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Cuando el fútbol fue más fuerte que los fusiles: la historia de Didier Drogba

En un país fracturado, Drogba utilizó su estatus de ícono mundial para lograr lo imposible: una tregua en la sangrienta guerra civil de Costa de Marfil. Luego de clasificar al Mundial 2006, el delantero del Chelsea cambió el guión de la historia al arrodillarse ante las cámaras. El legado de un líder que trascendió el césped.

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Imagen ilustrativa de Drogba

Hace mucho tiempo, en una lejana galaxia… Didier Drogba contribuyó decisivamente a detener una guerra civil en Costa de Marfil. Fue hace 21 años. Ustedes no habían nacido, por eso les contamos desde este espacio 4palabrista que Drogba, tras clasificar a su selección por primera vez en la historia al Mundial 2006, se arrodilló junto a sus compañeros en el vestuario ante las cámaras para pedir por la paz y el cese al fuego, luego de años de conflicto armado interno en su país.

Costa de Marfil vivía una guerra civil que dividía al país entre el gobierno —que controlaba la parte sur del territorio con el presidente Laurent Gbagbo a la cabeza— y las Fuerzas Nuevas de Costa de Marfil, que ocupaban el norte.

Se supone que Gbagbo fundó el Frente Popular Marfileño (FPI), un partido que dicen (ojo, dicen) que se presentó como una alternativa de izquierda socialdemócrata frente al régimen conservador y profrancés que había gobernado el país desde su independencia. A diferencia del discurso soberanista y proteccionista de Gbagbo, se comenta que las Fuerzas Nuevas, lideradas políticamente por Guillaume Soro, tenían una visión más prooccidental y abierta al libre mercado.

A esto hay que sumarle la compleja participación de las fuerzas armadas francesas (el país colonizador) en el conflicto. Aunque al principio se presentaron como un mediador oficial, al poco tiempo lanzaron la operación militar Licorne para “garantizar la paz y proteger a los ciudadanos extranjeros y franceses en el país”.

Aunque inicialmente se dice que Francia reconoció la legitimidad de Gbagbo, la relación se rompió cuando el presidente marfileño adoptó un discurso nacionalista que acusaba a Francia de “neocolonialismo” y de apoyar a los rebeldes para controlar los recursos naturales del país. Entonces, aviones del gobierno marfileño bombardearon una base francesa y estos respondieron destruyendo toda la flota aérea de Costa de Marfil; o sea, que la situación empeoró.

Para tener algo en claro, vamos a decir que Costa de Marfil es el primer productor mundial de granos de cacao y de nueces del planeta, y el tercer mayor productor mundial de caucho natural. Produce también a gran escala café, aceite, bananas y madera. Es el mayor productor de oro de África y también tiene diamantes y reservas estratégicas de manganeso, níquel, bauxita (aluminio), cobalto y cobre.

Esto quizás explique una parte de las razones de las disputas, más teniendo en cuenta que el Índice de Desarrollo Humano, elaborado y publicado anualmente por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) —organismo inefable y muy estimado por diferentes funcionarios argentinos—, indica que la población de Costa de Marfil ocupa el lugar 157 entre 188 países del mundo. “Enclave extractivista”, que le dicen, ¿no? Suele suceder con países de África, Sudamérica, Asia… y más.

Durante 2005 se intentaron implementar acuerdos de paz, pero el proceso de desarme establecido no tuvo éxito, por lo que se mantuvieron las hostilidades y se sumó la tragedia humanitaria del hambre y el reclutamiento de niños soldados en ambos bandos.

El momento clave fue el 8 de octubre de 2005. La selección de Costa de Marfil le ganó 3 a 1 a Sudán y logró la clasificación histórica al Mundial de Alemania. Cuando terminó el partido, Drogba hizo algo impredecible en la historia de los jugadores de fútbol a nivel mundial. Algo que rompió con la baratija de declaraciones de ocasión de los futbolistas tras los partidos, y también con los discursos políticamente correctos de los líderes de opinión. Tomó el micrófono en el vestuario y, arrodillado junto a sus compañeros, dijo: “Ciudadanos de Costa de Marfil, del norte, del sur, del este y del oeste… les pedimos de rodillas que se perdonen. Un gran país como el nuestro no puede rendirse al caos. Dejen sus armas”.

Si bien la guerra no cesó de inmediato, el mensaje tuvo un impacto profundo que llevó a una tregua, a un cese al fuego temporal y a celebrar el logro deportivo. En 2006 y 2007, Drogba continuó utilizando su influencia para reconciliar a los bandos, incluyendo la celebración de un partido de la selección marfileña en el territorio denominado “rebelde”. También recibió el premio al mejor jugador de África y visitó a los bandos en lucha del norte y el sur, lo que reforzó el clima de reconciliación.

Para consolidar la paz, Drogba pidió que un partido oficial contra Madagascar se jugara en Bouaké, el bastión de las Fuerzas Nuevas de Costa de Marfil. Fue un evento histórico donde el presidente Laurent Gbagbo y el líder rebelde Guillaume Soro cantaron el himno juntos, simbolizando un poco la reunificación del país. Drogba demostró que su liderazgo trascendía el fútbol. Se dice que el partido en Bouaké fue el punto máximo de la distensión política. Semanas después, se iniciaron conversaciones que llevaron a la formación de un gobierno único.

