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Salud mental: experiencias para fortalecer la prevención en los territorios

La cuarta edición de las jornadas “Salud Mental en Zapatillas” reunió a profesionales de distintos puntos de la provincia de Tucumán y especialistas de la Universidad de Buenos Aires para revisar prácticas, compartir herramientas y pensar respuestas comunitarias. Entre las experiencias presentadas hubo una propuesta de prevención con adolescentes que alcanzó a 320 estudiantes.

Por Emanuel Gall (Abrojos) desde Tucumán

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La imagen muestra una conferencia o taller titulado "Construir una estrategia de cuidados con otros", en la que se exponen pautas fundamentales sobre el acompañamiento y el cuidado colectivo.

¿Cómo acompañar a una persona que atraviesa un problema de salud mental? ¿Qué herramientas necesitan los equipos para intervenir antes de que una situación se agrave? ¿Cómo construir respuestas que no dependan solamente de la consulta individual, sino que también involucren a las familias, las escuelas y las redes comunitarias?

Estas preguntas atravesaron la cuarta edición de las jornadas “Salud Mental en Zapatillas”, un encuentro que convocó a profesionales de los equipos de salud mental del primer y segundo nivel de atención para compartir experiencias de trabajo territorial, revisar las prácticas cotidianas y construir nuevas estrategias de prevención.

La actividad se realizó este lunes en el Centro Cultural Eugenio Flavio Virla, con la participación de especialistas invitadas de la Universidad de Buenos Aires y referentes en cuidados comunitarios. La propuesta puso en diálogo dos dimensiones que se necesitan mutuamente: los conocimientos profesionales y las experiencias concretas de quienes trabajan todos los días en contacto con las comunidades.

La iniciativa parte de una convicción: la salud mental no se construye solamente en los consultorios. También se juega en los vínculos, en las condiciones de vida, en las posibilidades de pedir ayuda y en la capacidad de las instituciones para reconocer las necesidades de cada territorio.

Vanessa Cordera, psicóloga y supervisora de los servicios de Salud Mental del primer y segundo nivel de atención, explicó que uno de los objetivos de las jornadas es hacer visible el trabajo que se desarrolla desde distintos espacios del sistema sanitario.

“El primer objetivo es dar visibilidad, ver que somos muchos los que estamos comprometidos con esta causa, con la de propiciar el derecho a la salud mental en la comunidad”, señaló.

La profesional remarcó que las intervenciones territoriales no son acciones aisladas ni dependen exclusivamente de la voluntad de quienes las llevan adelante. “Hay líneas de trabajo técnicas y teóricas que nos amparan y nos dan un norte para hacer esto”, explicó.

El encuentro permitió poner en común esos fundamentos, conocer experiencias desarrolladas en distintos puntos de Tucumán y reflexionar sobre cómo fortalecer las intervenciones que se realizan desde los servicios de salud.

Pensar la salud mental desde los vínculos y el territorio

La salud mental comunitaria propone ampliar la mirada sobre los problemas que atraviesan las personas. Además de la atención clínica, contempla los vínculos familiares, las relaciones sociales, las condiciones de vida y las posibilidades que tiene cada comunidad de organizar redes de cuidado.

Desde esta perspectiva, el trabajo interdisciplinario y la articulación entre instituciones resultan fundamentales para evitar que las situaciones de sufrimiento queden aisladas o sean abordadas de manera fragmentada.

Claudia Bang, docente e investigadora de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires presentó la conferencia “Salud mental, redes y territorio: el desafío de lo colectivo hoy”.

Durante su exposición, abordó la fragilidad de los vínculos sociales, la complejidad de las problemáticas que atraviesan los territorios y los desafíos que enfrentan los equipos e instituciones para construir respuestas colectivas.

“Es fundamental la necesidad de articular estrategias con los actores que estén implicados en el territorio, en las problemáticas”, afirmó.

Su planteo puso el acento en la importancia de sostener el trabajo en red y de vincular la atención clínica con las prácticas comunitarias. La incorporación de profesionales, señaló, necesita estar acompañada por una perspectiva comunitaria y por una mayor articulación entre disciplinas y sectores.

En la misma línea, Noemí Benítez, licenciada en Trabajo Social y especialista en cuidados comunitarios, estuvo a cargo de la exposición “Acompañar para construir lo común: equipos, redes y cuidados en salud mental”.

Su presentación estuvo centrada en las herramientas necesarias para acompañar a las personas desde una perspectiva comunitaria y fortalecer las redes de cuidado, la construcción de los apoyos, la coordinación de las intervenciones y el lugar que tienen los equipos y las instituciones en el acompañamiento de quienes atraviesan situaciones difíciles.

Compartir las experiencias para mejorar las respuestas

En la jornada se presentaron experiencias de los propios equipos locales, quienes pusieron en común intervenciones realizadas en diferentes territorios, identificaron dificultades y recuperaron aprendizajes que pueden servir para mejorar otras prácticas.

La primera mesa reunió dos experiencias vinculadas con situaciones de vulnerabilidad y emergencia. El Área Operativa Ranchillos presentó “Los desafíos en la construcción de estrategias integrales para el acompañamiento de familias en situación de vulnerabilidad”, mientras que el Área Programática Sur compartió el trabajo “Abordaje psicosocial e intervenciones en situaciones de catástrofe. Inundaciones Lamadrid”.

