo? Dicen las estadísticas que el resultado que más se dio fue el 1 a 0 para cualquiera de los dos. Después viene el 1 a 1 y, tercero, el fatídico 0 a 0.

Mejor no le damos bola a la estadística, como siempre nos recomendaba el gran periodista Walter Martínez, y confiamos en un clásico jugado obviamente con todos los nervios, pero con la clase de Paredes y Almada, y el desparpajo de Flores y Correa. Que así sea, chicles. Se los quiere.

 

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