Wall Street, el mayor mandril
El gobierno no saldrá a los mercados internacionales porque sabe que el mercado aún no le cree a la gestión de la deuda ni al esquema cambiario.
- marzo 2, 2026
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Implícitamente, el gobierno reconoció dos aspectos que no están funcionando en el plan macroeconómico de mediano plazo: la baja de la inflación pronunciada y el acceso a los mercados de capitales internacionales.
En la última semana, el oficialismo mostró como un éxito financiero la toma de deuda a través de un bono en dólares llamado AO27, que tuvo una oferta superior a la cantidad de dinero que demandaba el gobierno. Asimismo, se adelantó que este mecanismo, es decir, tomar deuda de los depósitos privados de argentinos en el sistema bancario, iba a ser el instrumento principal para pagar la deuda externa que vence el próximo 9 de julio, confirmando así que los mercados de capitales no están abiertos, o por lo menos el gobierno descarta ese escenario de aquí a fin de año.
Esta maniobra tiene algunos puntos que es importante aclarar. Primero, es un bono de muy poco volumen; es decir, una deuda muy pequeña que toma el Gobierno y por eso puede acceder a una sobreoferta de compradores potenciales. Si bien es una medida que se utiliza para testear la expectativa del mercado, no deja de ser una salida hipermenor para un Estado nacional.
Por otro lado, respecto de la tasa de interés, aunque el Gobierno muestra una tasa cercana al 6%, si se evaluara el instrumento como un bono emitido fuera de Argentina —por cuestiones técnicas vinculadas a la diferencia en el canje, es decir, el spread entre el Dólar MEP y el Contado con Liquidación— la tasa equivalente rondaría el 9%, cifra que está muy en línea con el costo argentino actual.
Pero hay un punto aún más importante que habla de la fragilidad en la gestión de la deuda que tiene el gobierno. Este pago que proyecta de unos 4.500 millones de dólares que vencen en julio próximo – haciéndose o intercambiándose con deuda de este bono AO27- nos muestra es que hay un cambio de deuda con una duración mucho más corta, porque este bono vence en octubre de 2027 cuando la deuda promedio emitida por la Argentina con los distintos tipos de bonos (el AL30, AL35, AL38, AL41 y AL45) supera los 10 años de maduración o duration, como se conoce en el mercado financiero. Por lo tanto, estamos convirtiendo una deuda de largo plazo a una deuda de cortísimo plazo.
Esta estrategia no rolea finalmente, no renueva la deuda en los mismos términos y compromete aún más las obligaciones de pago de corto plazo que enfrentará el gobierno en 2027, configurando así un posicionamiento de Argentina frente a los mercados de capitales que impide bajar el riesgo país.
Este comportamiento del riesgo país también está soportado en la falta de capacidad que muestra la economía para generar los dólares genuinos necesarios para enfrentar los pagos de deuda de los próximos cinco años, donde se concentra el mayor esfuerzo financiero. En términos prácticos, el mercado aún no visualiza un modelo económico sustentable que genere, en el tiempo, divisas suficientes para pagar los compromisos o para garantizar la renovación de la deuda.
Este comportamiento del riesgo país también está soportado en la falta de capacidad que muestra la economía para generar los dólares genuinos necesarios para enfrentar los pagos de deuda de los próximos cinco años, donde se concentra el mayor esfuerzo financiero. Esto es lo que percibe el mercado internacional, potenciado por la desconfianza histórica de Argentina en la materia. En términos prácticos, el mercado aún no visualiza un modelo económico sustentable que genere, en el tiempo, divisas suficientes para pagar los compromisos o para garantizar la renovación de la deuda.
Específicamente, cuando hablamos de garantizar la renovación de la deuda, nos referimos a las reservas internacionales; algo de lo que el gobierno tomó nota —o el FMI advirtió— y comenzó a participar en el mercado comprando divisas para la acumulación de reservas. Sin embargo, el umbral al que debería aspirar Argentina para generar una baja consistente del riesgo país es un valor del cual todavía está muy lejos.
Como referencia, el promedio de las economías latinoamericanas mantiene entre un 10% y un 15% de reservas brutas respecto al PBI. Para el caso argentino, este nivel —que representa el umbral necesario para garantizar la capacidad de pago y resolver shocks internacionales— debería rondar los 100.000 millones de dólares; sin embargo, el país cuenta actualmente con aproximadamente 45.000 millones de dólares.
Pero la película no termina aquí. Las empresas argentinas también están tomando deuda en este momento, lo que incrementa el nivel de reservas del BCRA. Se trata de una colocación muy significativa en los últimos meses, que ronda los 10.000 millones de dólares. Estos fondos renuevan compromisos anteriores e incrementan la posición en algunos casos, lo cual impone un límite natural para seguir acumulando pasivos a esta velocidad y magnitud. Este incremento de reservas, del que también participaron los estados provinciales, si bien es muy positivo para las reservas brutas, es una situación particular de este 2026 que no es esperable para el 2027.
Como corolario, el Gobierno no logra bajar el riesgo país porque no puede renovar su deuda en los mercados internacionales. No puede porque todavía no tiene las suficientes reservas y le costará acumularlas porque visualiza, el mercado, una debilidad en el esquema cambiario.
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