En este último caso, el intercambio permitió abordar las necesidades de acompañamiento que aparecen frente a una emergencia y la importancia de considerar las consecuencias psicosociales que afectan a las comunidades.

La segunda mesa estuvo dedicada a la prevención y las estrategias clínicas grupales. Allí se presentó “Desconectados para conectar”, del Área Operativa Mariano Moreno, y “El grupo terapéutico como estrategia clínica”, del Área Operativa Sudoeste.

Las especialistas invitadas comentaron las experiencias y aportaron perspectivas para analizarlas y fortalecer las intervenciones. El intercambio entre quienes trabajan en los territorios y quienes investigan estas problemáticas permitió poner en diálogo conocimientos, preguntas y herramientas para el trabajo cotidiano.

Adolescentes, redes sociales y autocuidado: una experiencia que llegó a 320 estudiantes

Entre las experiencias presentadas, “Desconectados para conectar” puso el foco en una problemática cercana a la vida cotidiana de adolescentes: el vínculo con las redes sociales y los videojuegos.

Luciana Gutiérrez, psicóloga y referente de Salud Mental del Área Operativa Mariano Moreno, explicó que la propuesta se desarrolló durante 2025 en escuelas secundarias de esa área y alcanzó a 320 adolescentes mediante talleres lúdicos.

El trabajo abordó las prácticas vinculadas con los entornos digitales, la exposición en redes sociales, el autocuidado y la construcción de vínculos saludables. La iniciativa buscó ofrecer herramientas para reconocer situaciones de riesgo y reflexionar sobre los usos cotidianos de la tecnología sin reducir el problema a una condena de las pantallas.

“Nuestra idea no fue demonizarlas, sino trabajar desde una manera más sana y desde el autocuidado”, explicó Gutiérrez.

El enfoque resulta relevante porque las redes sociales y los videojuegos forman parte de los espacios de encuentro, entretenimiento y socialización de las adolescencias. Por eso, la prevención necesita ofrecer herramientas para que chicas y chicos puedan reconocer situaciones que los incomodan, cuidar su intimidad, revisar sus hábitos y construir formas más saludables de relacionarse.

En lugar de presentar la tecnología como un problema en sí mismo, la propuesta buscó trabajar sobre las prácticas y promover una relación más consciente con estos entornos.

Gutiérrez también destacó el acompañamiento recibido para llevar adelante las actividades: “Desde el área operativa nos apoyan, nos acompañan, nos gestionan todo para que los podamos realizar”.

La experiencia muestra cómo las acciones de prevención pueden desarrollarse en espacios cotidianos para las adolescencias, como las escuelas, y cómo los equipos de salud pueden acercar herramientas de cuidado antes de que una dificultad se convierta en una situación de mayor complejidad.

Llegar antes: la prevención como parte del cuidado

Las jornadas también permitieron revisar cómo se articulan las intervenciones comunitarias con los dispositivos de atención del sistema sanitario.

El trabajo territorial incluye la visita a las familias, el contacto con agentes sociosanitarios y la identificación de problemáticas que muchas veces no llegan espontáneamente a una consulta. Esta cercanía permite reconocer necesidades, orientar a las personas y favorecer el acceso oportuno a la atención.

En ese sentido, el intercambio entre los equipos de distintas localidades tiene un valor particular. Las realidades sociales no son iguales en toda la provincia y las estrategias necesitan considerar las características de cada comunidad.

Como parte de las acciones que se vienen desarrollando, se mencionaron:

– Incorporación de profesionales de psicología al sistema provincial,

– Los dispositivos de guardia psicológica y la línea 135 de telepsicología.

– Incorporación de guardias con psicólogos en hospitales del segundo nivel de atención, con el inicio de esta modalidad en el hospital de Famaillá y la previsión de extenderla al hospital de Lules y otros establecimientos.

– En el hospital Obarrio, además, se avanza en la incorporación de psicólogos durante las 24 horas.

El ministro de Salud Pública, Luis Medina Ruiz, mencionó durante la jornada la importancia de fortalecer la prevención y generar condiciones para acompañar a niñas, niños y jóvenes. Sin embargo, el desafío que atraviesa las experiencias compartidas es más amplio: articular la atención con las acciones que permiten cuidar los vínculos, reconocer señales de alerta y acercar respuestas a tiempo.

Las situaciones de angustia, depresión, consumos problemáticos y otras dificultades que afectan la salud mental plantean desafíos que exceden a una institución o a una disciplina. Requieren atención profesional, pero también redes que permitan acompañar a las personas y sus familias, reconocer las particularidades de cada contexto y sostener intervenciones en el tiempo.

Por eso, la formación y el intercambio entre equipos son oportunidades para revisar lo que se viene haciendo, reconocer las dificultades y encontrar mejores herramientas para responder a las necesidades de la población.

 

La nota fue publicada originalmente por Abrojos y difundida por la Agencia ANITA https://abrojos.org/salud-mental-equipos-de-tucuman-comparten-experiencias-para-fortalecer-la-prevencion-en-los-territorios/

 

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