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Carlos Mugica: ese cura subversivo que sigue inspirando 

Se cumplen 52 años de aquel atardecer en que las balas de la Triple A intentaron silenciar a Carlos Mugica en la puerta de la iglesia de San Francisco Solano. "Mala palabra" en algunos sectores y mártir de los pobres en otros, su testimonio de vida es de esos que, cuanto más se intenta enterrar, más respira en las grietas de una sociedad que hoy parece asfixiada por el individualismo.

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Imagen ilustrativa de Carlos Mugica

Escribir sobre Carlos Mugica hoy no es revivir dolores del pasado, es interpelar la comodidad de nuestra época. Para los jóvenes, su figura se presenta como el antídoto radical frente al avance del «yo me salvo solo» y la soledad del narcisismo digital.

Mugica no fue un hombre del pueblo por destino, sino por un encuentro con el Resucitado a través de la realidad sufriente. El punto de inflexión ocurrió en 1955, tras el golpe de Estado que derrocó a Juan Domingo Perón. Carlos, que provenía de la aristocracia, hijo de un exministro y educado en los salones de la alta sociedad, visitó un conventillo en La Boca donde misionaba. Allí leyó un grafiti que lo marcaría a fuego: «Sin Perón no hay Patria ni Dios, abajo los cuervos».

Ese mensaje lo enfrentó a una crisis de identidad definitiva. Mientras su entorno familiar celebraba la caída del gobierno, los pobres, sus «compañeros» y amigos, lloraban y rechazaban a una Iglesia que veían cómplice. Ante ese choque, Mugica tomó una decisión radical: su vocación era incompatible con su origen acomodado. Debía vivir con y como los pobres. Así, cambió los altares tradicionales por el barro de las calles, convirtiéndose en referente del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo. Se hizo pueblo para no ser un «cuervo».

Aquí aparece una conexión filosófica fascinante. Friedrich Nietzsche hablaba del hombre creador, aquel que tiene la fuerza de romper con las ataduras morales para inventar sus propios valores. Mugica le da una vuelta de tuerca cristiana a esta idea: él se libera de la moral de su clase y del egoísmo de sentirse superior, no para encerrarse en sí mismo, sino para «hacer lo que se le place» en el sentido más sublime: la entrega absoluta al otro. Su opción por los pobres fue la de un creador que decidió que su vida sería una obra de arte colectiva.

El imperativo de las causas nobles

En un mundo que nos invita a ver al prójimo como una competencia, el testimonio de Mugica es un grito de paz. Nos enseña que la historia no se cambia desde los escritorios de los vencedores, sino desde abajo, ensuciándose los pies con los descartados.

Para un joven de hoy, las «causas nobles» pueden parecer reducidas al vacío de algunos influencers. Se nos enseña a invertir en capital simbólico y a cuidar la imagen digital escondiendo la fragilidad. Mugica, en cambio, invita al «desclasamiento»: usar el talento y la educación no como un pedestal, sino como un puente. Su imperativo de dar la vida no fue un deseo de muerte, sino la consecuencia de vivir con una intensidad que el individualismo no puede siquiera imaginar.

El testimonio de Mugica es un grito de paz. Nos enseña que la historia no se cambia desde los escritorios de los vencedores, sino desde abajo, ensuciándose los pies con los descartados.

52 años después: ¿Qué nos dice hoy?

A más de medio siglo de su asesinato, el eco de sus pasos en la Villa 31 sigue retumbando. Su vida nos desafía: ¿Estamos siendo creadores de comunidad o simples usuarios de un sistema que divide?

Mugica demostró que no hay nada más rebelde que la ternura comprometida. Su martirio selló un pacto de fidelidad con los últimos. En la era del «yo», Carlos es el recordatorio de que solo en el «nosotros» el hombre alcanza su verdadera estatura.

Que estos 52 años sean una invitación a recuperar la audacia de vivir por algo más grande que nuestro propio ombligo. Porque, al final del día, la única vida que se gana es la que se tiene el coraje de entregar. Los verdaderos héroes no son los empresarios del éxito individual, sino aquellos que, como Carlos, dieron su vida para que todos estemos bien.

Lautaro Belloni es sacerdote católico e integra el Grupo de Curas en la Opción por las y los Pobres. Docente de Filosofía y materias técnicas. Estudiante de Periodismo y Gestión de Contenidos en ETER.

4Palabras

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  • Beatriz Marchi

    Buenos dias,leer esta nota,me hace amar más aún al padre Mujica.
    La Argentina otra vez se encuentra en la misma disyuntiva.
    Precisamos más padres Mujica.Para ayudar a reorientar…la miseria.
    No pertenezco a ningún partido político.
    Solo soy humanitaria…todos somos. seres Humanos.b

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    Buenos dias,leer esta nota,me hace amar más aún al padre Mujica.
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Un comentario

  1. Buenos dias,leer esta nota,me hace amar más aún al padre Mujica.
    La Argentina otra vez se encuentra en la misma disyuntiva.
    Precisamos más padres Mujica.Para ayudar a reorientar…la miseria.
    No pertenezco a ningún partido político.
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