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Zaffaroni: “Más que una Corte Suprema, hoy tenemos un triángulo de las Bermudas”

Desde su casa en Flores, ciudad de Buenos Aires, el exjuez de la Corte Suprema analiza el impacto del decreto 467/2026 de Javier Milei. En esta primera entrega de tres en las que 4Palabras condensará el diálogo con el jurista, Zaffaroni advierte sobre la alarmante degradación del máximo tribunal, al que define como “una ficción” y propone una reforma federal viable sin tocar la Constitución.

POR WASHINGTON URANGA, MANUEL BARRIENTOS Y MARTINA DENTELLA

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Esta imagen muestra a Eugenio Raúl Zaffaroni, un reconocido jurista, criminólogo y exmiembro de la Corte Suprema de Justicia de Argentina.

La trayectoria de Eugenio Raúl Zaffaroni habla por sí sola: fue miembro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación entre 2003 y 2014 y luego se desempeñó como integrante de la Corte Interamericana de Derechos Humanos desde 2016 hasta enero de 2022. 

Desde su casa de Flores, el disparador de esta conversación con 4Palabras es el reciente decreto 467/2026 firmado por el presidente Javier Milei, una medida que restringe la participación social y la transparencia en la selección de magistrados federales. Para Zaffaroni, representa un síntoma alarmante de una degradación estructural mucho más profunda. “No tenemos Poder Judicial en la Argentina”, sostiene.

En esta primera parte de la entrevista, también critica la alarmante “producción fordista” de sentencias de la Corte y propone soluciones de fondo. Defiende la necesidad de ampliar el tribunal máximo a 25 o 30 miembros organizados de forma federal y por salas especializadas. 

 

El presidente Javier Milei firmó el decreto 467/2026, que restringe la transparencia y la participación social en la designación de los magistrados, un mecanismo que había impulsado Néstor Kirchner y que de hecho se implementó con su designación como juez de la Corte. ¿Cuál es su mirada sobre este decreto? ¿Qué busca el gobierno?

El gobierno está armando su justicia federal, aprovechando la inacción de los precedentes. Está nombrando a todo el mundo, creyendo que los jueces son amigos. Pero los jueces son amigos del poder. Ellos no cambian, el gobierno sí, y no se dan cuenta de eso. Creen que les van a agradecer siempre el nombramiento. Pero les están dando una patente de corso. No tenemos Poder Judicial en la Argentina. Tenemos una magistratura. 

 

¿En qué sentido?

El Poder Judicial tiene dos funciones en todo el mundo: el control de constitucionalidad; y la casación. Pero el nuestro no es así. El control de constitucionalidad que tenemos no sirve para nada. La jurisprudencia constitucional de nuestra Corte no es obligatoria para los jueces, de modo que cada cual sigue diciendo lo que quiere. 

Y casación tampoco tenemos. Tenemos códigos únicos con 24 o con 25 interpretaciones distintas, una por cada provincia, otra de la Ciudad de Buenos Aires, otra la federal, y nadie los unifica. Se puede llegar a decir cualquier cosa, no se sabe nunca qué se va a resolver. De modo que eso no es un Poder Judicial. Y tenemos una Corte Suprema que es una ficción, ahora es un triunvirato: tenemos el Triángulo de las Bermudas.

Zaffaroni: “El gobierno está armando su justicia federal, aprovechando la inacción de los precedentes. Está nombrando a todo el mundo, creyendo que los jueces son amigos. Pero los jueces son amigos del poder. Ellos no cambian, el gobierno sí, y no se dan cuenta de eso. Creen que les van a agradecer siempre el nombramiento. Pero les están dando una patente de corso. No tenemos Poder Judicial en la Argentina. Tenemos una magistratura”.

Usted los conoce.

Sí. Incluso hay una idea de que nosotros cuando éramos siete funcionábamos. Que teníamos una “Corte de lujo”. No fue tan así. Sí, funcionábamos, es cierto. Pero, si hay que poner 20.000 firmas por año, uno no sabe qué está firmando. Partamos de esa base. Por otra parte, son 20.000 firmas sobre cualquier materia jurídica. Yo conozco derecho penal, derecho constitucional, algo me metí en mi vida en el derecho administrativo. Pero me sacan de ahí y no sé nada. Entonces estamos ante una producción fordista de decisiones. Las causas trascendentes quizás se revisen un poco más. Pero las otras, las del pobre tipo que llega a la Corte… 

No sale tan mal, porque hay todo un equipo que trabaja en eso. Pero no es un poder judicial, es una tomadura de pelo, es una cosa anárquica. Así funciona el máximo tribunal del país.

