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El viaje del Papa: entre lo esperable y lo desconocido
Las incertidumbres y el temor que instala, principalmente en el gobierno, la visita del papa León al país. Entre el posicionamiento del papa sobre la justicia social y el desprecio de Milei por esa categoría. El cuestionamiento del episcopado a la política social del gobierno.
- septiembre 4, 2026
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Como en los viejos mapas medievales, hay territorios familiares y otros desconocidos. Hic sunt leones, escribían los cartógrafos sobre estos últimos. “Aquí hay leones”. Símbolos de la incertidumbre y el temor que despertaba todo lo que estuviera más allá de las fronteras de la ecumene, política o religiosa.
Cuando en 1964, con Paulo VI, los papas comenzaron a recorrer el planeta, el mundo católico, y no sólo él, fueron acostumbrándose a una sucesión de ritos. Así, cada viaje recorre ruedas de prensa en los aviones, besos a la tierra visitada, encuentros con el clero y sus aledaños, reuniones con las autoridades políticas, misas multitudinarias en estadios, santuarios o plazas, celebraciones con la juventud… Si alguien quiere ver a un papa con algo en la cabeza que no sea el solideo o la mitra, puede mirar las fotos de sus viajes, donde suelen lucir los más variados tocados (en el Vaticano serían mal vistos por la curia romana…).
Todo ello forma parte del territorio conocido. Y entre el 8 y el 11 de noviembre próximo veremos su condensación y/o su resumen adaptado a nuestro país.
Pero hay zonas rodeadas de incertidumbres. Y, depende para quienes, de temores.
Desde el retorno de la democracia, nos encontramos con el gobierno que estableció la relación más distante con la Iglesia Católica y su conducción episcopal. Distancia que no tiene que ver con la prescindencia de una impronta laicista, como podía ocurrir con Raúl Alfonsín, sino con la impostación del liberalismo asumido por el actual gobierno que ve en cualquier cuestionamiento ético una intromisión en la libertad del mercado, fetiche en nombre del cual hoy se sacrifica el futuro de la sociedad.
Incertidumbres y temores. Porque la llegada de un papa oscila entre la visita de un jefe de Estado –el Vaticano– y la visita del obispo de la diócesis –Roma– que preside la unidad de todas las iglesias locales del orbe católico. Esta dualidad ha sido siempre fruto de tensiones, agudizadas cuando las relaciones entre el poder político y las autoridades eclesiásticas de un país están esmeriladas.
¿Podrá León XIV callar aquí su posicionamiento universal sobre la justicia social? ¿Podrá obviar a un episcopado que, aunque no ha sido frontal, mantiene de hecho un creciente cuestionamiento al rumbo que la política social y económica toma en nuestro país? Quien viene sosteniendo el “desarme” de las palabras, ¿podrá permanecer indiferente ante el agravio y el insulto convertidos en armas políticas cotidianas? Su cercanía a las y los pobres, migrantes, sufrientes, discapacitados ¿no será una bofetada al desprecio hacia todos ellos, que se ha convertido en política de Estado?
Un país gobernado por quien eligió la figura del león como emblema de la agresividad y la depredación se encuentra con un papa que eligió llamarse León como actualización de aquel otro que inició el camino para recentrar a la justicia social en la enseñanza y la praxis de innumerables cristianos.
La preocupación ecológica, el cuidado de la casa común enfatizado por Francisco y continuado por el propio León, ¿tendrá algo que decir ante la negación del cambio global y las leyes que mercantilizan nuestras tierras? Un gobierno que frente a las multitudes sólo dispone de vallas o de represión, ¿cómo manejará la oportunidad que sin duda se abrirá para quienes con frecuencia manifiestan en las calles su cada vez mayor malestar con las políticas vigentes?
Y la propia conducción episcopal, ¿podrá hacerse cargo de lo que espontánea e inevitablemente ocurra, más allá de los límites establecidos por el protocolo y las previsiones? Y en otro orden, ¿qué fotografías devolverá la visita papal –en comparación con las precedentes– como reflejo de los cambios producidos en la conformación religiosa de nuestra sociedad? ¿Y qué lecturas harán de ello los distintos actores del catolicismo argentino?
Un país gobernado por quien eligió la figura del león como emblema de la agresividad y la depredación se encuentra con un papa que eligió llamarse León como actualización de aquel otro que inició el camino para recentrar a la justicia social en la enseñanza y la praxis de innumerables cristianos.
Sólo el tiempo nos hará conocer lo que por ahora permanece indescifrable.
Sí. Hic sunt leones…
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