Las protestas por alquileres en Europa podrían anticipar el colapso habitacional argentino
Las protestas masivas en Europa por el colapso habitacional funcionan como “un espejo premonitorio para la Argentina”. El sociólogo y especialista en urbanismo Fernando Bercovich analiza la turistificación, la concentración inmobiliaria europea y el empeoramiento de las condiciones para alquilar en Argentina tras la derogación de la ley. Lo que esconden los aumentos trimestrales y las medidas urgentes para empezar a concebir la vivienda como un servicio público.
- octubre 22, 2026
- Lectura: 3 minutos
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Tal como describe Gabriel Puricelli, lo que estalló en Francia es “la manifestación visible de una fisura estructural que recorre el capitalismo global desde la crisis de 2008: un ascensor social averiado y una recuperación económica obscenamente desigual”. Las revueltas estudiantiles, que se van extendiendo como una mancha a otros países de la región, tienen, entre otros, el componente clave de la imposibilidad de las familias y de la comunidad toda, de pagar alquileres en los centros urbanos, del poder adquisitivo desdibujado y la falta de oferta.
Fernando Bercovich, sociólogo y especialista en urbanismo, comparte que la crisis comenzó a gestarse hace casi dos décadas con la debacle financiera y la ruptura de la burbuja inmobiliaria, y asegura que “el presente de algunas ciudades europeas nos deberían despertar algunas alertas porque es, de alguna forma, premonitorio” de lo que puede pasar acá. Es decir, Argentina tiene la posibilidad de mirarse en ese espejo para evitar profundizar la crisis de vivienda que ya atraviesa pero que todavía no tocó fondo.
Las claves para entender el colapso europeo son -explica Berovich- por un lado, la ruptura del crédito hipotecario masivo, tras los remates a escala, que hizo que bancos y fondos buitre se quedaran con miles de viviendas. “La escalera hacia la propiedad que había sido el crédito hipotecario se rompió en términos de masividad”, lo que volcó a la mayoría de la población a alquilar. Por el otro, el encarecimiento del suelo se aceleró con la turistificación y las inversiones extranjeras. Los precios de alquileres normales pasaron a estar regidos por esa ganancia extra que da el alquiler turístico, a lo que se suma que pequeños y grandes propietarios buscan “vivir de renta” y eso “choca con la necesidad de las personas de pagar un alquiler más o menos lógico de acuerdo a sus ingresos”. Todo esto obligó a la franja joven, profesionales de más de treinta años, a compartir departamento. Para ellos, la idea de vivir en una casa propia es “casi una utopía”.
Pero el detonante en España se produjo con el caso de Mari Carmen, una inquilina a la que quisieron desalojar mediante un vericueto legal a pesar de estar en un régimen protegido.
En Argentina, luego de la derogación de la ley de alquileres que regulaba el sector, “todos los indicadores de las condiciones de alquiler empeoraron”, señala Bercovich.
Se dice que el problema de la vivienda es global, pero ¿qué diferencias hay entre el colapso de alquileres en Europa y Argentina?
La diferencia principal es que evidentemente hay un peso más fuerte de los propietarios corporativos. Empresas que se quedaron con viviendas en aquel momento de la crisis de 2008-2009 y ahora alquilan directamente esos departamentos y después hay un sector de fondos que construyen exclusivamente para alquiler. Acá no es tan común ese mercado, aunque está creciendo.
En Madrid, mucha más gente alquila la vivienda a otras personas, a los “caseros”. Hay varios estudios que muestran cómo se fue concentrando la propiedad en menos manos, entonces ahora hay más personas que tienen dos o más viviendas y más personas que tienen cero. En ASIJ hicimos un estudio cuyo hallazgo fue que el 10% de los propietarios físicos de la Ciudad de Buenos Aires tiene tres o más viviendas y que concentran una gran parte de los metros cuadrados. Pero en realidad no son viviendas, son inmuebles, hay menos información acá para hablar de concentración de una propiedad, pero al haber una población estable en la Ciudad de Buenos Aires y el crecimiento de metros cuadrados constantes, no es tan fácil lanzar una hipótesis.
Por otra parte, acá tenemos un problema más estructural: los barrios populares, las villas. Eso sí es diferente porque si bien tenés las chabolas en Madrid y barrios informales en Europa, la magnitud es distinta. Acá, al tener ese problema, los alquileres de la clase media pasan a un segundo plano. Además es cierto que hoy en Argentina todavía no es tan normal que alguien de clase media alquile compartido, esa modalidad a la que se vieron obligados quizás hijos de propietarios, gente profesional que por ahí tiene incluso estudios de posgrado, de treinta y pico de años que comparten el piso porque no pueden pagarse ni siquiera un alquiler de un dos ambientes. Eso es menos común acá, pero eso no quiere decir que no vaya a pasar en unos años. El presente de algunas ciudades europeas como Madrid, Lisboa nos deberían despertar algunas alertas, porque es de alguna forma premonitorio.
