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Ajuste o distribución: la batalla por la Carta Orgánica del Banco Central

El proyecto para reformar la Carta Orgánica del Banco Central reaviva el debate entre monetarismo y estructuralismo: entre el ajuste que disciplina el consumo y una disputa distributiva sobre quién debe pagar el costo de las crisis.

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La inflación es siempre un fenómeno monetario, sostiene Milei en cadena nacional, citando la conocida tesis monetarista del economista Milton Friedman. Lo ha repetido muchas veces; en esta ocasión se trataba de la presentación del proyecto de Ley de Reforma de la Carta Orgánica del Banco Central que el Ejecutivo envió al Congreso. Para el presidente, el BCRA es el gran culpable de la inflación en la historia argentina. En campaña prometía dinamitarla confiado en que, muerto el perro, se acabaría la rabia.

El Banco Central se creó en 1935 bajo el gobierno conservador de Agustín Pedro Justo. Entre el ’35 y el ’43 lo gerenció Raúl Prebisch, por entonces del grupo de economistas ligados al Ministro de Hacienda Federico Pinedo. Prebisch ocupa un lugar destacado en el pensamiento económico nacional y regional. Tras el golpe de Estado a Perón, en el 55, el gobierno militar le pide una serie de informes sobre la economía peronista. Esos informes sirvieron para comprender las limitaciones de la Industrialización Sustitutiva basada en el mercado interno y promovieron la salida desarrollista. También participó de la formación de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe) y del estructuralismo latinoamericano que defendió cuando el neoliberalismo a mediados de los ’70 impuso su hegemonía teórica.

La perspectiva de Friedman coloca a la emisión monetaria como causa suficiente y necesaria. Si se emite dinero y se tiene una política monetaria expansiva con aumento del crédito y salarios, si el Estado emite para cubrir su déficit fiscal, eso va al consumo -o a comprar dólares-, y ese aumento del consumo -o apreciación del dólar- azuza el aumento de precios. La receta: un ajuste que seque la plaza, reduzca gastos del Estado, aumente las tasas, pise salarios. Un lecho de Procusto: cuando se quita plata del mercado, los primeros en quedarse sin nada son los sectores más vulnerables.

Hay ocasiones, podría sostener alguien, que la inflación la generan fenómenos externos, por ejemplo, una crisis mundial, entonces la inflación no sería causada por una cuestión monetaria. ¡De ninguna manera!, diría la ortodoxia monetarista, frente a crisis externas hay que ajustar la base monetaria a la nueva condición. Eso implica que el ajuste afecte aún más a los sectores bajos y medios bajos que ni culpa tienen de la crisis que están pagando. Pero como el Estado no tiene herramientas ni voluntad para controlar los precios, que la gente no pueda comprar es la única forma que la ortodoxia considera válida para disciplinar a los formadores de precios.

Para la heterodoxia, con las limitaciones para financiar al Estado que plantea Milei se pierde una herramienta para impulsar el crecimiento económico y sortear crisis. Durante la pandemia de covid-19, las restricciones a la movilidad generaron una caída abrupta de la actividad económica. El Estado financió a las familias e incluso a las empresas haciéndose cargo de parte de los salarios. Esa estrategia generó inflación, tanto en Argentina como en el mundo. Y en eso no se equivoca Milei y los libertarios, esa inflación afectó, sobre todo, a los sectores bajos y trabajadores.

Durante la crisis del 2008, por las hipotecas subprime, los bancos centrales de las principales potencias salieron a salvar a los bancos -y banqueros- que habían generado la burbuja especulativa. La inflación y posterior ajuste que generó ese salvataje lo pagaron las clases medias y bajas. Ahora, la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán genera inflación por el aumento del precio de la energía, la logística y los fertilizantes. Dirán que es libertad de mercado que las consecuencias caigan sobre las clases medias y bajas.

Para Milei, solucionar una crisis con emisión monetaria termina enriqueciendo a la casta política y empobreciendo a la sociedad. Quedarse ahí en la crítica es confundir clase dirigente -los funcionarios políticos- con clase dominante -los ‘súper ricos’-. La casta es casta porque defiende los intereses de los sectores sociales que la sostiene en el poder, y se enriquece en función de eso.

Para Milei, solucionar una crisis con emisión monetaria termina enriqueciendo a la casta política y empobreciendo a la sociedad. Quedarse ahí en la crítica es confundir clase dirigente -los funcionarios políticos- con clase dominante -los ‘súper ricos’-. La casta es casta porque defiende los intereses de los sectores sociales que la sostiene en el poder, y se enriquece en función de eso. Algo que cuadra perfectamente con este gobierno que delimita bien los sectores corporativos beneficiados por sus medidas. Él y Caputo prefieren aumentar la deuda externa, que también terminaremos pagando.

Economistas de izquierda, como Thomas Piketty, propusieron el impuesto a las grandes fortunas, algo que el gobierno de Alberto Fernández aceptó hacer una vez y tarde. Si frente a la inflación es necesario un ajuste, la discusión es quiénes están en condiciones de ajustarse. Si la base monetaria debe limitarse, ¿no debería entonces distribuirse mejor? En todas las crisis mencionadas, por ajuste o por inflación, los súper ricos mejoraron su concentración de capital.  Uno y otra no son más que capítulos de la lucha de clases.

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