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Las connotaciones inevitables de la visita de León XIV 

A poco más de un mes de la llegada del pontífice, la coordinación logística avanza aceitadamente entre funcionarios y obispos, pero los discursos de la iglesia marcan la cancha de lo que será un acontecimiento bisagra con consecuencias en el escenario político y social.

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La secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, mantuvo un encuentro en la Casa Rosada con el presidente de la Conferencia Episcopal Argentina y arzobispo de Mendoza, monseñor Marcelo Daniel Colombo.

Primero fue el presidente del episcopado, el arzobispo mendocino Marcelo Colombo, quien afirmó que “la visita del Papa es fundamentalmente pastoral, pero es inevitable que en nuestro país tenga connotaciones sociales y políticas”. Sobre esa base el canciller Pablo Quirno sostuvo que “no es una visita política y no vamos a convertirla en una visita política”.

A poco más de un mes de que León XIV llegue al país procedente de Montevideo, el costado “político” de la visita se acrecienta más y más. Es inevitable que así sea.

Porque, como bien lo señaló Fortunato Mallimaci en 4Palabras, la visita pontificia “como todo acontecimiento social (…) debe leerse en clave histórica, social, política, de género, cultural y por qué no, religiosa”.

Cuando comenzaron a conocerse los primeros indicios de que la anunciada gira papal podría concretarse, el gobierno a través de Quirno pero también de Javier Milei, no ocultó su satisfacción por el hecho. Consideraban que el acontecimiento podría favorecer sus propósitos de orden político pero además podría dejar atrás el episodio que marcó a fuego la relación con la institucionalidad católica: el exabrupto presidencial cuando Milei calificó al papa Francisco como “representante del maligno en la tierra”. Para el mileismo –que pretendió adjudicarse todo el mérito de la invitación al pontífice– era como encontrar una puerta hacia la superación de aquel error. 

Para entonces desde las filas del oficialismo seguían considerando que León XIV es “distinto” a Francisco. Construyeron esa visión a partir del tono más mesurado e institucional de las manifestaciones del pontífice norteamericano-peruano, pero sin profundizar en el contenido de sus mensajes. Pensaron incluso –equivocadamente como quedó claramente demostrado luego– que la visita papal podría sortear aquella tensión generada con los obispos. Algo que se fue desarmando a medida que las autoridades eclesiásticas comenzaron a pronunciarse de forma directa y específica sobre cuestiones que han sido blanco de críticas hacia el oficialismo: la pobreza creciente, la caída del empleo, la desatención a las personas con discapacidad, las políticas de salud, el desfinanciamiento de la educación, la corrupción. Sobre todos los temas la iglesia –en boca de distintos obispos pero también en documentos institucionales– hizo conocer sus críticas.

Confirmada la visita y ante la obligación de que el gobierno y la iglesia se sentaran en la misma mesa para coordinar acciones necesarias para garantizar la visita, aparecieron las dificultades propias de una relación casi inexistente. Milei había ignorado al episcopado desde que llegó a la presidencia y la relación nunca pasó de las formalidades institucionales. Nunca hubo un encuentro cara a cara entre las autoridades del Episcopado y el presidente y toda la relación se canalizaba vía la Secretaría de Culto y Civilización de la cancillería encabezada por Quirno. Para entonces nada ocurría más allá de diálogos informales y cartas institucionales.

Colombo y los suyos no resignaron las “connotaciones sociales y políticas”. Y lo hicieron desde la misma negociación de la agenda del pontífice en el país. Ante la pretensión de establecer criterios para determinar dónde iría el papa y en qué momento, Colombo aclaró que “cada lugar elegido representa una realidad simbólica profunda, donde el Santo Padre desea hacerse presente y regalarnos su palabra orientadora” y la Pastoral Social remató diciendo que la visita al Cottolengo Don Orione, donde viven personas con discapacidad, “no es una casualidad”.

Quirno incurrió además en el error de dejar trascender que la visita estaba confirmada, mucho antes de que el Vaticano hiciera el anuncio. Desde el episcopado a su vez, se hizo saber, que sin desconocer la invitación cursada por la presidencia, la visita del papa sería la respuesta a un pedido hecho directamente por los obispos.

Ante la posibilidad de nuevos roces Karina Milei decidió apartar a Quirno del centro de las negociaciones y hacerse cargo personalmente de la conducción de las negociaciones. El olfato político de la “hermanísima” le permitió comprender que había que facilitar las cosas y pensó, que con ello, lograría contener a los obispos, también en sus reclamos sociales.

Colombo y los suyos no resignaron las “connotaciones sociales y políticas”. Y lo hicieron desde la misma negociación de la agenda del pontífice en el país. Ante la pretensión de establecer criterios para determinar dónde iría el papa y en qué momento, Colombo aclaró que “cada lugar elegido representa una realidad simbólica profunda, donde el Santo Padre desea hacerse presente y regalarnos su palabra orientadora” y la Pastoral Social remató diciendo que la visita al Cottolengo Don Orione, donde viven personas con discapacidad, “no es una casualidad”.

Y cuando todo parecía encaminarse –porque se fueron solucionando las cuestiones prácticas y logísticas, incluso con la incorporación de funcionarios de CABA, Córdoba y Buenos Aires y así sea por la necesidad de llegar hasta la visita sin mayores contratiempos– el cardenal Ángel Rossi fue enfático al decir que el papa conoce la realidad argentina y el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva dijo, entre otras cosas, que “el papa se va a encontrar una Argentina cascoteada por la pobreza”. En Luján el mismo arzobispo advirtió que León XIV “se va a encontrar con una Argentina herida, una Argentina dividida por la famosa grieta. Una Argentina donde la descalificación y la intolerancia están a la orden del día”. No hubo señalamientos personales, pero a buen entendedor sobran las palabras.

El papa está al tanto de todo lo anterior y tampoco renunciará aquí –aunque no haga referencias específicas– a los ejes centrales de su magisterio basado en la doctrina social social de la iglesia, la justicia social y la opción por los pobres y descartados. Lo hizo así en todos sus viajes, incluido el último a Francia. 

La preparación de la visita del papa avanza formalmente sin dificultades en términos institucionales y logísticos. Todas las partes involucradas hacen lo que está a su alcance para llegar a buen término y todo indica que el gran evento social, político y religioso transcurrirá no solo sin inconvenientes sino con gran éxito y repercusión. Pero ya nadie duda que los discursos y manifestaciones de León XIV sobre cuestiones sociales van a hacer directa o indirecta referencia a los problemas que afectan al pueblo argentino. Y más allá de ello, como sostiene Colombo, también dejarán “tarea para el hogar”.

 

4Palabras

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