¿Las movilizaciones pueden torcer el brazo al lobby inmobiliario?
Es difícil, pero sí se puede. Hay que pensar qué es dar el brazo a torcer al lobby inmobiliario. Si se trata de que resignen un poquito de ganancia en pos de un poco de bienestar de las personas que alquilan o qué. Sería inteligente de parte del sector inmobiliario darles bola, porque si no puede explotar por izquierda y las medidas que tenga que tomar el Estado sean peores para ellos. Deberían pensarlo de forma más estratégica. El Estado español ya tomó nota, Sánchez llamó a elecciones, la izquierda en Berlín triunfó por tener un discurso muy fuerte sobre el acceso a la vivienda. Hay algo que se está armando, hay que ver cómo termina, pero claramente es una demanda global. En la medida que ciertos sectores de la política lo empiecen a tomar como parte de su agenda, puede llegar a haber un cambio de paradigma y de la concepción del acceso a la vivienda como un servicio público, cómo es la salud, cómo es la educación y dejar de pensarlo como un problema individual y de mercado.
¿Qué impacto concreto tuvo la derogación de la ley en el día a día de los inquilinos en Argentina?
Lo que se ve en los datos es que, pos derogación de la ley de alquileres, todos los indicadores de las condiciones de alquiler —cuánto dedicas de tu salario a pagar alquiler, cuáles son las barreras de acceso, si tenés problemas o no con el propietario, cuántas veces te mudaste en los últimos años— empeoraron. Los precios de entrada mejoraron, pero ahora tenés aumentos trimestrales, entonces en el total del contrato terminás pagando más. Es un poco engañoso decir que bajó el precio. Por otra parte, la gran mayoría de los contratos son de dos años o incluso menos. Ahora te cobran menos por ingresar, pero a los tres o seis meses ya estás pagando más que antes. Si al año de ingresar te fijás en cualquier plataforma, un departamento parecido al tuyo está 30% o 40% más bajo que lo que estás pagando, entonces eso de que los precios bajaron es relativo. Hay que buscar las causas del fracaso de la ley de alquileres en otras cosas. Si vos planteás aumentos anuales atados a la inflación en un contexto donde hay 150% de inflación anual, es difícil que esa ley funcione, en eso estoy de acuerdo; ahora, el problema es la inflación, no es la ley.
Bercovich: “En la medida que ciertos sectores de la política lo empiecen a tomar como parte de su agenda, puede llegar a haber un cambio de paradigma y de la concepción del acceso a la vivienda como un servicio público, cómo es la salud, cómo es la educación y dejar de pensarlo como un problema individual y de mercado”.
¿Alcanza solo con regular el mercado entre privados o qué papel debería jugar el Estado en este contexto?
Si cuando se discutió el rechazo del DNU hubiésemos vuelto a la última versión de la Ley de Alquileres —que eran contratos de tres años con aumentos semestrales atados a salarios e inflación—, eso hoy en día sería totalmente realizable y no sería nada raro. Al mismo tiempo protegés al inquilino en otras cosas, como expensas extraordinarias, comisiones indebidas que ahora se pagan mucho o el registro de contratos en ARCA para poder descontar impuestos; toda una serie de cosas que tenía la Ley de Alquileres que eran beneficiosas para el inquilino.
Por otro lado, esa misma ley tenía un artículo donde se proponía generar un programa de alquiler social: era básicamente oferta pública de vivienda de alquiler, que es algo que hay que hacer en algún momento, que no se hizo cuando se aprobó esa ley y que no lo hizo el gobierno anterior -creo que eso fue un problema-. Es algo que hay que hacer, que se hace en muchas ciudades del mundo y que es una forma de concebir el acceso a la vivienda desde el servicio público.
El Estado también se tiene que hacer cargo de esto. Esa oferta de vivienda pública va a poder también competir con el mercado privado y regular los precios de esa forma. Son medidas complementarias: no es solamente regular el mercado privado, sino que me parece necesaria la oferta pública y también el crédito hipotecario para la gente que pueda llegar a comprar su vivienda. Con una sola de esas no alcanza, son varias medidas a la vez.
El Estado tiene la capacidad de hacerlo porque tiene la tierra hoy en día, y sin embargo está vendiendo mucha tierra pública; tierra en la que se podía generar esa oferta de alquileres. Son muchas cosas que se pueden hacer y no se hacen.
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