Carrió definió como “corruptos” a sus ex aliados republicanos
Reeditando la centralidad que tuvo en los quiebres de 2001 y 2015, la fundadora de la Coalición Cívica disparó contra el modelo libertario, tildó de corruptos a exsocios de Juntos por el Cambio y se relanzó como la arquitecta de la unión de la clase media para contener el voto antiperonista.
- junio 17, 2026
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La noche del sábado 13 de junio, Elisa “Lilita” Carrió cenó con Mirtha Legrand para volver a ser una protagonista clave de los tiempos por venir. Mientras la selección argentina debuta como nunca antes en un mundial, el gobierno pilotea en la turbulencia que encendió el enriquecimiento veloz del jefe de gabinete Manuel Adorni y el peronismo planea en su propia incertidumbre, la líder de la Coalición Cívica vuelve a hacer lo que mejor sabe: robar la atención. Siempre le bastaron una cámara de televisión, un tono místico-político y un par de frases letales para presionar a sus pares. Fiel a su estilo verborrágico e histriónico, exige volver a leerla entre líneas, porque conoce el poder: lo conoce por dentro y lo ha mirado de frente toda su vida.
La líder de la Coalición Cívica dijo que para algunos la cosa va muy bien: un 5% o 10%, y que a las clases medias “se las llevan puestas”. Insistió en que “posiblemente la Argentina llegue a ser, como Perú, un país cortado a la mitad”. Es decir, un 80% de marginalidad, economía en negro con estabilidad macroeconómica: una “desigualdad formidable” que impulsa el gobierno libertario a través del RIGI (y ahora super RIGI) que condiciona futuras generaciones. Para Lilita el objetivo del modelo –que se implementa en otras latitudes– es destruir la clase media y que solo un 20% cuente largos ceros. “Las clases medias, incluso los que salen de la universidad no van a poder vivir como nosotros vivimos. Ya hay una primera generación de personas menos inteligentes, solo tenés que ver las encuestas”, lanzó.
Para la exdiputada está claro que este gobierno está terminado. Carrió es la misma que en el 2001, en medio de la crisis institucional que hizo temblar los cimientos de la Argentina, telefoneó a Eduardo Duhalde para que cortara la sangría: “¿Cuántos muertos más necesitan para parar esto y hacerse cargo?”. Es la misma, también, que en 2015, se atrevió a romper su propio manual de códigos de ética política y se prendió en el operativo “la morsa” para ejecutar al kirchnerismo. Ahora, que reconoce en la mesa de Legrand que “creyó en gente que no debía haber creído” y aunque jura que está “fuera de la política”, vuelve a ser la vocera de una estrategia que a los fines de una chance de regreso del peronismo podría ser clave: la posibilidad de retener un núcleo de votantes que a lo largo de las décadas acompaña opciones no peronistas.
Lo hizo primero dentro del radicalismo, y también en 2001 con el gobierno de la Alianza en retirada, cuando abandonó la UCR y fundó el ARI junto a Alfredo Bravo. Luego, desde la Coalición Cívica colaboró con la construcción y estrategia de Cambiemos junto con Mauricio Macri. Ahora, desde la cena de gala no ahorró misiles contra los referentes de ese espacio y los vinculó a cajas oscuras, la desprotección social y el negocio del juego.
Para Carrió el objetivo del modelo de Milei es destruir la clase media y que solo un 20% cuente largos ceros. “Las clases medias, incluso los que salen de la universidad no van a poder vivir como nosotros vivimos. Ya hay una primera generación de personas menos inteligentes”, lanzó.
Además, Lilita aseguró que se fue del radicalismo “por temas de corrupción”, y que después se tuvo que “tragar el sapo de hacer Juntos por el Cambio”. En tono compungido, dijo: “Yo me arrepiento mucho de algo: a mí me costó mucho hacer la alianza con Macri. Yo había denunciado al padre, nunca me senté en esa mesa, pero había que ganarle al kirchnerismo y por eso diseñé la estrategia”. Luego, apuntó contra nombres propios como el de Cristian Ritondo, a quien denunció por enriquecimiento ilícito, porque “no puede explicar 180 propiedades”. Para ella, “es una hipocresía decir que él va a pedirle la destitución a Adorni porque es socio de (Marcelo) Rochetti, que es a su vez el abogado de ‘Chiqui’ Tapia, que a su vez es abogado de narcotraficantes, que a su vez era vice de seguridad de Ritondo con el gobierno de María Eugenia Vidal. Y lo de Juan Bautista Mahiques es una vergüenza, fue ministro de justicia de María Eugenia… muchachos, es Angelici”, dijo. Hubo para todos.
Las denuncias de Carrió se extendieron de inmediato al Poder Judicial. Le pidió públicamente al fiscal federal Eduardo Taiano que renuncie y se jubile porque “no me puede decir que no tiene apoyo político y que no puede no avanzar en el caso Libra. O usted avanza en la investigación o jubílese”.
Como plataforma de lo que planea conducir, la exdiputada propuso “una resistencia cultural y educativa”, y convocó a “llamar a los jóvenes en defensa de una paideia, de una cultura que no se puede perder y de una clase media que le ha dado al país sus grandes científicos, sus grandes creadores”. Para eso, dijo, se necesitan filósofos, antropólogos, educadores porque “están ganando los machos crueles como los chimpancés. Superpoderosos, reaccionarios, conservadores”.
Finalmente, dejó una advertencia y una promesa personal que reactiva su rol de arquitecta del antiperonismo: “Termine el pueblo argentino de creer en las falsas divisiones polarizantes, son todos ladrones. Hay que unir a los pobres, a la clase media y a las clases altas decentes. Yo voy a trabajar por esa unidad hasta que me muera”.
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