Un juez de la Corte tiene que resolver cuestiones de derecho de familia, de derecho previsional, de derecho tributario… Es como darle a operar el cerebro a un especialista de garganta.

 

¿Y eso es funcional al sistema?

Si no tiene control de constitucionalidad, si puede hacer cualquier cosa, hay un poder del Estado que no funciona. No se puede jugar un partido de fútbol sin referí. Y si el referí es un tipo que se pone la camiseta de uno de los dos cuadros, bueno, chau.

 

¿Por eso usted siempre planteó la ampliación de la Corte?

Necesitamos una Corte de 25 o 30 jueces. Que no es ninguna exageración, Costa Rica tiene 22, Colombia tiene 23. 

 

Justamente para poder resolver esta cuestión de materia. 

Claro, es importante. ¿Qué son las 20.000 firmas? ¿Son 20.000 tipos que plantean cosas de inconstitucionalidad? No, no es cierto. Las causas por inconstitucionalidad que hoy tiene la Corte, no pasan de 150. Y la mitad deben ser algunas locuras que se plantean.

 

¿Y el resto qué es?

Es una historia larga. Hace cien años se le ocurrió a una Corte declararse competente para anular cualquier sentencia arbitraria. ¿Cuándo es arbitraria una sentencia? Cuando perdí. No me dieron la razón, entonces la considero arbitraria. Con la corte de Onganía, esa excepción pasó a regla. Entonces cualquiera que perdió, si tiene el dinero suficiente como para pagar el arancel, llega a la Corte. Y la Corte rechaza el 95-96% de los casos. Con el “sello 280”, que dice “no me interesa”. Es un instrumento que toma de la Corte de Estados Unidos (aunque nunca hace eso la Corte de Estados Unidos). Incluso a veces razona el “no me interesa” como en el caso de Cristina.

Pero es indispensable que algún día por ley esa competencia la vayamos a convertir en Casación. Porque la falta de que sepamos por dónde va la jurisprudencia tiene un grave inconveniente. Sin decir barbaridades, aunque hay gente que las dice, puedo condenar o absolver a quien quiero. Porque el derecho no es una ciencia exacta. Y en la jurisprudencia tenemos de todo. Siempre vamos a encontrar alguien que diga algo razonable y otro que diga alguna barbaridad. Es muy grave eso. ¿Nadie se dio cuenta de eso a lo largo de la historia? Sí, en la Constitución de 1949 pusieron las dos cosas. Pero después todos nuestros teóricos del derecho constitucional no se ocuparon. Y no tenemos casación.

 

En 2012 en una entrevista con la revista Debate usted decía: “Hoy tenemos una justicia mejor”. Y hablaba del prestigio que había recuperado la Corte. ¿Qué pasó? 

Es cierto que hay un prestigio que recuperó la Corte con nosotros. Y no es que no tuviésemos disidencias entre nosotros. Lo que pasa es que la mayoría teníamos experiencia judicial. Y nuestros conflictos internos nunca salieron a la luz pública. Los arreglábamos entre nosotros y después todos salíamos en la foto sonriendo.

Estos tres que están ahora en la Corte nunca fueron jueces. No tienen formación judicial. Y eso tiene varios inconvenientes. Pero hay uno que es saber cuidar la imagen del tribunal. Estos tres no lo tienen. Entonces se insultan entre ellos, se acusan, se dicen de todo.

 

Se operan a cielo abierto.

Eso nosotros no lo hicimos nunca. Éramos los siete locos. Con procedencias distintas, experiencias distintas, opiniones distintas. Pero nuestros conflictos nunca salieron a la luz.

 

Lorenzetti en una entrevista en TN de hace unas semanas marcó la necesidad de cubrir dos vacantes y a la vez dijo que tenían que ser integrantes que provengan de la justicia federal.

En la interna sabemos qué significa eso. Por eso digo, estas cosas no salían a la luz pública con nosotros.