Desde la geopolítica del fútbol, el caso de Drogba en Costa de Marfil se explica a través de conceptos clave que transforman al deporte en una herramienta de poder y cohesión: poder blando, le llaman. Drogba fue un actor político entre los líderes tradicionales. Al ser una figura con proyección global (en ese momento era estrella del Chelsea), tuvo una suerte de “autoridad” que le permitió influir en la opinión pública y en los líderes armados sin usar la fuerza. El tiempo dará, o ya debe estar dando, diversas lecturas sobre si su intervención favoreció a alguno de los dos bandos. Ese sería otro cuento en el cual avanzar.

Pero las acciones de Drogba lograron detener la violencia directa y abrir una ventana de paz que permitió al país funcionar nuevamente, aunque la estructura política volvió a colapsar años más tarde por disputas electorales.

Drogba fue un actor político entre los líderes tradicionales. Al ser una figura con proyección global (en ese momento era estrella del Chelsea), tuvo una suerte de “autoridad” que le permitió influir en la opinión pública y en los líderes armados sin usar la fuerza.

Lo que sí ocurrió fue que, en un país fracturado por divisiones religiosas (norte musulmán – sur cristiano), étnicas y políticas, y mezclado con el colonialismo y la intervención extranjera, la selección nacional —los «Elefantes»— funcionó como el único espacio donde los sectores se sintieron interpelados. El fútbol generó una identidad que, por un momento, fue más allá de las diferencias que causaron la guerra.

Drogba no solo metió goles, sino que por un tiempo reconfiguró el espacio público marfileño, utilizando la pasión nacional por el fútbol para rehabilitar la unidad que la política había roto.

Después de 2011, Costa de Marfil entró en una etapa de “reconstrucción” política y consolidación del poder bajo la presidencia de Alassane Ouattara, a la que se sumó el partido político de las Fuerzas Nuevas. Entonces, el legado pacifista de Drogba enfrentó desafíos por la persistencia de las divisiones internas.

La era de Alassane Ouattara arrancó en 2011 y llega hasta el momento en que estás leyendo esto. Asumió el cargo y fue reelegido en 2015 con más del 80 % de los votos (raro); en 2020 y, recientemente, en 2025 para un cuarto mandato con casi el 90 % de los sufragios (más raro aún), tras una elección marcada, según los medios, por el boicot de la oposición.

En 2011 se creó la Comisión para el Diálogo, la Verdad y la Reconciliación, en la que Drogba participó representando a la diáspora marfileña para intentar sanar las heridas de la guerra civil. En lugar de seguir una carrera política como su colega George Weah en Liberia, Drogba lo intentó por el lado de las instituciones deportivas. En 2022 se postuló para la presidencia de la Federación Marfileña de Fútbol, pero “no le dio la nafta”, demostrando también que este tipo de liderazgos tienen sus límites y son, en gran medida, situacionales.

Entonces se fue por el lado de la Fundación. Para ser original, le puso «Didier Drogba», y desde allí promovió el derecho de los niños a la educación y la salud. Construyó un hospital en Abiyán para niños y mujeres, y escuelas para niños pobres en diferentes lugares del país. En 2021, la Organización Mundial de la Salud lo nombró Embajador de Buena Voluntad para el Deporte y la Salud. Participó en charlas motivacionales para jóvenes deportistas e iniciativas para alertar a futbolistas africanos y a sus familias sobre los peligros de los “agentes falsos” y la trata de personas en el deporte.

Antes de todo esto, Didier Yves Drogba Tébily había nacido en Costa de Marfil un 11 de marzo de 1978. De niño migró a Francia. Después de jugar en equipos juveniles, hizo su debut profesional a los 18 años en la Liga 2 de Francia, en el Le Mans. Después pasó por el Guingamp en la Ligue 1, donde anotó 17 goles. Fue entonces cuando lo llamaron por primera vez a la selección de Costa de Marfil.

Al año siguiente fue contratado por el Olympique de Marsella por 3,3 millones de euros y rápidamente se convirtió en el goleador del equipo con 19 tantos. También marcó seis en la Copa de la UEFA, ayudando al Olympique a alcanzar la final. Con esa historia a cuestas llegó al Chelsea en la temporada 2004-05 a cambio de 24 millones de euros, y se transformó en el futbolista marfileño más caro de la historia. Inmediatamente pasó a ser el delantero favorito de la hinchada. Encontró su lugar de éxito en el fútbol mundial. La rompió. Trabajó duro para que el Chelsea consiguiera su primer título de la Premier League y el bicampeonato en la temporada 2005-06.

En la Copa Mundial de Fútbol de 2006 marcó un solo gol, pero fue elegido como el futbolista del año en África. En la temporada 2006-07 terminó como máximo goleador de la Premier League con 20 tantos y fue campeón de la Football League Cup y de la FA Cup.

En 2009 se consagró otra vez campeón de la FA Cup anotando un gol en la final y fue nuevamente elegido futbolista del año en África. En 2010 obtuvo su tercer título de liga y fue goleador del torneo con 29 tantos. También ganó su tercera FA Cup ese año tras marcar el gol de la victoria en la final sobre el Portsmouth FC. Así se convirtió en el único jugador en hacer goles en seis finales de copa en Inglaterra. Ganó, además, la Liga de Campeones de la UEFA 2011-12.

Es el jugador africano con más goles en la historia del Chelsea y, en 2020, fue reconocido por la UEFA con el Premio Presidente de la UEFA. Un buen final para un tipo que “la rompió toda” y supo cómo intentar frenar una guerra en su país.

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