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Clara Chevalier: “La universidad pública es uno de los últimos lugares de encuentro para todas las clases sociales”
La secretaria general de la Federación Nacional de Docentes Universitarios (CONADU) asegura que la movilización universitaria logró transversalizar sus demandas, que instaló la defensa de la universidad pública como un sentir colectivo en la sociedad, de resistencia desde el encuentro y logró llevar al gobierno a una encerrona generada por sus propias decisiones.
- junio 6, 2026
- Lectura: 8 minutos
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“Estamos viviendo un momento de mucha gravedad institucional, que hasta cuesta ponerlo en palabras. Porque las instituciones generan la ilusión de ser como inamovibles pero hoy están atravesando una crisis muy grande”, asegura Clara Chevalier, la secretaria general de CONADU en diálogo con 4Palabras.
¿Por qué?
Vengo de una universidad, la Jauretche, que no tiene tantos años, y sin embargo resulta muy difícil pensar que no pueda estar hoy allí donde por muchos años lo que hubo fue el ex laboratorio de investigaciones de YPF abandonado. Es difícil el ejercicio de tratar de pasar por el cuerpo, de poner en palabras esa situación abismal en la que está hoy la universidad pública, cuando las renuncias son irrefrenables, las licencias se multiplican y los trabajadores hacen distintas cosas porque ya no pueden sostener esto como un trabajo.
Es como una desbandada, una cosa muy difícil de contener, y que esta situación tan límite –como tantas otras a las que nos está llevando este gobierno– nos hizo tomar nota de varias de las potencias de nuestra universidad pública. Quizá algunas las teníamos más presentes como la relación entre universidad pública y democracia. La universidad es una institución que tiene co-gobierno, que elige a sus autoridades, en la que conviven distintas tradiciones políticas y eso es algo que teníamos más explorado. Pero el gobierno de Javier Milei nos enfrentó a la realidad de que la universidad pública persiste como uno de esos últimos espacios comunes a todas las clases sociales. ¿No? Y eso yo no lo tenía tan claro.
Fue la enorme y transversal movilización y la interpelación de distintos actores la que, en parte, me hizo dar cuenta de eso. Sabía de esto, pero no estaba tan consciente de la excepcionalidad de la convivencia de las clases sociales en un único ámbito y en un contexto en el que el neoliberalismo nos fue arrancando esos espacios comunes ¿no? Incluso gobiernos de nuestro propio signo han contribuido a que el ascenso social se vuelva sinónimo de privatizar dimensiones, de acceder a una salud que no es la pública, o incluso a situaciones habitacionales que no tienen que ver con el espacio, con los barrios comunes.
La fragmentación de la experiencia es tal que –sumado a las redes sociales, los nichos, todo esto– la universidad pública es contra epocal. Hoy es un espacio común, es un espacio de resistencia desde el encuentro.
¿Decís que la universidad pública es un espacio de encuentro social?
Tengo certeza de que en nuestro país la hija del empresario va a la universidad pública. Y también de que hijos de trabajadoras de casas particulares van a la universidad pública. Esos dos sujetos no se encuentran en ningún otro lugar. De hecho, transitaron por escuelas distintas, por barrios, por clubes, por todo eso, bien diferenciado.
La universidad pública es un espacio de encuentro. Y eso es de una potencia notable en este momento.
También cobra plena dimensión la dimensión federal de la universidad pública. Hemos tenido encuentros con distintos debates sobre la situación de la ciencia a nivel nacional, y la palabra que más apareció en esos encuentros ha sido el federalismo. Como una preocupación, quiero decir. Porque también vemos que el liberalismo utiliza al federalismo como una forma de desmembrar la soberanía. Ahí está el proyecto de ley que Sturzenegger y Thiel están promoviendo, de que cada gobernador decida sobre la caracterización de la tierra. Un gobernador versus un jeque. ¿Esa sería la relación propuesta para dirimir el carácter de los bienes comunes?
Pensando en construir un proyecto federal. ¿Cómo podemos darle otro entramado, otra construcción a este gran territorio que tenemos? Que además lo hemos puesto en venta de distintas formas. La universidad pública es una malla que sostiene ese federalismo. Con producción de conocimiento, con transformación de vidas de los jóvenes de esos territorios, con una presencia que es una realidad efectiva, el Estado dando respuestas en todo el territorio nacional, con más de 65 universidades y dos millones de estudiantes.
“Tenemos la certeza de que somos un sector que logró un par de cosas. Logró dejar en claro que este gobierno ataca a la universidad pública. Esto se logra en un momento en el que es difícil construir mojones de verdad, porque este gobierno se dedica ahora a destruir los consensos y las verdades, incluso las científicas más probadas”, dice Clara Chevalier.