 

Hubo muchos intentos de reformar la Corte y la justicia. Y la carga siempre es mirando a los políticos. Pero del lado de los jueces tampoco…

El Poder Judicial o la Magistratura son una burocracia como cualquier otra burocracia, aunque con algunos defectos menos. Y dentro de esa burocracia hay una minoría que se presta a cualquier manejo y otra minoría que protesta, como fue Justicia Legítima. A la gran masa, esos dos extremos les son molestos. Porque no quieren problemas. En el país debe haber dos mil jueces, dos mil quinientos. La mayoría son personas normales. No son corruptos. Son hombres, son mujeres, con un nivel de conocimiento hasta cierto punto bastante bueno.

Entre otras cosas porque hay un fenómeno que tenemos que es un resultado del subdesarrollo. A veces el subdesarrollo tiene ventajas. Una de ellas es que la enseñanza del derecho está subvencionada por los judiciales. Como acá nadie puede vivir de la universidad, normalmente alguien que se dedica a enseñar derecho o investigar el derecho tiene que vivir de otra cosa. Es decir, ejercer la profesión o ser parte de la justicia. Y la gran mayoría provienen de la justicia. Eso da un nivel teórico bueno. 

Pero los que protagonizan todo este desastre no son más de 30 o 40. El resto es una burocracia con cierto entrenamiento. Ojalá en todos los ámbitos tuviéramos buena burocracia. Pero hay que conducirla y organizarla. Ese es el asunto. Material humano hay, creo incluso que más que en otros países. Pero hoy la estructura no es la concentrada, no es la difusa, no es nada. Es un desastre, es algo que no existe en el mundo. Ahora llegamos al colmo de tener el triángulo de las Bermudas. Ese es el problema. No creo imposible el día de mañana arreglar esto. Incluso sin necesidad de tocar la Constitución.

 

¿Qué tiene que pasar para eso?

Tener el poder político para hacerlo. La decisión política y las ideas claras. Con mayoría parlamentaria simple se puede hacer. Con leyes. ¿Tengo una Corte Suprema de 30? Sí. Si la Constitución no fija el número… 

Zaffaroni: “Estos tres que están ahora en la Corte nunca fueron jueces. No tienen formación judicial. Y eso tiene varios inconvenientes. Pero hay uno que es saber cuidar la imagen del tribunal. Estos tres no lo tienen. Entonces se insultan entre ellos, se acusan, se dicen de todo”.

Pero necesita dos tercios para nombrar después a los jueces.

Que cada gobernador proponga uno. Tengo una Corte federal. Y resolví otro problema.

El del reparto del dinero de los impuestos. Que siempre termina en la Corte. Es la forma en la que tienen agarrados a los gobernadores. Eso lo resuelve una Corte federal. 

 

En la última década fue muy difícil nombrar jueces de la Corte. De hecho, hoy hay tres. Y el Procurador es interino. Tampoco hay Defensor del Pueblo.

Claro, porque cada uno quiere nombrar el suyo. Un partido político no va poder tener nunca dos tercios en el Senado. Tendría que ganar todos los distritos. Es imposible. En la Constitución de 1994 pusieron eso. Alguna vez lo hablé con Alfonsín. Pero él estaba pensando en una época en que había tipos como él, Duhalde… Y había partidos. Le reconozco que lo pensaba sanamente. Había tipos más o menos racionales. Hoy no hay. 

Pero, en cambio, si hay un juez por provincia, cada gobernador propone uno y listo, sus senadores van a votar. Y eso resuelve dos problemas. 

 

¿Cuáles?

Primero, tener una Corte que se puede dividir en salas. Y hacer casación. Cada sala especializada sabe más o menos acerca de la materia que está votando. En los 150 casos de inconstitucional votan todos. Se juntan los treinta a ver quién es el vocero de cada una de las posiciones. Se vota y listo. Con eso se resuelve. Y después un per saltum para que no nos pase lo que pasó con la ley de medios.

Hoy cualquier juez puede declarar la inconstitucionalidad de lo que se le da la gana. Pero con esta propuesta automáticamente eso va a la Corte.  Y tenemos los beneficios de un sistema concentrado y de un sistema difuso. No son tan opuestos en definitiva. Después la propia Corte declara la obligatoriedad de su sentencia, de su jurisprudencia. Si es Suprema, ¿quién se lo va a discutir? Listo. Terminamos la historia. Todo esto se puede hacer sin tocar la Constitución.

 

4Palabras

El hombre que aparece en la imagen es Eugenio Raúl Zaffaroni, un reconocido jurista, criminólogo y exjuez argentino.

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