Los desafíos de la campaña fina
Con los suelos agotados, sin nutrientes, la nueva campaña fina exige mayores índices de fertilización para no perder rentabilidad. En un año marcado por la volatilidad de los mercados producto de la guerra en Medio Oriente y una alarmante brecha de precios entre el fertilizante y el grano, el sector enfrenta nuevos desafíos.
- mayo 18, 2026
- Lectura: 3 minutos
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Comienza el ciclo de cultivos que se cosechan en verano, siendo el trigo su principal protagonista. Venimos de una campaña 2025/2026 que fue récord, con casi 28 millones de toneladas recolectadas, sin embargo, hubo deficiencias en la calidad del cereal para su aprovechamiento en las industrias molinera y panadera, ya que el contenido proteico promedio del cereal cayó a 9,55%, siendo que el mínimo requerido es del 11%.
Ese punto es el desafío que marca la producción de este año: ajustando los parámetros agronómicos del cultivo se debería obtener, no solamente cantidad, sino también la calidad necesaria. Pero, eso se logra utilizando -entre otras herramientas- una buena cantidad de fertilizantes nitrogenados, como es la urea, y ese elemento se encareció notablemente debido al aumento del petróleo que trajo el conflicto en Medio Oriente iniciado por Estados Unidos e Israel en febrero de este año. Un intríngulis difícil de resolver que pone de manifiesto el alto grado de dependencia que tiene el agro argentino cuando debe comprar insumos. Así, uno de los principales generadores de divisas de nuestra economía queda a la intemperie respecto de las tormentas internacionales, un reto que el gobierno nacional debería afrontar para proteger a uno de sus mejores proveedores de dólares.
Recientemente, Fertilizar Asociación Civil desarrolló una reunión técnica encabezada por su presidente, Roberto Rotondaro, y su directora ejecutiva, María Fernanda Gonzalez Sanjuan, en la cual se enfatizó que “con agua, la nutrición define el rendimiento”.
“La disponibilidad hídrica abre una ventana de oportunidad, pero también exige decisiones más finas en el manejo de nutrientes. En particular, el nitrógeno, el fósforo y el azufre adquieren un rol central, tanto para maximizar los rindes como para sostener la calidad”, aseguraron desde la entidad, y advirtieron: “El conflicto en Medio Oriente impactó en el precio del petróleo, que pasó de 68 a más de 100 dólares por barril y generó aumentos en los costos de producción y en la logística marítima. Esto se tradujo en subas de fertilizantes, especialmente nitrogenados. En Argentina, estos incrementos fueron aún más marcados: los nitrogenados subieron entre 60% y 65% desde febrero, mientras que el trigo aumentó alrededor de 30%”.
El conflicto en Medio Oriente impactó en el precio del petróleo, que pasó de 68 a más de 100 dólares por barril y generó aumentos en los costos de producción y en la logística marítima. Esto se tradujo en subas de fertilizantes, especialmente nitrogenados.
Aquí se introduce otro elemento a la complejidad del escenario: la Argentina produce urea. En efecto, en la planta de Profértil, ubicada en el polo petroquímico de Ingeniero White, en la ciudad de Bahía Blanca, se elaboran anualmente 1 millón 320 mil toneladas anuales de urea y 790 mil toneladas anuales de amoníaco. Sin embargo, esa producción solamente asegura el abastecimiento, pues el precio no es menor que el del fertilizante que se importa, ya que la empresa equipara sus precios de venta con los valores internacionales, siendo que para fabricar sus productos se abastece de un insumo muy disponible en el país y a bajo costo: el gas natural de Vaca Muerta. Este es uno de los ajustes que el Estado nacional debería hacer para que el productor tuviera a mano una urea nacional a costos más accesibles y liberados de las vicisitudes globales.
A esta altura, alguien puede preguntarse si no es posible producir trigo sin aplicar fertilizantes. La respuesta es tajante: no. Al respecto, Fertilizar ha puesto en el centro de la discusión el estado de los suelos: “Las altas cosechas y las intensas precipitaciones de la última campaña dejaron perfiles con bajos niveles de nutrientes. De hecho, un trigo récord, con rindes cercanos a 4350 kilos por hectárea, implicó una fuerte extracción de nutrientes”, asegura la entidad, e insiste en que el muestreo y análisis de suelo son herramientas indispensables para afrontar la próxima siembra. El costo de estas prácticas es bajo (alrededor del 2,5% del margen) y permite planificar con exactitud el manejo del cultivo, evitando futuras pérdidas de rentabilidad por cantidad o por calidad.
En suma, se avecina un nuevo ciclo agrícola que presenta complejidades diversas. El productor argentino está habituado a ellas y esa quizá sea una de las ventajas más valiosas que tiene el sector agropecuario argentino.
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