Hablás de la universidad pública como un espacio de encuentro, como espacio federal. ¿Cuánta conciencia tienen de eso los estudiantes, los investigadores, las investigadoras?
A quienes trabajamos en la universidad, este gobierno paradójicamente nos ha ayudado a arrojar conciencia sobre esto, porque son temas que estamos discutiendo. Vemos con preocupación cómo desmantelan líneas de investigación que tienen un arraigo bien concreto en sus territorios y que, justamente por eso, son desmanteladas.
Con respecto al estudiantado estamos ante una generación cuyo vínculo con la política, con el Estado ha sido muy complejo. En los últimos años los horizontes de expectativa de vida de los jóvenes están recontra cerrados como resultado de respuestas que nuestra democracia no ha sabido dar. Esta democracia postdictatorial –digamos en algún sentido– no ha sabido responder a la problemática de la vivienda, de un mercado de trabajo que cada vez es un ámbito más restrictivo para la juventud y especialmente para las mujeres.
La última marcha federal universitaria tuvo una contundente participación de los jóvenes, de los estudiantes. Teníamos mucha incertidumbre. En los días anteriores yo tenía un nudo en la panza. Hasta llegué a decir: ¡Mirá si no viene nadie! Estábamos como con esa preocupación. Y lo hablaba también con militantes estudiantiles. Y la verdad que fue impresionante la participación de los estudiantes.
Es difícil hablar de un movimiento estudiantil consolidado. También veo a mis estudiantes y están todos en el pluriempleo, en una situación… Porque en los ‘90 vos no tenías laburo y tenías tiempo. Hoy no tenés laburo, pero estás en las aplicaciones buscando para ver si podés agarrar un changa. Estás todo el tiempo en una fajina donde, claro, el tiempo no existe. Eso también atenta mucho contra la conformación de un proceso de resistencia que, sin embargo, se ha sostenido.
Actualmente hay un planteo del Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) ante la Corte Suprema. La Corte rechazó las objeciones del Gobierno pidiendo la exclusión de los jueces por falta de imparcialidad dada su condición de universitarios. ¿En qué punto estamos y cómo se sigue esa batalla?
Estamos en un punto muy difícil porque hemos hecho un montón de esfuerzos y es muy desgastante no tener respuestas. Eso se nota en el ánimo de los compañeros, de las compañeras y es un gran desafío para quienes tenemos responsabilidades. Si hay algo que hay que cuidar en este momento es también el ánimo. Porque todo el tiempo sentimos que empezamos todas las batallas desde abajo de la montaña, como si a diario tuviéramos que subir desde la base. Eso es muy agotador.
Sumá a eso que los compañeros no están cubriendo sus necesidades básicas. Porque los salarios que hay son de hambre e incluso de indigencia. Estamos en niveles salariales que no tienen antecedentes. Ahora bien: somos un sector que logró un par de cosas. Logró dejar en claro que este gobierno ataca a la universidad pública. Esto se logra en un momento en el que no hay mucha certeza, en el que es difícil construir mojones de verdad, porque este gobierno se dedica ahora a destruir los consensos y las verdades, incluso las científicas más probadas como la vacunación.
Hemos construido eso a pura lucha, a puro poner el cuerpo. Pero está claro para todo el mundo que este gobierno es enemigo de la universidad pública.
Por otro lado, hemos logrado construir una encerrona interesante. El gobierno está en una encerrona con la universidad pública, como no lo está en muchos otros temas en los que ha sido igualmente y gravemente irresponsable.
Todo ese manejo que hubo en los medios de parte del gobierno, filtrar información sobre cosas que en realidad no están ocurriendo…
Sale a hacer todo esto porque está en una encerrona con la universidad pública, que se construyó por una acción judicial que viene siguiendo su curso exitosamente, antes por una ley construida por toda la comunidad universitaria, conquistada en la calle, reafirmada luego del veto, y por una serie de medidas que la comunidad universitaria viene llevando adelante, en las que se destacan las marchas, pero que también se sostiene sobre paros, sobre banderazos, sobre un montón de cosas.
Por todo eso creo que estamos en una batalla final. Si este gobierno logra reelegir, el sistema universitario argentino deja de existir tal como lo conocemos. En consecuencia estamos en esta batalla final por la supervivencia de la universidad pública. Es muy difícil porque la noche es recontra oscura en este momento. Porque el gobierno sostiene su negativa, pero hemos conquistado nuestras herramientas de presión, las tenemos y vamos a poner todo para defender la existencia de este sistema universitario que tanto orgullo le genera al pueblo argentino.
4Palabras
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